viernes, 19 de agosto de 2011

Inclinados ante el Papa.


El Papa de los confetti lanzados por sus seguidores durante el paso del Papamóvil. EFE

El Rey, Juna Carlos, inclinado ante Ratzinguer.


El presidente Rodríguez Zapatero, saludando al Papa.


La presidenta Esperanza Aguirre se quedó muda ante el Papa.

Mariano Rajoy, profundamente inclinado.



Un grupo de chicas, emocionadas ante el paso fugaz del Papamóvil.



Desde el Rey al último de los altos representantes políticos, todos se inclinan ante el Papa. Esta es la respuesta de nuestras autoridades ante el despliegue papal, pagado por banqueros, el Estado y personalidades ocultas. Todas ellas se repliegan ante su figura de una manera humillante y vergonzosa. Algunos de ellos “confunden sus creencias personales –según expresa Luis Alfonso Gámez en un artículo– con su faceta pública” y, como representantes de unos partidos, ninguno de ellos se atreve a criticar a Benedicto XVI ni por sus actos, sus gestos o sus palabras pronunciadas porque, para ellos, es la palabra de Dios. Y Esperanza Aguirre confiesa que se quedó muda ante él. Pero la sumisión pública a dicha autoridad religiosa “es una ofensa para muchos españoles y el poder civil nunca debe someterse a un líder religioso en una democracia porque, quien lo hace, como Rajoy y Bono, está automáticamente convirtiendo su credo en una suerte de religión oficial”.

Vean, comparen estas fotos y deduzcan quien es el personaje que más inclina su cerviz ante el Papa del Vaticano. Sin duda, antes del final de esta visita, pronunciará palabras muy fuertes contra todo el que frene o paralice sus consignas y doctrinas. Y Benedicto XVI, quien viaja casi siempre gratis y dispone de un papamóvil sobre el que llueven los confetti lanzados por sus seguidores, se quedará tan ancho. En un ambiente festivo, con cánticos e himnos y acompañado esta vez de 13 motos y 12 coches que le preceden y seguido de 29 coches de Policía, hará su entrada en Madrid de la manera más ostentosa. “Se nota, se siente, el papa está presente”, gritarán sus fans a su paso. Y hasta alguno de ellos llegará a decir: “Me siento mejor persona, en armonía. Mi corazón está contento”. Otros se conformarán con haberlo captado por su máquina fotográfica o incluso sin ella. Como esa señora de 86 años cuyo nombre, María Jesús, no desentona con su entusiasmo: “Pensé que moriría sin ver este momento. Ya puedo morir en paz”.

Ante tanto boato y complacencia, debo recordar que la historia demuestra que las cuestiones de fe han sido siempre fuente de graves conflictos.

jueves, 18 de agosto de 2011

Manifestación laica contra los boatos del Papa.


El Papamóvil, estrella de la marcha. Foto de Mónica Patxot


La Policía montó un cordón policial en Sol para evitar enfrentamientos.


Las primeras cargas en la Puerta del Sol


Miles de personas –25.000, según los propios manifestantes, 5.000 según la Policía– salieron ayer a la calle desde las plazas de Tirso de Molina y Jacinto Benavente en una manifestación convocada por laicos contra el gasto público en la visita del Papa en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). La cabecera de la protesta, que transcurrió bajo un ambiente festivo, portaba una pancarta con el lema “De mis impuestos al Papa, cero, y, Estado laico ya”. Los lemas y consignas más coreadas fueron: “Menos crucifijos y más trabajo fijo” junto a otros como: “No con mis impuestos”, “Menos curas y más cultura”. En las pancartas, se podían leer proclamas como “Esta no es la juventud del papa”, “Menos viajecitos y mas papeo para los negritos”, “Dios, sí; Iglesia, no” o “Separación Iglesia-Estado”. Además, un gran cartel mostraba una especie de combate de boxeo por el alma de la juventud entre el papa y Stéphane Hessel, autor de “Indignaos”, un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica.

Después de un inicio tranquilo, los manifestantes se encontraron en la Puerta del Sol con los peregrinos de la JMJ que abarrotan la capital, lo que dio pie a enfrentamientos verbales y a intercambios de gritos a uno y otro lado. Las fuerzas de seguridad, protegidas en algunos casos con cascos antidisturbios, tuvieron que separar a miembros de ambas partes para poder permitir el avance de la marcha, lo que dio pie a empujones y momentos de tensión. Los “peregrinos” se enfrentaron a los manifestantes de la marcha laicista, quedando la columna de la manifestación partida en dos. Los primeros, se toparon con una sentada de jóvenes católicos que defendían la JMJ y no dejaban de gritar: “Esta plaza es del Papa”, “Viva el Papa” y “Benedicto, Benedicto”… Mientras que los segundos les contestaban: “Iros a misa” y “El Papa es un nazi” al tiempo que exhibían condones frente a los crucifijos religiosos. Los gritos de unos y de otros chocaron frontalmente. La Policía Nacional optó por montar un cordón policial para separar a ambos grupos y evitar enfrentamientos. Y desalojó a jóvenes que defendían la JMJ para permitir que la marcha siguiera su curso. De este modo, con todo el ancho de la Puerta de Sol a su disposición, los manifestantes pudieron circular.

