jueves, 25 de junio de 2026

Trump insulta a España y Rutte agacha la cabeza: la OTAN como patio trasero de la Casa Blanca.

 

Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando se sienta ante las cámaras: humillar, amenazar y llamar liderazgo a una mezcla bastante vulgar de matonismo y negocio militar. Esta vez fue en el Despacho Oval, el 24 de junio, con Mark Rutte al lado, secretario general de la OTAN, mirando como quien presencia un atropello diplomático y decide que lo prudente es no molestar al conductor.

El presidente de Estados Unidos cargó contra Italia, Reino Unido, Alemania, Francia y España. No con una discrepancia política. No con una crítica razonada. Con desprecio. “Me ha decepcionado Italia”, dijo. “Me ha decepcionado el Reino Unido. Nos ha decepcionado Alemania y Francia. Nos han decepcionado la mayoría de ellos. España es un auténtico desastre. España es terrible, no quieren pagar nada”. Así habla el supuesto líder del “mundo libre” cuando sus socios no aplauden lo bastante rápido una guerra ilegal.

(Spanish Revolution)



miércoles, 24 de junio de 2026

Cuñados a tiros.

Nieves Concostrina nos recuerda en Público, en su nuevo capítulo sobe Borbolandia, que la tradición borbónica obliga, desde hace al menos dos siglos y medio, a que todos sus miembros anden a guantazos. “Los desprecios que se prodigan en la actualidad Felipe y su padre, los desplantes de la ciudadana Ortiz a su suegra, los desaires a sus cuñadas, la nula relación entre primos… nada nuevo. Así son las cosas y esas son sus maneras. La revista satírica ‘La Flaca’ publicó, en febrero de 1870, una magnífica caricatura como prueba irrefutable de mi afirmación y con el título ‘Una familia modelo’. En ella se ve a todos los borbones, literalmente, a hostias. Isabel II levantándole la mano a su cuñado Antonio de Orleáns; el rey consorte Francisco agarrándole de los pelos por la espalda; la infanta María Luisa, hermana de la reina, arreando con el abanico al infante Enrique de Borbón, hermano del rey, para defender a su marido, Antonio; la hija mayor de Isabel II, La Chata, yéndose a por su tía; el carlista Carlos VII con el puño levantado para dar al primero que pillara; el chavalín que acabaría siendo Alfonso XII pateando y amenazando con un fusil de juguete a otra pariente niña… y en la pared de la viñeta, dos cuadros colgados: uno con Carlos IV agarrando por el cuello a su hijo el mastuerzo, y otro con los hermanos Carlos María Isidro y Fernando VII sujetándose por los respectivos pescuezos.

“En esa caricatura están los dos personajes que hoy nos ocupan. Uno es Antonio de Orleáns, cuñado de Isabel II puesto que estaba casado con la infanta Luisa Fernanda, padres de esa moñas edulcorada, llamada María de las Mercedes. Antonio fue el famoso duque de Montpensier, conspirador desde que se levantaba hasta que se acostaba, ambicioso sin límites, capaz de todo por conseguir el trono de España y, casi con total seguridad, responsable del magnicidio de Juan Prim, el primero de los cinco presidentes de gobierno asesinados en España. El segundo protagonista es Enrique de Borbón, infante de España y hermano del rey consorte Francisco de Asís; es decir, tanto Antonio como Enrique eran cuñados de Isabel II. Y para terminar de enredar los parentescos, también eran primos entre sí y no se soportaban desde que eran niños. Así que, dado que pertenecían a la familia de los borbones, lo normal es que ocurriera lo que ocurrió, que acabaran a tiros, y todo para evitar que el otro pillara el trono de esta empresa llamada España, tan lucrativa para la dinastía.

“La tradición borbónica obliga, desde hace al menos dos siglos y medio, a que todos sus miembros anden a guantazos. Los desprecios que se prodigan en la actualidad Felipe y su padre, los desplantes de la ciudadana Ortiz a su suegra, los desaires a sus cuñadas, la nula relación entre primos… nada nuevo. Así son las cosas y esas son sus maneras. La revista satírica ‘La Flaca’ publicó en febrero de 1870 una magnífica caricatura como prueba irrefutable de mi afirmación y con el título Una familia modelo. En ella se ve a todos los borbones, literalmente, a hostias. Isabel II levantándole la mano a su cuñado Antonio de Orleáns; el rey consorte Francisco agarrándole de los pelos por la espalda; la infanta María Luisa, hermana de la reina, arreando con el abanico al infante Enrique de Borbón, hermano del rey, para defender a su marido, Antonio; la hija mayor de Isabel II, La Chata, yéndose a por su tía; el carlista Carlos VII con el puño levantado para dar al primero que pillara; el chavalín que acabaría siendo Alfonso XII pateando y amenazando con un fusil de juguete a otra pariente niña… y en la pared de la viñeta, dos cuadros colgados: uno con Carlos IV agarrando por el cuello a su hijo el mastuerzo, y otro con los hermanos Carlos María Isidro y Fernando VII sujetándose por los respectivos pescuezos.

En esa caricatura están los dos personajes que hoy nos ocupan. Uno es Antonio de Orleáns, cuñado de Isabel II puesto que estaba casado con la infanta Luisa Fernanda, padres de esa moñas edulcorada llamada María de las Mercedes. Antonio fue el famoso duque de Montpensier, conspirador desde que se levantaba hasta que se acostaba, ambicioso sin límites, capaz de todo por conseguir el trono de España y, casi con total seguridad, responsable del magnicidio de Juan Prim, el primero de los cinco presidentes de gobierno asesinados en España.

El segundo protagonista es Enrique de Borbón, infante de España y hermano del rey consorte Francisco de Asís; es decir tanto Antonio como Enrique eran cuñados de Isabel II. Y para terminar de enredar los parentescos, también eran primos entre sí y no se soportaban desde que eran niños. Así que, dado que pertenecían a la familia de los borbones, lo normal es que ocurriera lo que ocurrió, que acabaran a tiros, y todo para evitar que el otro pillara el trono de esta empresa llamada España, tan lucrativa para la dinastía. (...)

martes, 23 de junio de 2026

Trump amenaza, Irán se levanta de la mesa y la diplomacia vuelve a quedar secuestrada por el matón de siempre.

 


Irán interrumpió el pasado domingo, 21 de junio, las conversaciones con Estados Unidos en Suiza después de que Donald Trump volviera a hacer lo que mejor sabe hacer: convertir una negociación internacional en una demostración de chulería imperial. La delegación iraní abandonó el lugar de las reuniones en Bürgenstock, según informó la agencia oficial IRNA, después de reunirse con el intermediario qatarí. Las conversaciones se desarrollaban con mediación de Qatar y Pakistán. No hablamos de un malentendido protocolario. Hablamos de una potencia nuclear amenazando públicamente a otro Estado mientras sus representantes siguen sentados en una mesa que, supuestamente, debía servir para desescalar.

El mensaje de Trump en Truth Social fue una pieza clásica del manual mafioso de Washington: si Irán no detiene a sus “proxies pagados” y evita que “causen problemas”, Estados Unidos volverá a golpear “muy fuerte”, incluso “más fuerte” que la semana anterior. La frase no es diplomacia. Es amenaza. Es ruido de botas. Es la forma obscena en que el poder estadounidense pretende seguir dictando al mundo quien puede defenderse, quien debe arrodillarse y quien tiene derecho a existir sin pedir permiso. (Spanish Revolution)