sábado, 23 de septiembre de 2017

Juristas, jueces y fiscales catalanes ante el referéndum

Más de 600 juristas catalanes en favor del referéndum

En un manifiesto que defiende la celebración del referéndum legal, la asociación “Juristes pel Referèndum” presentó su  “acto de compromiso con la ciudadanía y con los ciudadanos”. Joan Ignasi Elena, abogado y portavoz del Pacto Nacional para el Referèndum, destaca que el acto y el manifiesto demuestran que “el rigor, el derecho y el sentido común, son inseparables”.  “Se ha conseguido una importante transversalidad política, social, cívica y vecinal, por lo que dice y, sobre todo, por quien lo dice –destaca Elena Mercè Barceló, catedrática de  Derecho Constitucional de la UAB–. Y estamos en condiciones de afirmar y tomar el compromiso de razonar donde haga falta que la celebración de un referéndum del futuro político no sólo es legítimo sino también legal”.

Más de 600 juristas de diversas especialidades firmaron el documento de soporte a la celebración del referéndum que cuatro letrados  –Gemma Calvet, Joan Josep Queralt, Jaume Asens i Miquel Sàmper– desarrollaron a lo largo del debate. Al acto de presentación asistieron diputados como Albano Dante-Fachin, Germà Bel, Jordi Turull, Marc Sanglas i Lluís Llach. El manifiesto declara que “la democracia española, de acuerdo con su configuración constitucional y no constitucional, no condena ideologías contrarias a ella, no excluye de la legalidad sujetos o grupos que tengan una idea del derecho diferente a la Constitución”. Y afirma que, “justamente porque es un estado democrático, están previstos sus procedimientos para que las propuestas se puedan llevar adelante”. En este sentido, según Gemma Calvet, “todo lo que no está prohibido es legal” y “la ilegalidad es el impedimento del ejercicio del derecho a decidir”, tal como defendió en el debate presentado por José Antich.

En la misma línea, se pronunció Jaume Asens, el abogado y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona: “Una vez roto el pacto constitucional y agotado el modelo autonómico, se puede hacer el referéndum que permitiría iniciar el proceso constituyente”. Y sentenció  que “la Constitución no es un dogma de fe inamovible”.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Cursos acelerados de catecismo de Lampedusa.


“Hasta aquí hemos llegado –escribe Patxi Ibarrondo en LQSomos–. No se sabe cómo, o sí se sabe y no se impide, pero el ridículo esperpéntico lo invade todo en la política nacional. Nos vemos sometidos al albur de unos mediocres que gobiernan, y no tienen otro talento político que perseguir urnas de metacrilato… ¡¡para que no se pueda votar democráticamente un referéndum!! ¿Dictadura gulag? ¿Merienda de negros? ¿Arabia Saudí? ¡No! hablamos de la España neodemocrática, donde el Franco dictador del miedo cabalga como Cid Campeador, después de muerto. Los intereses creados de los que ganaron la guerra civil se aferran como lapas a la roca del inmovilismo. Por el momento y para mantener el chiringuito, están aprendiendo cursos acelerados del catecismo de Lampedusa. Pero aún están en la mitad del primer tomo. Que nada cambie para que todo siga igual… o peor…

“Lo que importa es que el paleontológico IBEX siga excretando beneficios sin arriesgar gran cosa: ser empresarios de los poderes fácticos que toman café y hacen caja fuerte en los paraísos fiscales. Todavía vamos por los primeros capítulos lampedusianos; de momento, está en el pupitre declinando el latín de ‘ladran, luego cabalgamos’ (los corruptos). Aunque sea por la fuerza bruta de los resortes del poder y la presión, vamos tirando. Y, puesto que llegamos tarde al convite, tenemos que recuperar el tiempo perdido en disquisiciones bipartidistas y demás morralla ideológica. Al final, lo que vale es el resultado en cash. ¿Vencer o convencer? Eso no importa, la cosa es estar y ejercer. El absurdo es cosa común y corriente por aquí, como los ciruelos o los percebes… como por ejemplo, es normal prohibir un referéndum en nombre del Estado de derecho. Los que ganaron España como botín de guerra siguen ordeñando el Orden y administrando el miedo. Y, de paso, enterrando con cal viva invisible pero real la Memoria histórica de los muertos esparcidos por cunetas del ruedo Ibérico.

