sábado, 28 de mayo de 2022

Comparan al rey con los 'antiguos exiliados' españoles y los tuiteros desatan su indignación.

 


El primer periodista que contó que el rey pasaría el fin de semana en Sanxenxo fue Fernando Ónega, que nunca ha ocultado sus buenas relaciones con la Casa Real ni su defensa de Juan Carlos I a pesar de todas las sospechas de corrupción que rodean al ex Jefe de Estado. Tras la llegada del monarca, Ónega manifestó su respaldo al emérito con una comparación que provocó una gran indignación en las redes sociales. Muchos usuarios de Twitter reaccionaron con estupefacción ante las palabras del colaborador de Onda Cero quien reaccionaba con un “Confieso cierta emoción al tenerlo en mi tierra de la que salió como los viejos exiliados y emigrantes”.

“Pues NO, don Fernando rectificó Més En Comú–, Juan Carlos I no salió con su maleta de cartón a buscarse una vida incierta. No; se fue como su abuelo a vivir ‘a cuerpo de rey’ en los mejores hoteles, con el dinero robado a sus súbditos y evadido a Bancos Extranjeros. #EstoEsAsí”. Y Pilar @pleganes, añade: “Para todos aquellos que salieron con un hatillo con sus cosas, con piedras en el bolsillo como único dinero, con la pena de saber que jamás pisarían su patria, para todos ellos estas palabras son de lo más asqueroso, ruin y zafio que se puede oír. Y yo siento asco, mucho asco”. Zarzuela despachó la visita del rey emérito sin un solo reproche y dejó la puerta abierta a que resida en España. El Gobierno cree que Juan Carlos I “perdió la oportunidad de pedir disculpas. O tiene tantas cosas sobre las que explicarse que no sabe por cuál le están preguntando o se hace el loco”.

Por su parte, Carlos Alsina arrancaba de esta forma su monólogo del lunes en referencia a la falta de aclaraciones del emérito Juan Carlos I sobre los motivos de su marcha a Abu Dabi –donde lleva casi dos años– y su regreso a España: “Los periodistas, preguntándole qué le dirá hoy a don Felipe y él haciendo ver que esto de hoy no pasa de ser la visita que el padre jubilado le hace al hijo y a la nuera. No es eso, como bien saben su majestad emérita y su majestad la otra, la ejerciente. No es eso, no es una reunión privada sino un hecho que debe ser conocido por todos”.

La Federación de Asociaciones de Periodistas de España rechazó lo que considera “falta de transparencia” por parte de la Casa Real ante el encuentro mantenido por el rey Felipe VI y su padre, el rey Emérito Juan Carlos I, “enmarcado oficialmente como una reunión familiar, por tanto, sin considerarlo de interés informativo”. Sin embargo, la organización considera que el hecho de que el encuentro se haya producido “en la sede de la Jefatura de Estado, como es el Palacio de la Zarzuela, hace trascender al ámbito público la visita de don Juan Carlos después de dos años de ausencia de España”. Por esta razón, la FAPE cree que ello exige “al menos un pronunciamiento más exhaustivo por parte de la Casa Real acerca del encuentro, del que no se piden detalles al margen de los vinculados con la trascendencia y la repercusión para la estabilidad del sistema democrático y constitucional”.


viernes, 27 de mayo de 2022

Borbonmanía.

 


Es el título a un artículo de Arturo del Villar que publica LQSomos y que así comienza:

“SOLAMENTE puede ser calificado de vergonzoso el espectáculo proporcionado por la visita del rey decrépito a España, para participar en unas regatas con su velero Bribón, que las ganó, como era de esperar. Y no por la actitud del decrépito, que estuvo en su borbónico papel habitual, sino por la que mostraron los medios de comunicación social, que en este caso no fueron medios, sino enteros para la promoción de la monarquía. Las cadenas de radio y televisión lo mismo que los diarios digitales e impresos han estado continuamente informando sobre las actividades del decrépito.

“Su presencia en Sanxenxo y en la Zarzuela fue acogida por un grupito de servilones con banderas borbónicas rojigualdas, no sabemos si espontáneos o contratados por la Casa Irreal. Pero los que dominaban el escenario eran los periodistas con sus cámaras. Era tan abrumadora su presencia que la infausta Elena, hija mayor del decrépito, comentó asombrada: ‘Hay más periodistas que en mi boda”, reconociendo que la circunstancia no era tan importante como para justificar que se hubieran acreditado 180 periodistas pertenecientes a un centenar de enteros de comunicación’. (…)

Arturo del Villar continúa su artículo recordando: “Los republicanos se opusieron a la visita, organizando manifestaciones tanto en Sanxenxo como en Madrid, con banderas tricolores y pancartas contrarias a la monarquía. Tal como queda escrito podría entenderse que hubo una presencia masiva de partidarios de la III República en ambas localidades. La verdad obliga a evitar esa errónea interpretación: los contrarios fueron tan escasos como los partidarios. Quedaría muy bonito escribir que allí estuvieron representadas las dos españas, para que cada uno imaginase la multitud que mejor se acomodara a su ideología, pero lo cierto es que la visita del rey decrépito no movilizó a cantidades significativas de vasallos ni a favor ni en contra. Que cada uno extraiga las conclusiones que mejor le parezcan”.


jueves, 26 de mayo de 2022

El padre, el hijo y el espíritu de Alfonso XIII.

