jueves, 23 de abril de 2026

Más de 1.100 artistas y personalidades de la cultura boicotean a Eurovisión 2026 por “encubrir el genocidio de Israel”.

 

Israel, durante el desfile de banderas de Eurovisión 2025.

Más de un millar de artistas, músicos y personalidades de la cultura han unido sus voces para promover un boicot al festival de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) hasta que expulsen a Israel. El Festival de la Canción de Eurovisión es el principal concurso musical anual de la UER. La edición de este año se celebrará en Viena, enfrentando controversias por la participación de Israel, lo que ha provocado la retirada de RTVE (España) y peticiones de boicot por parte de artistas. A través de una carta compartida en la plataforma No music for genocide (No hay música para el genocidio), más de mil profesionales del arte firman contra la Unión Europea de Radiodifusión y rechazan públicamente “que Eurovisión se utilice para encubrir y normalizar el genocidio”. Como ya hicieron cerca de un centenar de artistas eurovisivos en la previa de Basilea 2025, ahora son más nombres de la cultura los que unen sus voces para señalar la “hipocresía” de los organizadores del festival al no seguir con Israel el criterio que ellos mismos instauraron al vetar a Rusia por su invasión a Ucrania. En su carta abierta, los firmantes aplauden además la retirada “basada en principios” de las cadenas públicas de España, Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos, y rechazan guardar silencio: “Como artistas, reconocemos nuestra capacidad de acción colectiva y el poder de la resistencia. Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices”, escriben.  Entre los primeros firmantes de la lista, que ya supera los 1.000 nombres, figuran artistas como Brian Eno, Massive Attack, Sigur Rós, Nadine Shah, Idles, Young Fathers, Kneecap, Erika de Casier, Paul Weller, Mogwai, Smerz, Nemahsis o Macklemore. En el listado también aparecen ganadores de Eurovisión como Emmelie de Forest (Dinamarca, 2013) y Charlie McGettigan (Irlanda, 1994), así como la española Blanca Paloma (2023).

Comunicado completo de los artistas y personalidades de la cultura dice así: “Este mayo, se espera que millones de personas sintonicen el 70º Festival de Eurovisión. Por tercer año consecutivo, verán a Israel en el escenario a pesar del genocidio que sigue cometiendo en Gaza, mientras que Rusia permanece vetada por su invasión ilegal de Ucrania. Como músicos y trabajadores culturales, muchos de nosotros residentes en el área de influencia de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), rechazamos que Eurovisión se utilice para encubrir y normalizar el genocidio, el bloqueo y la brutal ocupación militar israelí contra los palestinos. Nos solidarizamos con los llamamientos palestinos a las emisoras públicas, artistas, organizadores de eventos, equipos técnicos y aficionados para que boicoteen Eurovisión hasta que la UER vete a la emisora israelí cómplice KAN. Aplaudimos la retirada, basada en principios, de las emisoras española, irlandesa, islandesa, eslovena y neerlandesa, y de los numerosos finalistas de las selecciones nacionales que se comprometieron a no participar en Eurovisión. Al igual que los artistas se opusieron a la opresión en Sudáfrica, nos mantenemos unidos ahora... Las hipócritas respuestas de la UER a los crímenes de Rusia e Israel han disipado cualquier ilusión sobre la supuesta 'neutralidad' de Eurovisión. En 2022, la UER declaró que la presencia de Rusia 'desprestigiaría la competición'. Sin embargo, tras más de 30 meses de genocidio en Gaza -junto con la limpieza étnica y el robo de tierras en la asediada Cisjordania- no se consideran suficientes para aplicar la misma política a Israel.

“¿Cómo puede un artista o un fan de Eurovisión participar con la conciencia tranquila en la próxima edición del concurso en Austria, en medio de los planes estadounidenses e israelíes para establecer campos de concentración con vigilancia extrema en la 'Nueva Gaza'? Hay momentos en que el silencio pasivo no es una opción. Nos negamos a guardar silencio cuando la violencia genocida de Israel pone banda sonora y silencia las vidas palestinas. Cuando los niños en las cárceles israelíes sufren palizas por tararear una melodía. Cuando de casi todos los escenarios, estudios, librerías y universidades de Gaza solo quedan montones de escombros, bajo los cuales los cuerpos masacrados aún esperan ser recuperados y recibir un entierro digno. Como artistas, reconocemos nuestra capacidad de acción colectiva y el poder de la resistencia. Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices. Hacemos un llamamiento a otros en nuestra industria para que se unan a nosotros. Y nos solidarizamos con todos los esfuerzos basados en principios para acabar con la complicidad en todas las industrias”.

miércoles, 22 de abril de 2026

“Dar voz a los tontos”

 

Así titula David Torres en Público un artículo sobre el excelente instrumento educativo que puede ser la televisión, una ventana abierta al mundo y una academia para todos los públicos. “Sin embargo -nos  advierte-, los Grandes Poderes se olieron el peligro de inmediato y transformaron el excelente instrumento educativo en una zambomba, llevaron la academia al circo y abrieron la ventana a un retrete inmundo.

