viernes, 6 de marzo de 2026

Ventajas de desclasificar documentos y partidas de bautismo.

 

El borbón Juan Carlos es -según cuenta Nieves Concostrina en Público-  un milmillonario, defraudador fiscal, evasor y blanqueador de capitales por lo que respecta al código penal, y un adúltero, chulo, traidor, perjuro, mentiroso y gamberro por lo que respecta al código moral católico de su familia. Punto. “Quiere volver a España porque se aburre como una mona en Suiza (es donde pasa más tiempo), está cascado, quiere morirse aquí, tener sus días de luto oficial, que nos incordien a todos con un funeral de estado y que lleven sus cenizas en volandas al Panteón del Escorial para depositarlas en el sarcófago de su abuelito Alfonso XIII, que como golpista y play boy es el que más y mejor le ha inspirado. Otro punto”.

“Y como respondió Diego Camacho, agente veterano del CESID (ahora CNI) en el documental Salvar al rey de HBO, a la pregunta de su colega y también exagente Manuel Rey: ‘Diego, tú que viviste el 23-F y lo sufriste, ¿el rey estuvo implicado en el 23-F’. ‘Totalmente, el rey, digamos, es el motor del golpe. Lo que pasa es que los reyes ni entran en los asaltos ni ejecutan nada. Él tiene una frase que lo refleja todo, que es: ‘A mí, dádmelo hecho’.

“Si Juan Carlos no hubiera formado parte del golpe de estado del 23-F sería el primer borbón desde 1814 que no estuviera implicado en uno. No cuela. Punto final.

“Justificada la actualidad, opto por seguir compartiendo las miserias y las corruptelas de los borbones a lo largo de los últimos tres siglos para preguntarnos por qué seguimos cargando con semejante mochila. Entre las peores consecuencias que nos ha traído esta dinastía a la plebe y que más escándalos les ha proporcionado a sus miembros está el de sus matrimonios. Daría esto para muchos episodios, la mayoría absolutamente estrafalarios, pero también ha traído pésimas secuelas políticas y divertidísimos cotilleos. Ni uno solo de los matrimonios reales de los borbones ha tenido final feliz. Ni siquiera lo va a tener el actual, por mucho que confiara Felipe en que saltándose la arcaica ley dinástica que aún rige en la Casa Borbón la cosa se le iba a arreglar...

“Si tiramos de diccionario, dice que se llama morganático al ‘matrimonio contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior, o viceversa’. En España el matrimonio morganático está prohibido porque así lo impuso Carlos III para su dinastía mediante Pragmática Sanción de 1776. Pueden llevarse a término, por supuesto, pero aceptando el príncipe o la princesa que se case con alguien de inferior rango el quedar apartado o apartada automáticamente de la sucesión a la corona y con la prohibición expresa de que los hijos habidos de semejante matrimonio morganático lleven el apellido Borbón.

“Quizás se entienda mejor ahora por qué servidora, obediente a la norma dinástica impuesta por Carlos III, me refiero siempre a Leonor y Sofía Ortiz como simples ciudadanas, consecuencias ambas del matrimonio morganático de sus padres. Quede claro, sin embargo, que esto tampoco va a ninguna parte, porque estas son las mamandurrias de los reyes que los reyes se saltan cómo y cuándo les da la gana porque ellos son como Juan Palomo. Si la norma es suya y se la impusieron ellos, pues se la saltan cuando quieren, aunque el único que se la ha saltado sin pagar las consecuencias es Felipe. Su tío abuelo Alfonso de Borbón, primogénito de Alfonso XIII y Príncipe de Asturias hasta 1933, se la saltó, pero pagó el precio. (...)

jueves, 5 de marzo de 2026

Susan Sarandon está, cuando toca, en el lado correcto de la historia.

 

La actriz estadounidense Susan  Sarandon


La ganadora del Goya Internacional, Susan Sarandon, asegura que fue vetada en Hollywood por su activismo a favor de Palestina y que ahora ha tenido que hacer películas pequeñas y proyectos de bajo presupuesto en Europa. “Mi agencia me despidió... Se me hizo imposible incluso salir en televisión. No podía hacer ninguna película importante ni nada relacionado con Hollywood. Encontré agentes en Inglaterra e Italia, y trabajo ahí. Acabo de rodar una película en Italia y una obra de teatro en el Old Vic durante unos meses. Conozco a un director italiano que me acaba de contratar. Ahora mismo, me especializo en películas pequeñas con directores que nunca han dirigido, en cine independiente”, dijo.

Susan Sarandon explicó en Barcelona que hablar por Palestina tiene consecuencias. Y ella las ha asumido. El 1 de noviembre su propio agente la despidió por acudir a una manifestación en defensa de Gaza. Que no ha podido trabajar en Estados Unidos. Que le han cerrado puertas en televisión y en la industria. Que incluso intentaron presionar a un director italiano para que no la contratara. Eso no es “cancelación cultural”. Eso es castigo político.

Sarandon fue directa. Se sintió orgullosa del posicionamiento de España frente al genocidio en Gaza y del apoyo institucional expresado por el presidente Pedro Sánchez. Dijo que escuchar a un país alzar la voz cuando en Estados Unidos reina el silencio es “indescriptiblemente importante”. Porque allí, explicó, la censura y la represión son reales.

También fue tajante sobre las políticas migratorias de Donald Trump y el papel del ICE, que calificó de inconstitucional y responsable de prácticas ilegales. Y lo hizo sin matices: “Estoy en contra de matar niños en todas partes. Soy propalestina. Soy una artista por la paz y la justicia”. En tiempos en los que muchas celebridades optan por el silencio calculado, Sarandon eligió perder contratos antes que perder la voz. “Porque todas las películas son políticas, dijo. Solo que a las que desafían el statu quo las llamamos ‘políticas’ para desacreditarlas. Hollywood, recordó, no es de izquierdas: es de quien paga y de quien gana dinero”.

Susan Sarandon no habló como estrella. Habló como ciudadana. Y pagó el precio. Pero hay algo que no le pueden quitar: estar, cuando toca, en el lado correcto de la historia.

jueves, 26 de febrero de 2026

Una semana de vacaciones.

 


Fue una idea que tuve de improviso. Estaba cansado y estresado por mis presuras de siempre. Sobre todo, en vísperas de la publicación de otro libro. Y me dije: “Se acabó, me tomo una semana de vacaciones”. Dicho y hecho. Así que, desde hoy al próximo jueves, 5 de marzo, desaparezco del mapa.