miércoles, 31 de octubre de 2007

31 de octubre. Voces y advertencias republicanas.

Vecinos de Humilladero, posando con la bandera tricolor

El municipio de Humilladero –un pueblecito malagueño de 3.000 habitantes– celebró el pasado 25 de septiembre un pleno, avalado por los seis votos de IU y los cuatro del PSOE, en el que se pedía que en España se iniciase el proceso constitucional para instaurar la “Tercera República Española”. Sólo la concejala del PP rechazó la iniciativa. El alcalde, Félix Doblas, aseguró que con este sistema se superarían "los límites que la economía capitalista impone al desarrollo de los derechos sociales". Inmediatamente, Manuel Chaves, secretario general del PSOE-A y presidente de la Junta de Andalucía, advertía a los concejales del Grupo Municipal Socialista que si no rectificaban su apoyo a la moción aprobada junto con IU "se les abriría expediente disciplinario". Pero los colores rojo, amarillo y morado de la bandera republicana brillaron desde esa fecha con más fuerza que nunca en esta localidad. Y, tras la aprobación de esta iniciativa, la comisión promotora de ayuntamientos por la tercera República pretende llevar la declaración a la sede del Parlamento de Andalucía. “Hay que derogar –apuntó Doblas– el inadmisible Concordato suscrito con el Vaticano hace tres décadas y liberar a la escuela pública del adoctrinamiento de la religión católica".

A mediados de octubre, Antonio Romero, diputado de IU y coordinador de la red de Municipios por la III República nacido en este pueblo, anunció que, tras la adhesión de muchos ayuntamientos, cargos públicos e intelectuales al manifiesto, era el momento de "instalar mesas en las calles de nuestros pueblos y ciudades para solicitar la firma de los ciudadanos en favor de un cambio en el modelo de Estado". El ex dirigente de IU, Julio Anguita, la ex directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás, y el escritor Luis García Montero, fueron entre los primeros que lo suscribieron.

En rueda de prensa, para presentar las primeras 50 adhesiones al manifiesto, Romero lamentó que los españoles no hayan tenido la oportunidad de "pronunciarse" sobre este modelo de Estado, y hayan tenido que conformarse con "un Rey impuesto por Franco". Y advirtió a José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, que, si tan seguro está de que la Monarquía se ha consolidado en España, se "atreva a convocar un referéndum sobre su continuidad o no". Romero se mostró convencido de que "vamos por el camino correcto, y estamos trabajando por un proyecto que nos permitirá dentro de tres o cuatro años poder meter en la agenda el debate sobre el modelo de Estado, en favor de una República como alternativa a la Monarquía".

Casi cuatro meses antes, la Unidad Cívica por la República, presentaba en Valencia el libro “Encuentros Republicanos”, en cuyo texto participaron, junto a personas de otras afiliaciones e independencias, varios miembros de UCR, como Julio Anguita, Miquel Jordà, López Salinas, Díaz Cardiel, Víctor Casco o José Luis Pitarch. En esta ocasión, Anguita predecía que “la Tercera República será hija de lo que hoy iniciemos y de lo que hoy comencemos a construir… un proyecto instalado en la mente de la ciudadanía. Puede contemplarse una adaptación del Pacto de San Sebastián a la situación presente… reedición corregida en sus aspectos elitistas”.

En “El Rey de los Cruzados”, libro subtítulado “Juan Carlos I y la monarquía prodigiosa”, publicado por la editorial Flor del Viento, su autor, Rafael Borrás Betriu, aboga por la "razón" de la república frente al "azar anacrónico" de la monarquía y se pregunta cómo Juan Carlos I llegó a ser proclamado rey. El editor asegura que la aventura para llegar al reinado de Juan Carlos I es una "partida de tahúres en la que todos mienten", tanto Franco, como Don Juan y Juan Carlos I. Borràs recuerda que Juan Carlos I "se saltó a su padre y fue elegido por las Cortes del Movimiento".

