viernes, 25 de julio de 2025

Noelia Núñez: ni honestidad ni esfuerzo.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y la vicesecretaria y diputada Noelia Núñez, en mayo pasado, durante una corrida de toros de San Isidro.

La fulgurante carrera política de Noelia Núñez, que acababa de ser nombrada Vicesecretaria Nacional de Movilización y Reto Digital del PP, terminó esta semana al dimitir de todos sus cargos orgánicos e institucionales, tras haberse hecho público que había falseado su currículum. “La decisión  -según Raquel Marcos Oliva, en ElDiario.es- es correcta e ineludible, y también un reflejo de que Alberto Núñez Feijóo no puede permitirse un tropezón más en unos días en los que Cristóbal Montoro se ha encargado de empañar la alegría y el triunfalismo desbordantes del congreso del PP.

“No cabía otra salida. Este asunto me ha traído a la memoria el esfuerzo de muchos españoles por tener un futuro mejor que el de sus padres. He recordado que mi hermana y yo fuimos la primera generación de mi familia en tener estudios universitarios. Para mi madre, que nos crió sola, era casi una obsesión que fuéramos a la universidad, y así lo hicimos, con becas y gran esfuerzo por su parte. Estudiamos en la pública en Madrid antes de la avalancha de universidades privadas y la proliferación de títulos que actúan como zona de confort para padres y madres con recursos que desean que sus hijos se distingan sin hincar los codos. La universidad sí actuaba como ascensor social para las familias cuyos abuelos miraban con respeto al médico o al ingeniero: cada una de estas familias sabe a cuánto se renunció para conseguir ese objetivo y sus hijos universitarios sabemos cuánto esfuerzo y tiempo les costó.

“Por mi propia experiencia, la mentira de Noelia Núñez sobre su formación universitaria no es una anécdota. Si miente sobre ella misma y su trayectoria vital, por qué no iba a hacerlo sobre cualquier otro asunto que afecte a la vida de otros ciudadanos. Su dimisión cierra este aspecto del debate, aunque queda otro, tan importante como la honestidad de los servidores públicos: la crisis (provocada) de la universidad pública que afecta especialmente a la clase obrera, y sobre la falta de calidad de muchas universidades privadas que son chiringuitos que venden títulos altisonantes a quien pueda comprarlos y contratan como profesores a perfiles sin formación como el de Noelia Núñez. El nombramiento de Noelia Núñez como Vicesecretaria Nacional de Movilización y Reto Digital fue también una muestra del ascenso dentro de algunos partidos del perfil tertuliano/tuitero sin capacidad de gestión ni vocación de servicio público.

“No se trata de exigir que todos los políticos tengan licenciaturas, doctorados, másteres o idiomas. Sin formación universitaria se puede, no hay ni que decirlo, ser un político excelente y merecer la confianza ciudadana. El problema es, como en otros casos similares, el desprecio por la verdad y por el esfuerzo real. Noelia Núñez, criada en el falso paraíso de la libertad y la igualdad que es la biosfera política madrileña, ha puesto su granito de arena para destruir algo que ya estaba quebrado: la confianza en la honestidad de la clase política, que no se recompone con una dimisión. Y el hecho de que haya fingido unos estudios que no tiene contribuye a acabar con la creencia de que la educación posee un valor, y que el acceso de todos, pobres y ricos, a esa educación, nos sitúa, siquiera de forma simbólica, en el mismo nivel de oportunidades. Noelia Núñez dijo recientemente que en la política faltan políticos honrados. Con ella ya fuera de ese espacio cada vez más contaminado de populismo, toca recuperar el debate sobre la defensa de una universidad pública que en este momento agoniza en Madrid y en toda España y que constituye uno de los pilares de ese contrato social que garantiza que el futuro soñado puede ser posible para todos y no solo para quien pueda comprárselo a sus hijos”.

jueves, 24 de julio de 2025

Almodóvar, Ana Belén, Serrat… piden la continuidad del Gobierno y reclaman medidas contra la corrupción.

 

Cien personalidades políticas de izquierdas, la cultura, los medios de comunicación o el mundo jurídico han firmado un manifiesto de apoyo a la continuidad del Gobierno. Reclaman la puesta en marcha de un programa “actualizado” de medidas “contundentes y concretas” contra la corrupción que, al mismo tiempo, ponga por delante los “avances sociales” y “derechos civiles” para mejorar la vida de la ciudadanía.

Con el lema “Por los avances en derechos sociales y políticos y contra los intentos de involución”, el documento ha sido firmado por el cineasta Pedro Almodóvar, los cantantes Ana Belén, Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel o Miguel Ríos, así como la actriz Loles León, entre otros. En el listado aparece además el poeta Luis García Montero o la escritora Rosa Montero, entre otros.