“Ya he hablado, a raíz de la muerte de José Luis Balbín, de cuánto aprendimos los españoles que tuvimos la suerte de crecer, madurar o envejecer al calor de programas como La clave; los Conciertos para jóvenes con Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York; El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente; A fondo, con Joaquín Soler Serrano.... Hoy en día es inimaginable asomarte a alguna de las cadenas públicas o privadas (cadenas es un nombre que le va muy bien, por los grilletes y por el váter) y asistir al análisis de un poema sinfónico de Strauss, a una lectura de poemas de Gloria Fuertes o a un debate argumentado y razonado sobre la posibilidad de vida inteligente en otros planetas. Aprendíamos a la vez que disfrutábamos, no como ahora, que basta hacer un recorrido por la parrilla (de Ferreras a Motos y de Iker Jiménez a Ana Rosa Quintana) para perder de golpe veinte puntos de cociente intelectual y preguntarse si habrá vida inteligente en la Tierra’

“Quien bautizó a la tele, allá a finales de los cincuenta, como idiot box o ‘caja tonta’ no podía llegar a imaginarse lo idiota y lo tonto que iba a volverse el aparato. Gracias a este interminable descenso hacia el abismo, Nacho Abad llegó el otro día a la fosa de las Marianas de la estupidez, una fosa séptica en la que organizó un debate a traición entre un dermatólogo y un entrenador de fútbol. Tal vez Javi Poves podía haber enseñado algo al doctor Alexandre Docampo si la discusión hubiese versado sobre el catenaccio, el fuera de juego o la presión en el medio campo, pero sus opiniones sobre la incidencia del sol en el cáncer de piel son una mierda pinchada en un palo. Eso sí, resulta hipnótico contemplar la convicción con que Poves defiende que África y Asia no existen mientras rechaza las afirmaciones de Docampo (‘¡Es mentira, es mentira, es mentira!’), porque frente a los cálculos errados de Kepler, Galileo y la NASA están las observaciones de Javi Poves en el lavabo de su casa. Un tipo que hizo un vídeo ahuyentando a unos futbolistas musulmanes con una pata de jamón ibérico.

“Para comprender el grado de imbecilidad que supone la confrontación dialéctica sobre los riesgos de tomar el sol entre un médico titulado y un tonto al sol, basta imaginarse qué sucedería si un día -Dios no lo quiera- a Nacho Abad le brota un lunar sospechoso en la calva. Seguramente, iría la consulta de un dermatólogo en lugar de ir a preguntar a un tuercebotas que cree que el mundo es una palangana. Vale que los tontos tengan voz, pero tampoco hace ninguna falta que tengan un megáfono. Así es como se acaba por darle el título de genio a Donald Trump, como hizo Iker Jiménez, o de Alumna Ilustre de la Complutense a Ayuso, que no se enteró que en Ecuador hablan español hasta que se bajó del avión en el aeropuerto de Quito. Bastante peligro tiene ya que estos ejemplares dirijan la Comunidad de Madrid o la Quinta Flota como para proporcionarles encima patente de corso académica. Tontos recalcitrantes ha habido siempre, pero al menos antes su ignorancia les daba vergüenza o la sacaban a relucir únicamente en la plaza del pueblo, al lado del pilón; ahora Nacho Abad y otros bustos parlantes del periodismo les ceden una cátedra en horario de máxima audiencia para que expongan su analfabetismo a voces. La Tierra no, pero el encefalograma ya no puede ser más plano”.

martes, 21 de abril de 2026

Mi más enconado enemigo.

 

Fue hace unos años cuando comencé a sufrir los primeros síntomas de una enfermedad maléfica. La lentitud, torpeza, pérdida de olfato y algunos trastornos del sueño me despertaron la sospecha de que mi cuerpo podía estar afectado por el párkinson. Cierto temblor de mi brazo izquierdo me imposibilitaba seguir escribiendo con normalidad en el teclado de mi ordenador. Esos primeros síntomas me ayudaron a reconocer a mi más enconado enemigo.

Sin embargo, el inicio del párkinson estaba asociado con otras molestias, a veces más sutiles, a cambios en la vida diaria y a síntomas que no llamaban tanto la atención. Los síntomas fundamentales eran la torpeza motora progresiva, una lentitud inhabitual al caminar o una sensación de pérdida de agilidad que se manifestaban en actividades tan comunes como vestirme, levantarme o salir del coche. De ahí la importancia de una detección precoz, una mirada amplia para recordar que la enfermedad no siempre se presenta como cree la mayoría. Mirar más allá del temblor no solo me ayudó a entender mejor qué era el párkinson, sino también a reconocer antes señales que podían acelerar la consulta y orientar las sospechas.