Según Andreu Mayayo, profesor de Historia Contemporánea, el ensayo de Borràs se centra en lo que denominó "la monarquía del 18 de julio o el pecado original" de Juan Carlos I, que es que sus orígenes como rey "no sean democráticos y no sea leal a la dinastía Borbón", saltándose los derechos dinásticos de su padre. El historiador dice que Juan Carlos aceptó esa 'monarquía del 18 de julio' "en contra de su padre" y que nunca ha rechazado a Franco. Borràs recuerda que el Rey "no juró" la Constitución actual, "tan sólo la sanciona", y pide la "dimisión" del monarca "porque la abdicación no me sirve".

Rafael Borràs recuerda que, cuando Pedro Sainz Rodríguez conspiraba (lo narra Luis María Anson en “Don Juan”) junto al ex Rey Alfonso XIII –quien moraba en Italia, al amparo de Mussolini– para derribar la II República mediante golpe de Sanjurjo (generalito refugiado en otro país fascista, Portugal), éste tuvo la idea de “convocar un plebiscito nacional auténtico e imparcial para que el pueblo eligiese entre Monarquía o República”. Algo que hoy, en 2.007, seguimos esperando. Juan Ignacio Luca de Tena relata en “Mis amigos muertos” que, por agosto del 36, Emilio Mola, el “director” de la rebelión de julio, comisionó a Italia a Pedro Sainz y a Luca de Tena para pedir al “Duce” aviación, con el recado de que, si antes de ocho días no le llegaban aviones fascistas, estaba perdido. Gracias a gestiones directas de Alfonso XIII con Mussolini, éste los envió directos a Burgos en pocas horas.

José Luis Pitach, comandante de caballería en la reserva, licenciado en derecho y en Ciencias de la Información y ex Vicepresidente del CAUM (Club de Amigos de la UNESCO de Madrid), igualmente a favor de la República, declara: “La gente dice que no se fía de la política ni de los políticos. Los partidos resbalan hacia la oligarquía (y el sectarismo). Los medios de información sirven a quien sirven. Los “tertulianos”, generalmente, otro tanto. Y la plutocracia brutal de los ricos significa lo contrario de la democracia, pues las grandes decisiones que determinan nuestras vidas son tomadas antidemocráticamente y en conciliábulo por esas instancias económico-financieras, y, a nosotros nos dejan como democracia una serie de procedimientos formales que van perdiendo contenido real. Ni siquiera podemos reformar, aquí, la Constitución. El individualismo-egoísmo crece y crece. La corrupción, otro tanto y se esfuma la moral pública. Lo contrario del ideal republicano. Tenemos una democracia, un Estado, manteniendo los trágalas y embudos que impusieron los franquistas hace tres décadas. Ni reconocimiento a los últimos soldados de la II República, los guerrilleros-maquis, ni tampoco a la Unión Militar Democrática”.

Julio Anguita advierte en una entrevista a Europa Press que España se encuentra en un "momento de oro" para empezar a trabajar en favor de la III República. “Empieza a existir una crispación y hay movimientos que empiezan a surgir en favor de un movimiento republicano”, por lo que no duda en considerar "raro que Felipe VI reine". El ex dirigente de IU recuerda que, pese a haber tenido diferentes enfrentamientos con el rey, la quema de fotos de la familia real es una "anécdota", ya que, en su opinión, "hay mucho de desviaciones de otros problemas en esas actuaciones". No obstante, deja claro que prefiere "una construcción serena y sólida de la III República, porque el propio PSOE plantea que la República es una cuestión cívica". En este contexto, advierte que el aparato de la Transición se está "tambaleando", más por descomposición de la Transición que por el proyecto de la III República. Anguita asegura que no le gusta que "estemos todo el día 'engolfados' en la II República, pues ya pasó, aunque “hay artículos constitucionales, ejes culturales, que los asumo como herencia, pero, para hacer la III República, que es la que a mí me importa, tenemos que construir".

martes, 30 de octubre de 2007

30 de octubre. La iglesia antifranquista.