“Esto es un no parar. Y después de Lampedusa habrá que aprenderse “El Príncipe” de Maquiavelo, con el fin de estar homologados en las instituciones de la política en grande. ¿Solo superando esta prueba se consigue catalanes, vascos? Ellos tienen la culpa de lo del 36. Pero aquella sangre no bastó al parecer para escarmiento definitivo. Porque vuelven a las andadas. Con su puta lengua diferencial y su puta cultura y su afán de existir. Aunque, si fuera menester, ningún escrúpulo ni estado de ánimo debería ser un obstáculo para perseguir o destruir las urnas democráticas con las armas de la artimaña y la doble faz. Pero, antes que nada, para ser un cínico arrebatador y soluble en toda corriente significativa, habrá que demostrar el acrisolado y sólido rechazo a la división de poderes del barón de Montesquieu. Sin ese ‘totum revolutum’ de jueces venales o tontos de capirote con firma, fiscales de toga venal y demás jauría jurídica favorable a la tesis del casino y la dehesa, no se consolida nada. Salvo la corrupción.

“¿Catalanes, vascos? Ellos tienen la culpa de lo del 36. Pero aquella sangre no bastó al parecer para escarmiento definitivo. Porque vuelven a las andadas, tú. Con su puta lengua diferencial y su puta cultura. El dilema está entre seguir chupando del bote patriótico y callar o dejar que se nos suban a las barbas los nacionalismos periféricos. España es una contante montería nacional con escopeta al hombro. Que es la nuestra, aunque menos anquilosada. Vuelven a las andadas. La calle está revuelta. ¿Qué hacemos? ¿Ladran, luego cabalgamos?”

jueves, 21 de septiembre de 2017

Cataluña: todos a la cárcel.


La crisis catalana podría llegar a situaciones realmente extravagantes, como que los Mossos d'Esquadra detengan al presidente de la Generalitat o que los calabozos policiales se vean ocupados por más de setecientos alcaldes catalanes o por  los miembros de la mesa del Parlament. Ante este peligro, el periodista y escritor Juan Antonio Molina escribe en Nueva Tribuna: “El gobierno de Rajoy, el Tribunal Constitucional y el fiscal general del Estado, reprobado por el Congreso, dan por hecho que el problema catalán es una cuestión de orden público. O algo más que orden público: una degradación del antagonismo a mero delito común. Una situación que puede sembrar inquietud también al otro lado del Ebro por cuanto esta ilegalización de facto de la política en los desarrollos de la vida pública puede tener el oneroso coste democrático de considerar la disparidad o el malestar ciudadano como formas delictivas, cuyo primer paso, fue la famosa ‘ley mordaza’.

“El extrañamiento de la política supone reducir el debate público a un limitado territorio de lo posible, a una carencia real de alternativas, buscando una uniformidad  que saque el problema del formato polémico y lo sitúe en el ámbito de los hechos consumados como razón de Estado. El soberanismo lleva meses anunciando lo que ha hecho y el gobierno llevaba años sin hacer nada para evitarlo, buscando ese estado de sazón del problema donde el acto de gobierno es sustituido por la gestión policial en nombre del poder coercitivo del Estado. Esta degradación del acto político como esencia de los cimientos del sistema produce lo que nos enseña Aristóteles cuando concluye que las fuerzas –pero no los principios– que concurren para promover y conservar la vida son los mismos que pueden destruirla. ¿Cuál va a ser a partir de ahora el papel del Estado en Cataluña? ¿Qué encaje puede tener Cataluña en el Estado español después de estos acontecimientos?... Es la herencia casi intacta del régimen monárquico que desde los Decretos de Nueva Planta y, en especial, durante el siglo liberal y reaccionario del XIX, se hizo incompatible con el pluralismo cultural y político  dentro de la unidad de soberanía del Estado.

“No hay que olvidar, por otro lado, que las Cortes no son el Sinaí, no legislan ab eternum porque, como afirmó Azaña, un pueblo, en cuanto a su organización jurídica-política, es antes de la Constitución, entidad viva. La democracia, según Hobbes, supone en cierto modo una victoria sobre el tiempo porque, a diferencia de los monarcas, la multitud que gobierna nunca muere. Frente a lo que se nos ha hecho creer, la democracia tampoco puede tener un espacio cerrado, pues no cabe en un Parlamento ni en las fronteras de un Estado, sino que existe siempre como el lugar común de esa resistencia, de ese intervalo en el que se afirma el poder de la ciudadanía”.