El temblor podía aparecer, pero no monopolizaba ni explicaba por sí solo el cuadro. A veces el primer aviso no era una mano que temblaba, sino en una marcha lenta, una rigidez que iba a más o en una pérdida de agilidad que alteraba poco a poco la rutina. Uno de los grandes retos del párkinson era que no siempre empezaba con síntomas fáciles de encajar. Según explicaba el doctor García Ruiz-Espiga “la mayor parte de pacientes presentan fenómenos no motores, como estreñimiento, depresión o dolor muscular…pero estos síntomas son muy inespecíficos y pueden darse en personas con otras enfermedades e incluso en personas neurológicamente sanas”. Esa precisión era crucial para no convertirlo en una lista alarmista: había síntomas no motores, pero muchas veces eran señales inespecíficas y podían generar falsas alarmas si se interpretaban fuera de contexto.

“Los síntomas no motores más específicos eran la pérdida severa de olfato y la alteración de sueño REM (movimientos bruscos durante el sueño que podían originar caídas de la cama)”. Eran datos con valor divulgativo porque desplazaban la conversación hacia el olfato, los trastornos del sueño y otras pistas específicas que rara vez formaban parte de la imagen popular del párkinson, pese a que podían resultar muy orientativas cuando aparecían junto a otros cambios.

Yo sabía que, cuando esos cambios se sumaban a una torpeza progresiva o a una lentitud llamativa, el cuadro empezaba a adquirir otra dimensión. Y que, donde sociedad mejor informada, menos atrapada por el tópico del temblor, podía favorecer una mirada global, una sospecha razonable y una consulta temprana. “Ante un paciente que se muestra con torpeza y pérdida de agilidad progresiva, en especial, marcha muy lenta o que necesita ayuda para tareas comunes (vestirse, comer, levantarse de la silla, salir del coche), merece la pena considerar remitir al neurólogo para valoración”. La frase era especialmente valiosa porque habla el lenguaje de la atención primaria, no describe solo una teoría, sino escenas reconocibles de la vida cotidiana”.

Quien empezaba a moverse peor podía pensar que estaba atravesando una época de cansancio; quien tarda más en abrocharse una camisa podía atribuirlo a la edad; quien se levantaba con dificultad podía no interpretarlo como parte de un problema neurológico. Eran cambios cotidianos, a menudo sujetos a normalización, que exigían una buena sospecha clínica cuando progresaban, persistían y empezaban a restar autonomía. Y el párkinson sin temblores podían esconderse detrás de esas pequeñas renuncias de cada día.

´pLa idea se reforzó aún más cuando explica cuál era, a su juicio, la herramienta decisiva: “La herramienta más útil es la experiencia de un neurólogo acostumbrado a tratar esta enfermedad. Existen técnicas de apoyo, pero en la mayoría de los casos, no son necesarias. Únicamente es altamente recomendable realizar una prueba de imagen (TAC o RNM) ante la sospecha de párkinson para descartar otras enfermedades (multiinfarto cerebral, hidrocefalia, etc.)”. Era una explicación que devolvía el foco al ojo experto, a las técnicas de apoyo y a las pruebas de imagen en su justa medida: útiles para apoyar o descartar, pero no sustitutivas de una valoración bien entrenada. En ese terreno, la experiencia pesaba mucho. Y cuanto más se sabía que el párkinson podía empezar sin temblor, más fácil era que la cadena entre paciente, familia, atención primaria y neurólogo se activase a tiempo.

El especialista introduce un mensaje importante de equilibrio entre realismo y acompañamiento: “Ciertamente -reconocía el especialista- es un impacto conocer la presencia de la enfermedad, por eso es necesario dejar claro al paciente y la familia que es una enfermedad tratable (como la diabetes), y que la actitud del paciente es básica para su mejoría”. Convenía insistir en que se trataba de una enfermedad tratable y que la primera aproximación importaba tanto como la información que se transmitía. A partir de ahí, el doctor añade un elemento muy concreto que hoy se considera central en el abordaje: “No solo cuenta el tratamiento médico. También cuenta la actividad y el ejercicio físico del paciente. Un paciente activo, que anda a diario, que se mueve, que va al gimnasio evolucionará mejor. El paciente es en buena parte responsable de su futuro”.

Me hago estas reflexiones diez días después de celebrar el Día Mundial del Párkinson. “Esta enfermedad es tratable con medicación, con actitud positiva y ejercicio físico”, resume el dotor García Ruiz-Espiga. Y añade a continuación una palabra que conviene no perder de vista en esta enfermedad crónica y neurodegenerativa: ‘Esperanza’. Porque la conciencia social, la detección precoz y un mensaje de esperanza pueden cambiar la experiencia del paciente desde el mismo momento en que empieza a buscar respuestas. En los últimos 20 años el tratamiento ha avanzado de forma notable, pero tal vez el avance práctico mayor ha sido conocer y confirmar que el ejercicio físico es altamente recomendable en esta enfermedad”.