jueves, 3 de agosto de 2023

No me fío nada de las derechas.

 

Con este título de desconfianza hacia las derechas explica Juan Tortosa lo sucedido hace más de una semana en este país. “Iban a incendiar Catalunya, a derogar cuantas leyes significaran avances sociales, destituir desde el primer día de legislatura a los responsables de Correos, el CIS, RTVE... Iban a entrar a sangre y fuego, espada flamígera en mano, dispuestos a acabar con todo vestigio del Gobierno de coalición saliente. Por fin iban a recuperar el poder ‘los que siempre tienen que estar’, aquellos a quienes por ley natural les corresponde regir nuestros destinos porque así lo creen en su fuero interno, están convencidos de que el país es suyo, y sostienen y sostendrán siempre que las izquierdas mandando son una maldita anomalía… Estaban tan convencidos de que el Gobierno de coalición caería fulminado que para ellos la campaña electoral era solo un incómodo trámite a solventar casi sin despeinarse. Todo el pescado estaba ya vendido, así que ¿para qué esforzarse en acudir a debates, para qué realizar propuestas u ofrecer datos correctos, por qué no mentir, por qué no intimidar a quien tuviera la osadía de replicarte y demostrar que tus datos no son correctos?

“Reconozcámoslo: consiguieron que nos acojonáramos. Desde el día de las elecciones municipales y autonómicas, el 28 de mayo, teníamos el susto metido en el cuerpo, la campaña para las generales tampoco nos ofrecía razones para ser optimistas salvo unos cuantos destellos, y el domingo 23 de julio, cuando tocó ir a votar, muchos lo hicimos temiéndonos lo peor. Quizás por eso esté costando digerir los resultados (a ellos más) aunque es verdad que se pudo respirar con cierto alivio cuando quedó certificado que el monstruo fascista no iba a poder cumplir sus amenazas. Aún así, yo apostaría por la prudencia y me abstendría de lanzar las campanas al vuelo. Tiempo habrá…

“Van por la segunda y ahí andan a piñón, sugiriendo tamayazos y empeñados en llamar perdedoras a todas las fuerzas políticas que tienen posibilidades de conseguir mayoría absoluta y que no quieren saber nada con ellos. Fuerzas perdedoras, por cierto, a las que el líder popular envía cartas de amor sin que se le caiga la cara de vergüenza, lo que significa que ya está aquí la tercera fase del duelo, la negociación. Tras el zasca de Sánchez no creo que tarde mucho en entrar en la cuarta, la depresión.

“Feijóo, Abascal y las formaciones que ambos encabezan padecen el síndrome de la madrastra de Blancanieves. Ni soportan ni quieren oír las verdades del espejo: que no son los más guapos porque Europa prefiere la continuidad de un Gobierno de coalición progresista, porque la economía va bien, porque en Bruselas hay alivio desde que hemos parado a la ultraderecha en las urnas, vamos, que no los quieren ni en pintura. Las dificultades no van a faltar, menos aún con la entrada de Puigdemont en escena, pero parece poco factible que volvamos a oler a naftalina y alcanfor; tardarán en aceptar que España es plural por mucho que ahora sean capaces hasta de hacerle ojitos a Junts, se revolverán y montarán pollos de todo tipo hasta asumir que, al menos de momento, no han conseguido sus objetivos por mucho que el grueso de los medios de comunicación y un escandaloso porcentaje de jueces continúen actuando de espaldas a la voluntad mayoritaria de la ciudadanía”.

Tortosa termina aconsejándonos  con estas palabras: “Mejor no bajar la guardia y no fiarse ni un pelo. Mejor andarse con pies de plomo y dejar el cava para el día en que Sánchez, como presidente de un nuevo Gobierno de coalición, vuelva a prometer el cargo.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Puigdemont y el Rey en otoño.

 

El Rey Felipe VI, en el Parlament, en Palma de Mallorca (i) y Carles Puigdemont durante una conferencia de prensa en el mes de julio.

Mario Ortega, presidente de la Asociación Andalucía y Democracia, nos invita en Público a imaginarnos que la sesión de investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, se produce en octubre de 2023 con el apoyo o la abstención de Junts per Catalunya y Puigdemont, exiliado en Bélgica. “Habrían pasado seis años desde que Felipe IV emitiese un discurso contra el soberanismo catalán, que arengaba de facto el ‘a por ellos’ en el interior de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, su voxificación, volcaba la derecha hacia la ultraderecha españolista, y lo más determinante, daba alas a las altas cimas de la judicatura española, sitas en el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional, para emprender operaciones jurídicas que condujesen a procesar a los líderes catalanes del procés.

“Aquel discurso real fue un alineamiento de la corona con las posiciones de confrontación más reaccionarias, las que no reconocen la diversidad de los pueblos de España ni la plurinacionalidad declarada en la constitución del 1978. Ese día, el rey tomó partido y abrió la puerta de las instituciones a Vox. Las cadenas que mantenían a los dóbérmanes campeando fueron rotas el 3 de octubre de 2017 desde el palacio real. Luego vinieron las elecciones andaluzas de diciembre de 2018, con un PSOE andaluz agotado ante su electorado por haber sido fiel ejecutor de los recortes del Partido Popular durante dos legislaturas, incluida la que gobernó en coalición con Izquierda Unida, y alineado con las posiciones anticatalanistas del gobierno de España, Vox hizo acto de presencia por primera vez en el parlamento andaluz.

