Murió Pedro Ribas, el filósofo admirador de Unamuno.
El pasado 6 de enero
recibía un correo electrónico de Pedro Ribas Ribas, amigo y compañero desde mi
juventud en Ibiza. “Hola, Santiago -me escribía-, estamos ahora en Sanse. Me
acaban de operar la cadera derecha. Doy unos paseos por un camino de la
urbanización, sin coches. Espero recuperarme pronto. De momento, tengo que
moverme con mucho cuidado. Necesito ponerme una media muy ceñida todos los días
(durante sesenta días). Es un rollo porque no me la puedo poner yo mismo, sino
que necesito la ayuda de Ortrun, pero ya ha aprendido algún truquillo. Me
alegro mucho de que publicaras ‘Peros de papel’ y no sé si llegaste a publicar
también ‘El crisantemo azul’. Sé que tienes, además infinidad de seguidores en
el blog. Estupendo. Espero que podamos vernos cuando esté yo más suelto con la
cadera. Lo que decías de la afasia oral es doloroso, pero si puedes escribir,
al menos es una forma de expresarse. Que te hayas reincorporado a una banda
también es muy positivo. Siempre has estado muy ligado a la música, lo que me
parece fantástico. ¿La familia va bien? Espero que sí y que este año sea bueno
para todos. No es que los augurios sean positivos, pero aquí vamos a quedarnos
en lo familiar y en los deseos de que el 2026 nos traiga cosas buenas. Un
abrazo de Pedro”.
Tres días más tarde, mi
amigo Pedro, con tres años más que los míos, catedrático de Filosofía en la
Universidad Autónoma de Madrid, autor de la celebrada traducción de 'La crítica
de la razón pura', que tantos hemos leído y de muchos otros trabajos sobre
Unamuno y otros autores, fallecía y era
despedido en el tanatorio de La Paz. Allí me desplacé para despedirme de él y
pude comprobar cómo muchos de sus amigos se dieron cita mientras recordaban el
paso de este filósofo por ese mundo.
Séptimo de once hermanos,
Pedro Ribas Ribas nació en Ibiza el 22 de junio de 1939. Es cáncer capricornio,
pero él no creía en los signos zodiacales. Su infancia se desarrolla en los
años más duros de la Guerra Civil en los que se trabajaba hasta dieciocho horas
diarias para ganarse un pequeño jornal. Pedro logró entrar en el Seminario de
Ibiza. Luego, va a la Universidad Pontificia de Salamanca. Se licencia y
doctora en Filosofía en la universidad seglar y logra ser cofundador de la
Universidad Autónoma de Madrid, donde se especializa en Historia del
Pensamiento español.
Pedro Ribas es autor de
los siguientes libros: “La introducción del marxismo en España” (Ensayo
bibliográfico), “Aproximación a la historia del marxismo español”, “Verbreitung
und Rezeption der Werke von Marx und Engel in Spanien”, “Para leer Unamuno”,
“¿Se puede entender a Kant en español?” Editó y tradujo a clásicos alemanes
como “Crítica de la razón pura”, “Herder: obra selecta”, “Kart Marx/Friedrich
Ángel: Escritos sobre España” (Trotta), “Kart Marx/Friedrich Engels: Manifiesto
del Partido Comunista del Partido Comunista” . Editó asimismo numerosos
escritos no recogidos antes en libro como: “Unamuno, escritos socialistas”,
“Unamuno, Política y filosofía” (Artículos recuperados), “Unamuno y el
socialismo”, “Unamuno: Cartas de Alemania". Colaboró en libros colectivos
como “Uamuno y el problema agrario”, “Pensamiento filosófico español”,
“Pensamiento filosófico español”. Y es autor de otra treintena de artículos en
español, inglés y alemán publicados en diferentes revistas.
A Pedro, con quien
coincidí en numerosos actos culturales, le preguntaba en “Entrevistas a isleños
en Madrid, el 20 de agosto del 2011: “Alguna vez pensaste en dónde te gustaría
morir o que te enterraran?” Esta fue su contestación: “Nunca lo he pensado. A
Unamuno la muerte le preocupaba mucho. Habla mucho de ella. A mí me gusta Unamuno,
como escritor y pensador, pero no esa faceta suya. Y no me lo he planteado
mucho. ¿En dónde me gustaría morir? La verdad es que no me importa demasiado.
Simplemente, no quisiera que me enterraran en un nicho entre hormigones, sino
bajo tierra, en donde fuera. No me importa demasiado el sitio, con tal de que
tenga alguna planta o flor encima. O si me apuras, casi preferiría que
esparcieran mis cenizas por el mar Mediterráneo. En el Levante, cerca de las
Baleares. Sería una manera de volver a las raíces”.

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