jueves, 29 de febrero de 2024

“Trump, el gran antisistema”.

 

Donald Trump se dirige a sus seguidores tras ganar las elecciones primarias de Carolina del Sur.

David Torres, bajo este mismo titular, recuerda en Público que, la semana pasada, durante un acto de recaudación de fondos para su campaña, Joe Biden llamó a Putin “loco hijo de puta” y se quedó tan ancho. “A lo mejor la hemeroteca me corrige, pero creo que se trata de un tono nunca antes visto en las relaciones entre las dos superpotencias, ni cuando Rusia formaba parte de la URSS, ni en los tiempos de Kennedy y Jruschov durante la crisis de los misiles, ni siquiera en la era de Reagan, que gastaba hechuras de vaquero presidencial made in Hollywood con más derecho que Biden. También es posible que ahora la diplomacia consista en decir lo primero que se le pasa a uno por la cabeza, sobre todo si uno es un anciano senil de ochenta y un años con acceso directo al botón rojo. A la prensa internacional tampoco es que le haya molestado mucho el calificativo lanzado de presidente a presidente, ya porque lo consideran un epíteto, ya porque la prensa internacional no se conmueve con minucias como los genocidios en Gaza o en Congo. El otro día, May Golan, ministra de Igualdad de Israel, dijo en Nueva York que estaba ‘orgullosa de las ruinas de Gaza y de que cada bebé, incluso de dentro de 80 años, le cuente a sus nietos lo que hicieron los judíos’. Con treinta mil muertos a las espaldas del Ejército israelí, miles y miles de ellos niños, las rotativas no se pararon para anunciar que Goebbels se había reencarnado en una señora sionista.

“Habría que examinar las reacciones de esta misma prensa rendida al sionismo y al otanismo si, por ejemplo, Donald Trump, un señor sin pelos en la lengua ni filtro alguno entre el cerebro y la laringe, hubiera llamado ‘loco hijo de puta’ a cualquier homólogo extranjero durante su mandato. Aunque nos anunciaron que la presidencia de Trump iba a suponer la Tercera Guerra Mundial, el fin de la civilización occidental y el apocalipsis en tres tomos, lo cierto es que los cuatro años que estuvo en el poder fueron los más tranquilos y pacíficos de la política exterior estadounidense al menos desde los tiempos de Carter.(…) Entre lo zumbado que está, sus extrañas relaciones con el Kremlin y la pandemia del coronavirus, Trump inauguró una especie de pax anaranjada que duró cuatro años y que por poco se prolonga en imperio gracias a la pantomima de un golpe de Estado interno que intentó promover en el seno de una república que tiene la fea costumbre de derribar gobiernos extranjeros. Fue ponerse Joe Biden a los mandos e incendiarse medio mundo, con la vergonzosa retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, la invasión rusa de Ucrania y la impunidad criminal del Ejército israelí en Gaza.

“A Trump —termina David Torres recordando— han intentado frenarlo por todos los medios, desde los periódicos a los tribunales, pero ya ha arrasado en las primarias de Carolina del Sur y se perfila otra vez como el candidato republicano en las próximas elecciones a la Casa Blanca. Que Trump haya reunido a su alrededor a lo más granado de la fachosfera internacional, de Abascal a Milei, pasando por Bukele, Meloni o Bolsonaro, es un signo más de la confusión de estos tiempos en los que hay gente que cree, a estas alturas de la película, que Rusia es una reedición de la URSS o que Putin es comunista”.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Los sindicatos piden boicotear a Almeida y un festival de flamenco en Madrid.

 

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid

Días después de que Isabel Díaz Ayuso declarara el flamenco como Bien de Interés Cultural en Madrid, el Ayuntamiento cancelaba uno de los festivales más importantes que se celebran en la capital. El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, lo anunció, siendo fuertemente criticado por la oposición y asociaciones que defienden este género. Comisiones Obreras de Madrid lanzó un comunicado, denunciando la cancelación del Festival Flamenco Madrid, evento que llevaba ocho ediciones.

Lo contó Jaime Fernández, en ElPlural.com. “Los sindicatos han hecho patente su rechazo a la cancelación del festival. Comisiones Obreras criticó al Ayuntamiento por llenarse la boca diciendo que ‘el flamenco está viviendo un momento de expansión en Madrid’. Solo un par de días después de la polémica mascletà de Almeida, el consistorio canceló el certamen Flamenco Madrid, que se celebraba en la capital desde 2016. Un festival que contaba con 170.000 euros de presupuesto y que se celebraba durante dos semanas en mayo, ofreciendo conciertos, actividades y conferencias en diferentes espacios de la ciudad de Madrid.