Intentando refrescar un poco la memoria colectiva, un tanto desvencijaga por actos como los llevados a cabo por la jerarquia española en la pintoresca “beatificación de 498 mártires” del domingo pasado en el Vaticano, he repasado ciertos hechos y citas que ya recojo en mi libro, inédito, “España vista por sus exiliados”, y que demuestran que no todo el clero español es de derechas. Hay y hubo también un clero decididamente antifranquista, sobre todo en el País Vasco.

Al estallar la guerra, Alberto de Onaindía Zuloaga, amigo personal de José Antonio Aguirre, presidente del Gobierno vasco, asume, por encargo de éste, el canje de prisioneros y participa en diversas conversaciones de paz. De Onaindía ha nacido en Marquina (Vizcaya), en 1904, ha estudiado en Vitoria y, en Roma, ha proseguido estudios de Filosofía y Teología, doctorándose en ambas disciplinas, hasta que vuelve a Euskadi, en donde permanece tres años en el seminario de Saturrarán, como profesor. Onaindía se exilia de España y, durante cuarenta años, trabajará como traductor en la Unesco (París), se interesará por los círculos políticos y culturales y escribirá más de tres mil artículos para la prensa, además de emitir charlas en la BBC de Londres (con el seudónimo de “James Masterton”) y en Radio París (con el de “Padre Olaso”). Debido a su amistad con el presidente del Gobierno Vasco en el exilio, el Vaticano le abre dos expedientes en los que se le acusa de connivencia con los comunistas.

“Quizás la mayoría del clero en Vizcaya y Guipúscoa, –declara en “La guerra en Euskadi”, libro de Luis María y Juan Calos Jiménez de Aberastuiri, publicado por Editorial Plaza y Janés–, se manifestó antifranquista. Y, de esta manera, pagó esa actitud de valor, de valentía, que no tuvieron otros clerigos de otras partes. Por ejemplo, en el resto de España, estaba con Franco, aparte rarísimas excepciones. El clero catalán calló, excepto uno o dos casos. En cambio, el vasco tuvo una actitud franca, clara, a favor del pueblo, que se declaró antifranquista o se enfrentó al levantamiento militar. No fue el clero quien decidió la actitud vasca, fue el pueblo a través de sus organizaciones políticas y, posteriormente, el clero dio apoyo a esa postura, porque, moralmente, pensábamos que la actitud adoptada por el pueblo contra un levantamiento militar era correcta y justa”.

El documento “La carta colectiva del episcopado español”, del 1º de julio de 1937, condena toda la actitud republicana. Y la iglesia vasca fue perseguida, según afirma Onaindía, hasta el punto de que doce sacerdotes seculares y dos religiosos fueran fusilados por los franquistas y, curiosamente, no están incluido en la lista de los 498 beatos promocionada actualmente por la jerarquía española. “En las cárceles hubo más de 200 (entre unos y otros). Y es conocidísima la fotografía de unos 60 sacerdotes y religiosos con Julián Besteiro (Presidente del Parlamento y profesor de filosofía de la Universidad de Madrid) en la cárcel de Carmona, en Sevilla. Pero, en todas partes hubo sacerdotes en las cárceles. En el exilio, yo creo que seríamos unos 65 ó 70, poco más o menos”. Y Víctor Manuel Arbeloa, historiador y ex presidente del Parlamento Foral de Navarra, en su libro: “Iglesia, y República: diálogo imposible”, publicado en Historia, en abril de 1981, dice textualmente: “La guerra civil en la que la iglesia católica jugó decisivamente, con pocas excepciones, al bando vencedor, culminó el desastre. Casi 7.000 personas, entre obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, son asesinadas en el campo republicano; catorce sacerdotes y religiosos vascos, son fusilados en terreno franquista. Miles y miles de laicos fueron también asesinados; unos, por ateos; otros, por católicos, clericales, anticlericales, izquierdistas o derechistas”.

