jueves, 25 de octubre de 2012

El Corte Inglés vestirá a la Policía.




Un grupo de policía protege celosamente la entrada de El Corte Inglés, en La Coruña, donde un nutrido piquete intenta entrar sin éxito en apoyo a la huelga general.


Antidisturbios protegen la entrada de El Corte Inglés de Plaza Catalunya, en Barcelona.


El Corte Ingles de Callao, en la Huelga General del 29- M


El Corte Inglés de Pamplona cerró sus puertas  después de que se registraran incidentes en las inmediaciones de este centro comercial, donde se congregaron grupos de huelga.

Policía en el Corte Inglés de la Plaza del Duque en Sevilla

El pasado 16 de septiembre se formalizó un contrato de Interior con El Corte Inglés, SA, quién no tuvo que presentar una oferta especialmente competitiva para hacerse con el suministro. Gracias a la misma, la división económica de la Policía adquirirá elementos de vestuario policial que los antidisturbios utilizan en sus actuaciones ordinarias como gorras, camisas de manga larga y corta, forros polares, pantalones de invierno y de verano… El Gobierno de Rajoy vestirá, pues, a la Policía en El Corte Inglés, tras adjudicarle un contrato para suministrar vestuario a los agentes, según publicaba el martes pasado el Boletín Oficial del Estado. El curioso anuncio indica las ventajas de la oferta adjudicataria “por ser la única empresa presentada y cumplir con los pliegos de bases”.

Evidentemente, la Policía custodia con especial atención la Banca, las Cortes… y el Corte Inglés. Éste ha sido siempre objeto de especial atención policial en los momentos de tensión. Recordamos la imagen del Corte Inglés de la Coruña cuando un grupo de policía protegía la entrada, donde un nutrido piquete intentó entrar sin éxito en apoyo a la huelga general. Recordamos la foto de los antidisturbios ante el Corte Inglés durante la última huelga general. O la segunda convocatoria de huelga en Navarra, el pasado 26 de septiembre cuando, coincidiendo con el horario de apertura del Corte Inglés, unas 30 personas se concentraron frente a su puerta de entrada y el grupo se fue ampliando hasta llegar al centenar de personas, identificadas con pegatinas de LAB y gritando consignas como “No es crisis, es capitalismo”. O cuando el diputado de Amaiur por Navarra, Sabino Cuadra, criticó que fuera golpeado en dos ocasiones por agentes de la Policía Nacional en los incidentes producidos alrededor de El Corte Inglés de Pamplona con motivo de la jornada de huelga general. O cuando los agentes del Cuerpo Nacional de Policía mantuvieron protegidos los accesos a El Corte Inglés en otros lugares.

Por todo ello, El Corte Inglés agradece a la Policía su custodia, permitiendo que vista como dios manda. Claro que cobrando por ello el importe de 149.451 euros, que no es moco de pavo en estos tiempos de crisis. ¡Ah!, me olvidaba de un pequeño detalle. Y es que el año 2009 ya se modificó el diseño y el estilo de los uniformes. Por lo visto, la crisis no repercute en este cuerpo, siempre dispuesto a defender a los más fuertes. Otra cosa es lo que sus miembros cobren por repartir leña.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Protestas dentro y fuera del Congreso.



Concentración de ayer, en la plaza de Neptuno, frente al Congreso de los Diputados,  durante el pleno que celebró la Cámara Baja sobre los Presupuestos.

Mensajes, alternativas y quejas quedaron plasmados en cientos de carteles que colgaban en las vallas del Congreso. AFP

La protesta “Rodea el Congreso” coincidió ayer con el inicio del debate de las once enmiendas de totalidad, donde todos grupos parlamentarios opuestos al Gobierno presentaron sus disconformidades con los Presupuestos Generales del Estado para 2013. Y el ministro Montoro, aseguraba que eran “los presupuestos más sociales de la historia de la democracia”. A la misma hora, los manifestantes se acercaron a Las Cortes clamando contra el bipartidismo, la banca y los recortes. Para los “indignados” manifestantes, las cuentas públicas que se debatían a escasos metros de sus críticas sólo generaban “opresión y miseria”.

Isaac Rosa, en un artículo publicado en Diario.es el pasado día 18 de octubre, aconsejaba no olvidarse de una lista de cosas en las próximas manifestaciones: “Además del silbato, la pancarta y el móvil, no te olvides de llevar apuntada la lista de todas las cosas que debes tener en cuenta al protestar: no hagas fotos a los policías, no convoques por Internet, no te manifiestes sin autorización de la delegación del Gobierno, no ofrezcas resistencia ni siquiera pasiva, no hagas asambleas en los parques, ten cuidado con los ‘compañeros’ infiltrados, no te acerques al Congreso… Y otras que irán surgiendo de aquí a entonces, que cuando uno se pone a modular manifestaciones, le coge el gusto y no hay quien le pare…

“Aparte de quedarte en casa –seguía Rosa aconsejando, a la vista de la dureza policial–, pocas opciones van a dejar si siguen por este camino, porque lo próximo puede ser una limitación horaria a las manifestaciones, prohibición de superar cierto nivel de decibelios, u obligación de llevar la identificación cosida al pecho (para los ciudadanos, no para los policías, claro). Cualquier cosa es posible en esta pendiente punitiva por la que se deslizan las autoridades, tanto más deprisa cuanto más prende el descontento en la calle. La magnitud de la crisis socioeconómica no se mide ya por el número de parados, la caída del PIB o la prima de riesgo. Los mejores indicadores de hasta dónde están llegando el empobrecimiento y la desigualdad los encontramos en la dureza policial, la persecución del disidente, el endurecimiento de penas, las actuaciones preventivas, las portadas de prensa criminalizadoras, el blindaje de las instituciones y la presencia permanente de ‘lecheras’ como parte del paisaje en las ciudades”.