“Comisiones Obreras critica en su comunicado el modelo de planteamiento de la cultura que hacen el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, alegando que las programaciones se ofrecen como una oferta de consumo, obviando el ‘derecho de la población a acceder a una cultura pública y de calidad’. Dicha cancelación es una contradicción en el supuesto interés de la capital en proteger este arte. La portavoz de Cultura del PSOE en el Ayuntamiento, Adriana Moscoso, declara que ‘no tiene ningún sentido’ que el PP quiera ensalzar y apropiarse del flamenco, pero que ‘a la hora de la verdad no lo demuestren’. El comunicado de Comisiones Obreras de Madrid pide al Ayuntamiento y a la Comunidad ‘unir fuerzas’ para cambiar el acceso a la cultura en la capital. El sindicato madrileño sugiere ‘basarse en un estudio riguroso y serio de las necesidades de los artistas y de los jóvenes creadores’, además de reclamar que la inversión pública se destine a estos y no a las empresas privadas”.

CCOO Madrid anuncia que trabajará con asociaciones culturales para que en mayo se celebre un concierto de flamenco en Madrid que “Almeida nunca haría”. La organización dice, además, que la recaudación de este concierto en defensa del flamenco y la cultura se destinará a paliar la situación humanitaria en Gaza.

martes, 27 de febrero de 2024

“No podemos más”.

 

Tamara Contreras del Pino trabaja en la UCI de un hospital. Y escribe en Change.org: “Hoy he tenido guardia, he estado 20 horas despierta, 18 de ellas trabajando. Llevo agotada y con náuseas todo el día. Hace sol, pero solo pienso en mi cama. Mis hijas echan de menos a su madre, dicen que siempre estoy cansada. Anoche el busca del hospital sonó a las 3 de la mañana, me temblaban las piernas del cansancio y el estrés. Un chico de 21 años politraumatizado se desangraba. Cinco minutos antes soñaba no recuerdo el qué, y de repente le estaba canalizando para transfundirle sangre e intubándole para evitar una parada cardiaca.  A las 7 de la mañana conseguimos que se estabilizara. Me costaba hilar una frase. Me caían los párpados. Tenía palpitaciones y la cabeza me martilleaba. Y no fue una excepción. Esta es la realidad de nuestro actual sistema sanitario, que obliga a que los médicos hagamos jornadas de 24 horas, poniendo en riesgo la vida de nuestros pacientes”.

Varias veces al mes y hasta que cumplen los 55, tras jornada normal, los médicos tienen que quedarse en el hospital porque les toca guardia, trabajando un total de 24 horas seguidas, muchas veces con situaciones límite y picos de estrés. Debido a la fatiga acumulada, cometen más errores graves cuando están en turnos de 24 horas y más fallos de diagnóstico. “Somos más lentos tomando decisiones, no podemos reaccionar igual de bien. Lo que empeora la atención que reciben nuestros pacientes. Y afecta a nuestras vidas, pues al sentimos agotados, tenemos problemas de sueño, no podemos conciliar y afecta a nuestra salud mental”.

Reino Unido ya implantó hace tiempo un máximo de 12 horas de jornadas médicas. Suiza, Holanda, Francia o Islandia ya han acabado con las guardias de 24 horas. Pero, en España, se sigue como hace 50 años, con un modelo arcaico que pone en peligro la seguridad del paciente y de los propios sanitarios. Esa modificación no debe suponer una merma salarial de los sanitarios. Actualmente un porcentaje muy importante del salario de un médico procede de las guardias. Por eso hay compañeros que defienden mantener este sistema. Pero, esta no es la solución. “Debemos pedir que nuestro salario siga siendo digno sin tener que renunciar por ello a hacer nuestro trabajo en plenas facultades. Hay alternativas y es momento de que exijamos una solución. No puede ser que los médicos necesiten hacer estas jornadas para tener un salario digno. No puede ser que los pacientes estén siendo atendidos por facultativos que no pueden más. Y tampoco puede ser que los sanitarios de España no podamos más. Una cosa es que tengamos vocación y otra que debamos aceptar esto.  Antes de ser ministra, Mónica García manifestó varias veces que había que acabar con las guardias de 24 horas de los sanitarios. Ahora, toca cumplir y reaccionar”.