Juan Carlos hace el signo de la victoria al dirigirse al club náutico de Sanxenxo el pasado domingo.

Iñigo Sáenz de Ugarte muestra en Eldiario.es cómo la Casa Real ya no puede ocultar la vergüenza que puede suponer ver a Juan Carlos de Borbón pasearse por España en los próximos meses, dándose a la buena vida y negándose a reconocer los errores cometidos. Y prosigue, textualmente: “Juan Carlos de Borbón –dice textualmente– está dolido, dicen sus misteriosos portavoces, lo que viene a ser sus amigotes. Le parece que el reencuentro con su hijo tiene un carácter casi clandestino. La Casa Real está molesta, dicen las fuentes de Zarzuela, porque Juan Carlos no ha cumplido sus compromisos. Pretendían que se le viera lo menos posible en su regreso a España. Ante tal comunión de sentimientos, no es extraño que mucho de lo que rodea al exrey continúe adquiriendo rango de chapuza de la que nadie se hace del todo responsable. La Casa Real no sabe qué hacer con el anterior monarca, inesperado agente doble del republicanismo.

“En el plano político, Moncloa se ha llevado un planchazo de proporciones considerables. A las numerosas preguntas sobre la situación legal de Juan Carlos salvado de las consecuencias penales de sus actos gracias a la inviolabilidad–, respondía hasta ahora con una frase que sonaba vacua y no muy arrojada: el emérito debía dar ‘explicaciones’ sobre su conducta, no se sabe muy bien de qué tipo. Una intervención corta y sentida valía. Quizá un comunicado de un folio o un simple canutazo ante los periodistas. Pero este fin de semana, Juan Carlos desdeñó esa opción hasta con risas, ‘explicaciones de qué’, dijo. Ahora el campechano ha pasado a ser el sobrado. No piensa haber cometido algo punible o simplemente criticable. Acumuló decenas de millones en el extranjero que fueron ocultados a Hacienda. Incluyó a su hijo como beneficiario de una fundación radicada en Panamá. Será que opina que para eso es precisamente la inviolabilidad. Se considera intocable. Cuando dijo que ‘la justicia es igual para todos’, estaría pensando en su yerno, Iñaki Urdangarin. No en sí mismo, porque él sí que estaba por encima de los tribunales, como se ha podido comprobar…

“Si en otras casas reales europeas, los hijos han terminado por abochornar a sus padres por algunos incidentes –en eso, la monarquía británica se lleva las medallas de oro, plata y bronce–, en España lo que ha ocurrido es el fenómeno contrario. Es el padre el que está matando a disgustos al hijo y dejándolo en evidencia. Y los que le quedan. Juan Carlos se parece cada día más a su abuelo por su gran capacidad de desprestigiar a la institución que le llevó a la jefatura del Estado y por creer que vive en una época anterior. Con su telegrama que mencionaba ‘los cojones’ del general Silvestre, responsable del desastre de Annual de 1921, Alfonso XIII revelaba su ignorancia de la realidad militar de ese conflicto, su desconocimiento de la cadena de mando y su estupidez a la hora de primar una idea de valor que consiste en poner los cojones, y no el cerebro, encima de la mesa. Luego demostró un gran desinterés por el sufrimiento de miles de familias que habían perdido a sus maridos o hijos en una guerra dirigida por ineptos. En el plano personal, Alfonso XIII desarrolló una intensa actividad en burdeles y casinos por los que paseó orgulloso su estandarte monárquico. El respeto que sentía por su mujer estaba a la altura de otros eximios representantes de la dinastía borbónica. Cinco hijos bastardos lo atestiguan…

Sáenz de Ugarte termina con esta reflexión: “Si Juan Carlos persiste en seguir con la vida loca que está a disposición de un hombre de su edad y de sus amigos millonarios y a negarse a admitir ningún error en público, la responsabilidad recaerá en su hijo, por poco que le guste. No puedes tener a un nuevo Alfonso XIII disfrutando de la fortuna escondida en el extranjero y de otras donaciones de origen desconocido y pensar que eso no va a afectar a la reputación de la monarquía”.

Diez cosas, al menos, que Juan Carlos I sí debería explicar