En “Hombre de paz en la guerra”, De Onaindía escribe el primer volumen de sus memorias, en las que expone claramente la situación de los sacerdotes vascos en la guerra, así como su misión en el Vaticano y su misión de hombre de paz: “Llevé a cabo una obra de paz en la guerra. Salvé a gente de las cárceles, gestioné el traslado al extranjero de numerosas personas pertenecientes ideológicamente al bando enemigo, intervine en numerosas propuestas de paz, participé en negociaciones de canje y puse en comunicación a encarcelados con sus familiares residentes en la zona adversa. Informé a múltiples círculos de opinión pública, a embajadas y a la Santa Sede”.

Una vez constituido el Gobierno vasco, el presidente, José Antonio Aguirre, le da la misión oficial de ir al Vaticano para plantear el aspecto moral de su acción en la guerra. Allí, al hallarse el Secretario de Estado, cardenal Pacelli –más tarde Pío XII– de viaje a América, le recibe su sustituto, el subsecretario Guiseppe Pizzardo, que llegó a ser cardenal. “Recibimos –cuenta De Onaindia– la contestación satisfactoria, que no se publicó. Estas cosas no eran para decirlas al pueblo, sino para tranquilizar la conciencia de José Antonio Aguirre. A partir de esto, el pueblo se convenció de que la causa era justa, porque el clero nos lanzamos por ese camino”. Sólo el obispo de Vitoria, Mateo Múgica, muestra su postura profranquista. Pero más tarde, en el año 1945, publica un documento –“Imperativos de mi conciencia”– en el que rectificaba su anterior posición, aduciendo que, en aquel entonces, le faltaba información. “Es el único caso en toda la guerra española. Pero, después de esta exposición, Mateo Múgica fue expulsado de su diócesis por el gobierno de Franco, junto con el obispo de Pamplona”.

De Onaindía reconoce que la propaganda mantenida por el clero vasco y por la Iglesia hizo mucho daño al franquismo. “Hubo intentos de que a los sacerdotes que estaban en la cárcel y a los que estábamos en el exilio se nos quitaran las licencias eclesiásticas, lo cual es un verdadero manchón para un sacerdote. Y esa gestión ante el Vaticano la hizo don José María Areilza. Pero el Vaticano no sólo no accedió, sino que Pío XI, que era un gran Papa, dio órdenes a los nuncios donde vivían los vascos para que comunicaran a los sacerdotes vascos que seguían disfrutando de sus licencias eclesiásticas, lo mismo que el día que habían salido de su propio país. Y José Antonio, nuestro lendakari y gran amigo, decía: ‘Nuestro gran éxito con la Iglesia ha sido que el Vaticano nunca nos condenó”. Pero el Vaticano cambia también sus posturas y es capaz, hoy en día, de recibir a 30.000 españoles con banderas inconstitucionales, guiados por unos obispos que siempre se negaron a pedir pedón por la actitud de gran parte de sus predecesores franquistas y que apoyaron la “cruzada” nacional.

lunes, 29 de octubre de 2007

29 de octubre. Argentina, sin "Pecera" y con nueva Presidenta.

Cristina Fernández, recién elegida Presidenta, junto a su marido, Néstor Kirchner, quien traspasará el poder a su consorte.