Según Francisco Delgado, presidente de Europa Laica, la marcha perseguía “decirle al mundo que en España no sólo hay población católica sino de otras confesiones” porque, a su juicio, pueden pensar que toda la ciudadanía respalda la visita de Ratzinger. No se trataba de una protesta contra Benedicto XVI, sino de una reivindicación del Estado aconfesional, de una reforma de la Constitución que elimine las referencias a la Iglesia y de la libertad de cualquiera para manifestarse.

Al margen de esta manifestación laica, tres opiniones de políticos del PSOE y del PP parecen ponerse de acuerdo en el valor económico de esta visita papal. José Blanco, vicesecretario general del PSOE, dice que la manifestación laica convocada en Madrid, en contra del coste que supondría la visita del papa, no estaba justificada ya que, en su opinión, los beneficios inducidos por el acontecimiento serían mayores que los gastos ocasionados en las arcas públicas. El ministro de Fomento ha pedido que se respeten las ideas y a quienes ven al papa como un referente, igual que hay que respetar a aquellos que critican sus postulados y se manifiestan. En la misma línea se expresaba el presidente del Congreso, José Bono (PSOE), quien se refiere a Benedicto XVI como “uno de los líderes morales más importantes del planeta” y considera su visita “muy satisfactoria”. La visita del papa a Madrid es, para el presidente del Congreso, “una bendición, en términos laicos”. Bono insiste en que, para cualquier país del mundo, es una alegría recibir a un millón de jóvenes, siendo la JMJ una buena ocasión para proyectar a España en el exterior. No obstante, manifiesta su respeto por la marcha laica convocada para protestar por la participación del Gobierno en la visita del papa.

Por su parte, Ana Botella, concejala del PP en el Ayuntamiento madrileño, se refiere al papa como “líder” en este caso, “espiritual” y arremete contra la marcha laica, asegurando que “son ganas de provocación”. La teniente de alcalde y delegada de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, afirma que la manifestación laica “son ganas de provocación. Nunca se debe convocar nada anti a algo que ya está organizado”. Y pregunta qué hubiese pasado si la Delegación del Gobierno hubiese autorizado una manifestación “antigay” durante el Orgullo Gay. Botella subraya que este evento “va a dejar mucho dinero”. La delegada señala que la mayoría de los madrileños, con independencia de sus creencias, “están esperando un evento con proyección internacional”. Además, dice que “el Papa no solamente es un líder espiritual, sino que también es un jefe de Estado que arrastra a un gran número de personas”. Y subraya que este evento “va a dejar mucho dinero en la ciudad de Madrid y ha creado empleo temporal”.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Mientras los sueldos bajan, el billete de Metro sube o baja.


El billete de metro sube y baja, según para quién. Y esa medida, que fluctúa según sea para los “indignados” o para los “peregrinos” de la JMJ que pretenden acompañar y apoyar al Papa, ha abierto una polémica que derivó ayer en una protesta frente al Consorcio General de Transportes de la Comunidad de Madrid. El Movimiento 15-M exigió sus reivindicaciones en un ambiente religioso que gratifica a los “peregrinos”. La reacción de los “indignados” esta vez no tiene que ver con la especulación financiera o el sistema electoral sino con la subida del billete sencillo de metro. Recientemente, el Gobierno de Esperanza Aguirre aumentó una subida del 50 % en el billete para un solo viaje. Y, días más tarde, el mismo gobierno lo bajó un 80 por ciento, pero no para los parados que no dejan de protestar, sino para los asistentes a las Jornadas Mundiales de la Juventud. Por ese motivo, los “indignados” se manifestaron ayer, martes, ante el Consorcio Regional de Transportes de Madrid.

En un comunicado, el grupo de de trabajo de Acción de la Asamblea de Desempleados y Desempleadas de Acampada Sol exigía que el transporte fuera gratuito para los trabajadores “desempleados y precarios”. “A la ya de por sí difícil situación económica que sufren –dice la nota distribuida– , ven cómo se reducen sus posibilidades al carecer de recursos suficientes para pagar un transporte público que les permita desplazarse hasta los centros de trabajo, a depositar su currículum vitae o a hacer una entrevista”. La propuesta de los “indignados” contra la subida repentina del billete sencillo llegó en plena polémica por los descuentos del 80 por ciento en los transportes públicos que el Gobierno de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital han aplicado a los asistentes a las Jornadas Mundiales de la Juventud.

El incremento en el precio sitúa al transporte público de la capital como “el más caro de toda España”, según denuncian las asociaciones de consumidores. Los billetes de algunos de los autobuses interurbanos también se incrementarán en 10 céntimos. Todo ello no fue óbice para que la Consejería de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid explicara que la medida “sólo” afecta a los viajeros esporádicos, que representan a un 8% del total de usuarios de transporte público, “beneficiando al comprador habitual, ya que los precios del billete de diez viajes y de los abonos mensuales no varían”.

Los “indignados” cuestionan que los jóvenes inscritos para participar en la JMJ reciban un abono de transporte con una rebaja del 80 por ciento sobre el precio normal de los billetes, coincidiendo con la reciente decisión de subir el billete normal un 50 por ciento. Consideran “una injusticia que a la clase trabajadora y a los parados les suban el billete y a los jóvenes católicos se lo subvencionen”. Ante esta discriminación “religiosa y social", llamaron a la insumisión y convocaron a una protesta.