“Tras la dura represión en Catalunya el 1 de octubre de 2017, día del referéndum alegal, con imágenes de la policía apaleando a personas que iban pacíficamente a votar que dieron la vuelta al mundo, el PSOE, dirigido ya por Pedro Sánchez tras ganarle las primarias internas a Susana Díaz, anunció la presentación en el Congreso de una declaración de reprobación de Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del gobierno de Mariano Rajoy, encargada de dirigir la operación de bloqueo de la consulta popular convocada por el gobierno de Junts pel Sí (Convergencia más ERC). La intención de reprobar a la vicepresidenta se apartó de la agenda una vez que el rey interviene televisivamente a las 21:00 horas de la noche del 3 de octubre de 2017. A partir de ese momento, las fuerzas del régimen construido con forma monárquica para preservar los estatus de poder herederos del franquismo debieron llamar al orden a Sánchez, éste se alía con el PP para la aplicación del artículo 155 a la autonomía catalana y la consiguiente persecución política de los líderes independentistas. La reprobación de Soraya cae en el olvido.

“Llegará el otoño tras unas elecciones generales que ha perdido Felipe VI. Las ha perdido porque no dispone de mayoría en el congreso para enfrentarse a la suma de las representaciones de la España democrática progresista, plurinacional, feminista y de izquierdas. Ojalá las representaciones en el Congreso de la izquierda y la España plurinacional estén a la altura del momento. Ojalá Sumar mantenga posiciones de profundización democrática no subalternas del PSOE. Ojalá el PSOE, al contrario que en otoño de 2017, se aparte de quienes consideran que Madrid es España y lo demás territorios coloniales. Hay empresariado en Catalunya que está mandando, a través de La Vanguardia, el mensaje de Puigdemont de que el pacto de investidura con Pedro Sánchez debe ser aprobado por el rey, la alta judicatura y los poderes económicos madrileñizados. No sé yo si esa condición es verdadera y, de serlo, si existiera la inteligencia para para llevarla a cabo rectificando el discurso del 3 de octubre”.

martes, 1 de agosto de 2023

Casi 390 regalos, recibidos el año pasado por la Casa Real.

 


Entre los 389 regalos recibidos por la Casa Real durante el año pasado hubo cosméticos, 2 raquetas de tenis, un tamboril y muchos libros, además de ropa o complementos. Más de la mitad de ellos regalos (215), se dirigieron al rey Felipe VI; 89, a la reina Letizia; 47 a ambos, y 8 a los 4 miembros de la familia. Además, la princesa Leonor recibió 4 regalos y otros 10 junto a su hermana, la infanta Sofía. También le hicieron 8 regalos a la reina doña Sofía. En el listado, no aparece ninguno destinado al rey Juan Carlos, quien sigue siendo miembro de la familia real, pero dejó de participar en actividades oficiales en junio de 2019, un año antes de marcharse a residir en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos.

Los presentes que más recibe el rey Felipe VI son libros, además de placas, fotografías, gemelos, camisetas deportivas, láminas, monedas conmemorativas o corbatas. Entre los más originales, una bombonera, 2 raquetas de tenis, un cofre con 2 llaveros, una escultura con piedra volcánica de La Palma, un telar mapuche, un marco con bordado coreano, un pasaporte del peregrino del Camino de Santiago y una figura de hipopótamo, así como una alfombra redonda y 3 pufs, un botijo y un silbato marítimo y hasta un cuponazo de la ONCE, recibido en un encuentro con entidades, asociaciones e instituciones de la sociedad civil de Sanlúcar de Barrameda.

También el grueso de obsequios de la reina fueron libros, a los que se han sumado broches, pañuelos, pulseras, unas gafas de sol, una funda para portátil y 2 juegos de delantales de cocina de un restaurante de Huesca. Durante la cumbre de la OTAN que se celebró en Madrid en junio del pasado año, Brigitte Macron, esposa del presidente de Francia Emmanuel Macron, le regaló a la reina Letizia un bolso; mientras que la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden, le entregó un jarrón de cristal. En su visita a España, el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, entregó a doña Letizia un juego de pendientes, un collar, un anillo y una pulsera. A estos regalos, añadió un poncho y un juego de mantelería de encaje; otro de salvamanteles y 6 vinilos de la cantante bilbaína de La Bien Querida. La reina Sofía fue obsequiada con un macetero artesano, 2 jarrones, un barco de cristal y un broche, entre otros

Como su padre, la princesa Leonor recibió una credencial del peregrino, además de un chaleco de la Cruz Roja cuando visitó esta entidad en diciembre del pasado año. A ello unió 2 pastilleros, pulseras, colgantes y libros, obsequios compartidos con la infanta.