Las elecciones del nuevo/a presidente/a y las de nuevos diputados y senadores nacionales celebradas el domingo, 28 de octubre, en la Argentina dieron el resultado deseado por Néstor Kirchner y por su esposa, Cristina Fernandez. Las precedentes se realizaban en abril de 2003, cuando el país aún intentaba emerger de la crisis económica de finales del 2001. El 20 de diciembre de ese año, una multitud exigió la renuncia del Gobierno argentino frente al caos económico vivido y, en la plaza de Mayo, se registraban cinco muertes tras dos sangrientas jornadas. Todo comenzó cuando Fernando De la Rúa, el entonces presidente, decretó el estado de sitio, al agolparse miles de personas en las puertas de los bancos, exigiendo que se les devolvieran sus ahorros, paralizados con el “corralito”, con lo que el Estado se apropiaba de los depósitos de la gente. La medida fue bautizada por el “Washington Post” como "el mayor atraco bancario de la historia". Ese mismo día, en un helicóptero que aterrizaba en la azotea de la Casa Rosada, el presidente De la Rúa, abandonaba su sede. Y, seis años más tarde, el pasado 23 de octubre, el juez federal, Claudio Bonadío, ordenaba su procesamiento por cinco homicidios con dolo y otros 150 casos de lesiones.

En las elecciones de abril del 2003, las fórmulas más votadas fueron las de Carlos Menem y la del posterior presidente, Néstor Kirchner, que obtuvieron 24,45 % y 22,24 %, respectivamente. Pero, días antes de realizarse la segunda vuelta, el ex presidente Menem decidió no participar del balotaje, porque las encuestas pronosticaban una derrota abrumadora. Por ello, Kirchner quedó automáticamente elegido, convirtiéndose en el presidente argentino electo con menos porcentaje de votos.

Hoy, cuatro años más tarde, con una crisis superada y con un auge económico a su favor, Cristina Fernández, la mujer del ex presidente Kirchner, acaba de ganar las elecciones, si se confirman todos los datos recibidos. También en 1974, María Estela Martínez de Perón llegó a la presidencia al fallecer su marido, pero Cristina es la primera mujer elegida presidenta por voluntad popular y la primera vez que un presidente en actividad traspasa el poder a su consorte, lo que alarma en una república con democracia representativa frente a una posible dinastía.

Dotada de una ingeniería de poder, obsesionada por su propia imgen y con un equipo desconocido hasta el momento, la nueva presidenta evita cualquier semejanza con Evita Perón y es, según el ex presidente Alfonsín, una mujer iracunda. Personifica un nuevo peronismo y recibe el apoyo de las Madres de Mayo con quienes ha manifestado su apoyo y simpatía. “Cuando tenía 18 años no podía votar –dijo la primera dama, recordando la dictadura militar–. Formé parte de una generación en la que nadie podía decir nada”. Más de una vez ha manifestado su oposición a las dictaduras que trajeron lugares tan emblemáticos como la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada) y “La Pecera”. Hace un mes que la Marina argentina entregó simbólicamente al Gobierno Nacional las llaves de ese predio. El lugar se ha convertido en el Instituto Espacio para la Memoria, un museo donde participarán representantes de los organismos de derechos humanos, encargados de la recuperación de los centros clandestinos de la ciudad de Buenos Aires.

El nombre de la ESMA ha terminado por desaparecer, pero no los recuerdos macabros en donde se practicó la dictadura. Se trata del lugar en donde funcionara uno de los centros clandestinos de detención más emblemáticos, el campo de concetración más duro y brutal de la Marina argentina, dirigido por la Junta Militar. En tres años desaparecen en la ESMA casi cinco mil detenidos y unos ochenta colaboracionistas son perdonados por almirante Emilio Eduardo Massera, miembro de la Junta Militar, quien piensa que es bueno dejar a un núcleo de sobrevivientes.

Este reducido grupo de detenidos, la mayoría de ellos, torturados, pasan a trabajar para el Almirante Cero en unas oficinas kafkianas conocidas por “La Pecera”, traicionando a sus compañeros a cambio de salvar la vida. Massera prefiere dejar vivir a esta élite de montoneros marcados por él, que eligen otro país para continuar operando para el Jefe. Es el precio por salvarles la vida. De los 420 campos de concentración existentes en toda la Argentina, sólo en el de La Marina se habrían asesinado a más personas que las eliminadas por toda la dictadura de Pinochet. Pero Massera se dedica a formar cuadros militares en las academias argentinas, como Pinochet lo hace en las chilenas y, con la formación que reciben de la CÍA, selecciona a un grupo de montoneros que sirvan para sus objetivos.

