miércoles, 1 de agosto de 2007

1 de agosto. Corresponsales extranjeros en España

Hace seis años, Walter Haubrich recibió el premio de periodismo Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos. Junto con Antonio Novais, ya fallecido, quien trabajaba para “Le Monde”, eran los dos corresponsales más conocidos por los españoles, sometidos a la censura franquista, y por los extranjeros, en el mundo de habla alemana y francesa. El Jurado concedió su Premio a Haubrich por haber contribuido "a la recuperación de las libertades y a la dignidad de los españoles". En la entrega, el Príncipe de Asturias recordó que, durante más de treinta años, las crónicas de Walter Haubrich para el Frankfurter “han sabido transmitir, con gran humanidad y perspicacia, ese largo camino de los españoles hacia un modelo de sociedad nueva como el que hoy disfrutamos” Y llegó a compararlo con los grandes corresponsales que trabajaron en España como Ernest Hemningway, George Orwell o Ilja Ehrenburg.

El Príncipe Felipe se refirió a varios corresponsales de guerra en Afganistán, entre los que figuraban Cuco Cerecedo, Julio Fuentes y sus compañeros, la italiana María Frazia Cutuli, el australiano Jarry Burton, el afgano Azizullah Haidari y el sueco Ulf Stromberg. “Ellos son la prueba última de una profesión que sabe asumir la máxima intemperie, la máxima generosidad, la máxima grandeza. Merecen ser honrados por acercarse para informar hasta ese punto ardiente en el que se resuelve el fracaso que siempre suponen las guerras, y que a todos nos cambian. Ellos forman parte, como se ha escrito, de la infantería de la historia, pisan el terreno minado y a veces caen con los ojos abiertos”.

En una entrevista que mantuve con Haubrich en los inicios de los ochenta, me contó que había pasado por periodos muy duros como corresponsal de prensa extranjera. Fue uno de los más antiguos que hubía en España. Nació en Renania, en 1935, y ejerció de lector en la Universidad de Santiago de Compostela y en la de Valladolid, combinando las clases con las colaboraciones en prensa, radio y televisión alemanas. Desde 1961, era corresponsal del “Frankfurter Allgemeine Zeitung” en España, Portugal y Norteáfrica, y viajó por Sudamérica. Fue durante siete años presidente del Club Internacional de Prensa en España y, durante cuatro, presidente de la Asociación de Periodistas Europeos.

A propósito de cuál era la situación del corresponsal extranjero en España, comparada con la de los tiempos de Franco, Haubrich me comentó: “En el último lustro de la España de Franco, la situación para el corresponsal extranjero no era la de los países totalitarios con las dictaduras más cerradas, pero tampoco la de un país libre. El Gobierno español tenía cierta prudencia para que no se registraran escándalos y expulsiones con nosotros. Querían que presentáramos un país igual que cualquiera de los occidentales. Para ello, nos presionaban continuamente y hasta se registraban amenazas. Los más temidos o los más críticos a la dictadura éramos citados al ministerio, o nos hacían esperar en la concesión del nuevo carnet, o nos amenazaban con la expulsión. Yo sé que mi caso fue tratado dos veces en Consejo de Ministros. Y el corresponsal de ‘Le Fígaro’ fue expulsado por Fraga. A veces, las amenazas eran de otra forma. Recuerdo que Sánchez Bella, que era tan claro como bruto, nos dijo que, si nosotros nos comportábamos mejor, ellos mejorarían el Club Internacional de Prensa, construyendo incluso una piscina y poniendo la comida más barata. ‘Porque ustedes son una gentuza –añadió sin ningún rubor – Y, o eliminan entre ustedes mismos a los peores y los castigan, o tendré que hacerlo yo’.

Haubrich creía que Sánchez Bella había sido uno de los ministros de Información menos peligrosos porque decía las cosas claramente y porque no sabía distinguirnos. “No leía mucho y, para él, los corresponsales extranjeros éramos todos iguales. Fraga, en cambio, sabía distinguir perfectamente cuáles éramos los más críticos. Y, en su tiempo, había una persecución más personalizada. A veces éramos citados tanto en el Ministerio de Información como en el de Asuntos Exteriores, en donde nos amonestaban seriamente y se nos amenazaba con la expulsión si volvíamos a escribir tan críticamente. Lo que pasaba, y eso lo sabíamos muy bien, era que la expulsión propiamente dicha no se producía porque podía ser motivo de un escándalo europeo o mundial y se quería evitar a toda costa. También hubo mucho soborno”.

Premiado por sus crónicas políticas y culturales “en años decisivos de nuestra historia”, Walter Haubrich es reconocido como un valor que contribuyó “a la recuperación de las libertades y a la dignidad de los españoles”. Tras su jubilación, Habrich se ha quedado a vivir en España. Piensa que no debería secuestrarse una revista como El Jueves. Que en España se han recuperado todas las libertades. Y que le gusta vivir en este país y ver cómo evoluciona.

lunes, 30 de julio de 2007

30 de julio. Cuando las ventas de "El Jueves" se disparan.

Imagen de la portada de "El Jueves", retirada por el juez.