El texto reconoce que los “supuestos delitos” asociados al 'caso Cerdán' de presunta corrupción, en el que están implicados los exsecretarios de Organización del PSOE Santos Cerdán y José Luis Ábalos son “graves” y “denotan crasos errores” en la elección de los cargos y la vigilancia de sus labores. “Sin embargo -arguyen-, es inadmisible que un Gobierno, democráticamente elegido, caiga por un informe de la Guardia Civil, antes de celebrarse un juicio con todas las garantías en el que se acreditase la responsabilidad de la presidencia o del partido afectado”.

Inciden en que la caída del Gobierno “sólo es posible por el éxito de una moción de censura o la celebración de elecciones”, dos supuestos que, hasta ahora, no se han dado. “Pretender acortar la legislatura por otros métodos supondría un golpe inconstitucional. Aquellos que solicitan que se celebren ya elecciones, sean de derechas o de izquierdas, lo único que desean es que llegue un gobierno de las derechas PP-Vox”, agregan.

“El ataque, desde todos los frentes conservadores y reaccionarios, al Gobierno de coalición progresista y su presidente se asemeja más a una conspiración para derribar a un gobierno legítimo que a la crítica política propia en un sistema democrático”, esgrime el texto, que critica la “descalificación” de las “derechas” por haber “puesto en cuestión el resultado electoral” como hicieron, en el pasado, los presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Observan, al mismo tiempo, que “las incriminaciones y calumnias” han alcanzado “niveles desconocidos en los parlamentos europeos”, con el uso de términos como “gobierno criminal, mafioso, capo de la mafia o gobierno de corruptos”. “Los ataques a las personas migrantes y la vandalización de las sedes de partidos de izquierda recuerdan a las agresiones fascistas de épocas pasadas”, recriminan, a la vez que afirman que el Senado se utiliza como “ariete” con comisiones de investigación que “sólo pretenden incriminar al Gobierno”.

También ponen de manifiesto las concentraciones y huelgas del poder judicial contra “leyes del Congreso que no les gustan”, como la reforma de la justicia o la amnistía. Unas protestas que, dicen, se enmarcan “fuera de la legalidad”. “Jueces y magistrados abren prolongadas investigaciones, con endebles bases probatorias, mientras la oposición deslegitima al Tribunal Constitucional porque no comparte la sentencia sobre la amnistía. Una parte muy importante de los medios de comunicación y redes sociales han desatado una orgía de falsas noticias o medias verdades con el fin de crear un clima político irrespirable, que no se corresponde con la situación del país”, añaden.

miércoles, 23 de julio de 2025

¿Estamos viviendo el fin de Trump?

 


Trump no está cayendo por una conspiración. No es víctima de los medios, ni del sistema judicial, ni de un ataque político externo. Su quiebra, si llega, será por implosión. Por acumulación de cinismo. Porque incluso los mitos necesitan una coherencia mínima para sostenerse. Y la suya ha colapsado.

Durante años construyó una figura de outsider incorruptible, el supuesto enemigo del “pantano”, el redentor de una América herida. Pero esa construcción —ya lo sabíamos— no era más que marketing emocional barnizado con resentimiento de clase. Lo sabíamos nosotras, claro. Pero ahora empiezan a intuirlo incluso sus fieles. El escándalo Epstein no golpea en la esfera política. Golpea en la moral. Y el silencio que ha elegido Trump no solo no lo salva: lo condena.

El trumpismo no fue ideología, sino liturgia. Una religión laica basada en la fe en un hombre que prometía revelaciones. Pero ahora que las sombras que debía denunciar parecen ser las suyas propias, el relato se rompe. El profeta se ha vuelto sospechoso. El que prometía abrir los sótanos, los habita.

Cuando hasta sus votantes se hacen preguntas que antes eran anatema —¿por qué protege a los monstruos?, ¿por qué su fiscal general oculta los archivos?, ¿por qué niega lo que antes denunciaba?—, el problema no es de relato. Es de estructura. Ya no se tambalea su gobierno. Se resquebraja su mito fundacional.

En política, todo símbolo muere dos veces. Primero cuando se deslegitima. Después, cuando se banaliza. Y Trump ha entrado ya en esa segunda fase: la del líder que ya no representa una esperanza sino una farsa prolongada. Una parodia de sí mismo, resistiéndose a desaparecer del escenario, aunque la función haya terminado hace rato.

¿Estamos ante el principio del final? ¿Ha empezado la caída de la ficción? ¿O solo asistimos a una nueva mutación del cinismo contemporáneo, donde ya ni siquiera hace falta ocultar la podredumbre para mantenerse en pie?

No creemos en el apocalipsis redentor, pero sí en las grietas. Y esta lo es. Porque cuando hasta los mentirosos pierden el control de su mentira, hace falta alguien que no mire hacia otro lado.

(Javier F. Ferrero)