El ideólogo del golpe militar se da cuenta de que los cuadros teóricos de la izquierda son mucho mejores que los de la derecha. Entonces decide pactar con parte de la cúpula de los montoneros y los deja vivos a cambio de un trabajo en la ESMA. Éstos no sólo entregan a sus compañeros sino que montan en los coches con los militares argentinos para señalarlos y permitir su detención. Es el precio exigido por Massera a cambio del perdón por sus vidas. Recién terminada la dictadura argentina, una cincuentena de ellos, algunos con el carnet de periodistas, son mandados a España y a Europa.

Una vez acabada la dictadura argentina, muchos agentes de Inteligencia, así como colectivos chilenos, argentinos y sudamericanos de extrema derecha, se filtran en toda Europa, especialmente en España y en Francia. Adolfo Scilingo, oficial de Marina durante la dictadura militar, es uno de los primeros militares del Proceso que admite públicamente el terrorismo de estado. Llega a España y confiesa, ante el juez Baltazar Garzón, haber participado en dos vuelos de la muerte mediante los cuales se arrojaba al mar a muchos de los prisioneros con la intención de hacerlos desaparecer. Su testimonio contribuye a implicar a los altos jefes de la Armada. Scilingo explica el funcionamiento de la ESMA. Describe minuciosamente los vuelos de la muerte con los prisioneros narcotizados a bordo, a los cuales se desnudaba y arrojaba vivos al mar. En abril del 2005, es enjuiciado y condenado a la pena de 640 años de prisión, tras haberse probado su responsabilidad en la muerte de treinta personas y una detención ilegal seguida de torturas. Condena que es elevada, en julio pasado, a 1.084 años por el Tribunal Supremo español, al comprobar su complicidad en otras 255 detenciones ilegales.

Recién finalizada la dictadura argentina, algunos ex montoneros perdonados por Massera teminaron trabajando con el Ministerio del Interior español. Se legitiman como refugiados y, en el juicio de la Junta Militar argentina, sólo algunos de la “Pecera” declaran en contra de Jorge Acosta, el segundo de la ESMA, apodado El Tigre, y contra Massera. Los militares que les perdonaron la vida no entienden cómo éstos hacen el doble juego, declarando contra ellos. Y aseguran que se trata de agentes dobles , asesinos que han matado a cientos de compañeros. Al final, con las leyes de Punto Final y de la Obediencia Debida y con los indultos, se cancela toda posibilidad de investigar qué fue lo que ocurrió con las víctimas. “Yo veo muy negras las consecuencias futuras de esta decadencia de la Justicia –resume Julio César Strassera, ex juez y ex fiscal a cargo del juicio contra las juntas militares que gobernaron Argentina entre 1976 y 1982–. Creo que se ha dañado al Poder Judicial por cincuenta años como mínimo. Lo estamos viendo todos los días: jueces que ignoran el derecho, jueces que quieren controlar abogados para que les hagan las sentencias, fiscales que no son abogados... Frente a tanta incompetencia, yo no soy partidario de la solución de 1949, poner a todos los jueces en comisión. Esto es muy peligroso. Y tendremos que aguantarlos hasta que se jubilen”.

La “guerra sucia” del terrorismo de Estado dejó en Argentina un saldo 'negro' de 30.000 desaparecidos. El dato positivo es que se ha celebrado la sexta elección presidencial desde que, en 1983, se recuperara la democracia. Aunque el paro siga siendo alto, la pobreza alcance el 30 por ciento de la población, la inflación esté en un 20 por ciento, y el aumento del narcotráfico y de otros problemas, como la adicción en general y el “Paco” en particular, sean considerados como males más terribles aún que la misma dictadura.