Cristiano se fue del Mundial y qué pena, oye.
Cristiano Ronaldo se fue
del Mundial tras la derrota de Portugal contra España por 1-0, con un gol de
Mikel Merino en el tramo final. Era su sexto Mundial, tiene 41 años y ya había
dicho que este sería el último. Fin de época, dicen. Lágrimas, música triste,
recopilatorios, épica de patrocinio. Y sí, como futbolista fue gigantesco. Pero
tampoco hace falta fingir una pena universal por alguien que eligió hace tiempo
convertirse en postal de la ultraderecha internacional.
Porque este no es solo el
Cristiano de los goles, los récords y la ambición descomunal. También es el
Cristiano que se fotografió sonriente con Trump en la Casa Blanca, pulgar
arriba, como si posar junto a un multimillonario autoritario fuera otra campaña
de relojes. Luego nos piden separar deporte y política. Qué casualidad: solo
piden separarlo cuando la política la hacen los ricos, los famosos y los
poderosos. Cuando un deportista levanta una bandera palestina o denuncia el
racismo, entonces sí molesta. Entonces sí hay que callarse y jugar.
Así que no, no vamos a
llorar demasiado. Cristiano se va del Mundial sin levantar la copa y con toda
la maquinaria mediática preparada para canonizarlo por última vez. Que disfrute
su legado, sus millones y sus amistades peligrosas. La pena, de verdad, queda
para quienes no tienen cámaras, ni contratos, ni Casa Blanca, ni FIFA mirando
hacia otro lado.
(Spanish Revolution)


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