A las seis y media, los congregados, no dispuestos a arrodillarse ante las medidas de este Gobierno, desarrollaron una asamblea en la plaza de Neptuno, no lejos de los leones que flanquean la puerta principal del Congreso, sobre los presupuestos, la deuda y los recortes. Pero ni se produjeron cargas policiales, ni hubo detenidos. La violencia, ausente por parte de los ciudadanos indignados y de la Policía, no hizo acto de presencia y unos 600 agentes antidisturbios que rodeaban Las Cortes, perfectamente preparados parar defenderlas a las buenas o a las malas, se limitaron a vigilar y a hacer identificaciones.

martes, 23 de octubre de 2012

El adiós de Enric González.



Enric González y Soledad Gallego-Díaz, dos periodistas caracterizados por su competencia y honestidad, anunciaron su marcha voluntaria de “El País”, a raíz del ERE presentado por el Grupo Prisa que incluye despidos, prejubilaciones y reducción salarial a 150 trabajadores. Gallego-Díaz fue directora adjunta y corresponsal en Bruselas, Londres, París y Argentina. Recibió el Premio Francisco Cerecedo de periodismo y el Salvador Madariaga. Pero no es de ella de quien pretendemos hoy hablar, sino de él, vinculado a este periódico desde la década de los 80, antes de tragar con los brutales recortes de Cebrián. Nacido en Barcelona, en 1959, Enric González era el corresponsal de El País en Israel, y es un maestro de periodistas. Anteriormente, fue corresponsal en Londres, París, Nueva York, Washington y Jerusalén… Cubrió la guerra del Golfo y es habitual colaborador de Jot Down. González firma un artículo durísimo en esta revista en el que explica lo mucho que “El País” ha hecho por él, pero insiste en la “repulsión” que le causa Juan Luis Cebrián.

“Lo lamento –dice González– por todos los que se van, que son muy buenos profesionales." Pero, mi caso es distinto. Yo he podido elegir”. Anteriormente, en mayo del 2009, fue censurado por la dirección de “El País” cuando ésta decidió que su columna no viera la luz, tras considerar que la siguiente afirmación era un insulto a los propietarios del mismo: “Uno ve todo lo negro. No quiero ponerme en lo peor, pero cualquier día, en cualquier empresa, va a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños”. Ni lo que vieron sus ojos en Ruanda o en la Guerra del Golfo, ni la presión de la maquinaria periodística, cambió la manera de vivir y de escribir de este periodista que también fue Premio F. Cerecedo al mejor corresponsal de guerra y Premio Ciudad de Barcelona de Periodismo. Incansable, despierto, lúcido, su nuevo reto era contar las historias de Israel y Palestina. A raíz de su decisión de dejar “El País”, Enric González escribió: “Que yo deje un empleo, carece de interés. Que más de diez docenas de periodistas sean despedidos de un periódico que baña en oro a sus directivos y derrocha el dinero en estupideces es bastante grave. Que en España haya millones de personas sin trabajo y con muchísimas dificultades para llevar una vida digna, mientras algunos se enriquecen a costa de la miseria ajena, es una tragedia”.

“Con todos mis respetos”, titula en un artículo durísimo en Jot Down, al despedirse de “El País”, en el que empieza recordando cómo este periódico se encargó de pagar los gastos que supuso el ingreso en la UCI de su mujer y su hija, tras su nacimiento, o cómo se le pagaron cursos en Esade y una beca en Estados Unidos, cuando Juan Luis Cebrián era director del diario. Enric González insiste en la “repulsión” que le causa Cebrián. Era ya conocida su mala relación con la dirección del periódico, después de que le censuraran un artículo en el que advertía contra “la ludopatía bursátil” de ciertos dueños de empresas y muchos vieron un intento de acallarle cuando le dieron la corresponsalía de Jerusalén. Sin “olvidar esas cosas”, González confiesa que “ahora comparto la opinión universal sobre Cebrián. A mí también me causa horror y una cierta repulsión. Pero, prefiero pensar que está enfermo y que la cura a su enfermedad no puede pagarse con dinero –comenta el periodista–. Dudo que lo suyo tenga remedio. Es una lástima”

González explica por qué ha decidido acogerse voluntariamente al despido colectivo que se hará con un tercio de la redacción. “Me permite acogerme, sin negociaciones particulares, a la indemnización que se establezca para el colectivo”, argumenta, para confesar que “El País ha hecho por mí mucho más que yo por él y, hasta no hace mucho, confiaba en que, pese a la crisis, la general y la del sector, lograría superar sus disfunciones”. Desconoce quién figura con él en la lista de los que se van. “Solo sé que son compañeros y amigos. Igual que casi todos los que se quedan. Quiero suponer que me equivoco de nuevo y que ‘El País’, que seguirá contando tras los despidos con bastantes de los mejores periodistas de España (e, inevitablemente, con unos cuantos personajes lamentables), aún valdrá la pena”. Termina confesando que ha escrito estas líneas con vergüenza y subraya: “Que yo deje un empleo carece de interés. Lo que es bastante grave es que más de diez docenas de periodistas sean despedidos de un periódico que baña en oro a sus directivos y derrocha el dinero en estupideces. Que en España haya millones de personas sin trabajo y con muchísimas dificultades para llevar una vida digna, mientras algunos se enriquecen a costa de la miseria ajena, es una tragedia”. González remacha su artículo con la siguiente frase: “Perdonen el desahogo. No volverá a ocurrir”.