Un simple dibujo humorístico en la portada de “El Jueves” del pasado 18 de julio ha provocado el secuestro de dicha revista por la decisión del juez Del Olmo, a instancias de la fiscalía. La revista ironizaba con la decisión del Gobierno de pagar 2.500 euros para incentivar los nacimientos. Claro que el dibujo en cuestión no era una pareja cualquiera copulando, única manera conocida de conseguir la recompensa, sino que caricaturizaba a los Príncipes de Asturias copulando, desnudos. El fiscal que lleva el caso interpretó que la imagen y diálogos de la pareja que representaba a sus Altezas “en actitud claramente denigrantes y objetivamente infamantes, pudieran constituir un delito penal y provocar un grave menoscabo del pretigio de la Corona, según el artículo 491 del Código Penal”. Una injuria a los descendientes de los Reyes que, si bien, comen, duermen, veranean y hacen el amor como todo hijo de vecino, se ven rodeados por una moralidad y unos poderes que, de esta manera, intentan protegerles del resto de los mortales.


El dibujante Gillermo, autor de esta viñeta, y el guionista, Manuel Fontdevila, declaran que no tenían intención de injuriar a los Príncipes, sino de criticar una medida que subvenciona con 2.500 euros cada nacimiento, incluso a aquellas parejas que no los necesitan. Eligieron a los Príncipes por ser unaa pareja muy popular y la más representativa de la sociedad española. Para el dibujante, la decisión del juez es “una solemne torpeza” porque “ahora la carátula aparecerá en todos lados”. En efecto, el secuestro de la revista provocó su aparición por doquier, hasta multiplicar su imagen en infinidad de páginas web. Lo mismo que la imagen del oso Yogi, publicada en octubre del 2006 en los diarios “Deia” y ”Gara”, que ridiculizaba al Rey bajo el pretexto de que medios periodísticos rusos le atribuían la caza de un oso drogado o borracho. Ya en aquella ocasión se presentó una querella en el juzgado de intrucción número 3 de la Audiencia Nacional. Pero, tanto estos diarios como la revista satírica reciben, con semejantes decisiones judiciales, una publicidad imposible de pagar. “Parece –ha dicho con mucho acierto Carlos Portela, codirector de Salón de Viñetas desde O Atlántico– como si el juez trabajase para “El Jueves”, porque ha conseguido que esa portada sea más conocida que ninguna otra. Esto debería abrir el debate sobre si las injurias a la Corona deben ser delito”.


Diversos profesionales del derecho así como el Colegio de Periodistas de Cataluña condenan rotundamente este secuestro. “Una revista satírica –declara Carlos Santamaría, director de la Federación de Industrias del Cómic– está para satirizar la vida pública, la Iglesia, las Instituciones o al venico del al lado, pero parece que existen instituciones que están por encima del bien y del mal. Y tenemos un sistema judicial que carece del sentido del humor”. Joan Tardá, portavoz del ERC en el Congreso, declara que tal secuestro es “un atentado” contra la libertad de expresión cometido por el “búnquer judicial” que deja a la justicia española “en muy mal lugar”. “La decisión del juez demuestra la debilidad de la institución monárquica y la ‘complicidad’ de la judicatura con la Corona”.


Es lógico que un dibujante jocoso mueva sus rotuladores con imaginación y consiga arrancar carcajadas de humor aún a costa de que una autoridad se enfade o la fiscalía amenace al dibujante y al guionista. Porque el humor, tan escaso en ciertas estancias ministeriales, es un elemento imprescindible en esta vida. Y, en este caso, no cabe olvidarse de que se trata del acto que más aproxima a poderosos y mortales de a pie. Del acto más humano y sublime que existe sobre la tierra aunque, desarrollado en ciertas circunstancias, pueda ser considerado pornográfico y soez, o, en otras, como ésta, simplemente utilitario –no todos los días te caen 2.500 euros por realizar un acto en el que tanto la plebe como la realeza deben seguir idénticos caminos–. Un acto mucho menos belicoso que el torear y matar de una estocada al animal acorralado que lucha en una plaza. Por supuesto que los aplausos de un público enfebrecido por los pases del torero pueden provocar más aplausos pero también más náuseas y repugnancia que la entrega amorosa de dos parejas que se aman. Y sin embargo hay monarcas que, aunque no consienten que su desnudo sea explotado ni toleran que el pueblo se ría ni haga bromas con su sexo, acuden a la plaza y se regodean con un público morboso en esas lides.


Y hete aquí que Iñaki Anasagasti, en su blog personal, arremete contra la familia real a la que tilda de “vaga” e “impresentable”. “Pero –concluye el senador del PNV–, lo que más me ha gustado de la viñeta del “El Jueves” es que el Príncipe Felipe diga que ese es su único trabajo”. En Diariocrítico, insiste en que “nadie sabe dónde está el rey cuando nace su segunda nieta, se va da cacería cada dos por tres a hacer de las suyas o se instala en Mallorca con toda su numerosa familia a pasarse dos meses de vacaciones o a estrenar su nuevo yate Bribón (vaya nombrecito), en aguas alicantinas. Este –concluye el político vasco– sí es todo un escándalo y no la caricatura de El Jueves”.


Todo lo cual me lleva a la conclusión de que, en este país, mientras no se demuestre lo contrario, tanto para lo bueno como para lo malo, un dibujo, lo mismo que una fotografía, al menos judicialmente, vale más que mil palabras o que diez mil escritos. Porque, de haberse reproducido la viñeta con el texto pero sin el dibujo, lo más probable es que no hubiera pasado nada. Claro que tampoco las ventas del semanario se hubieran disparado.

viernes, 27 de julio de 2007

27 de julio. Vivir aislado.


Definitivamente, debo reconocerlo: vivir aislado, apático por los falsos valores de este mundo, desentendido del último momento periodístico, es la mejor manera de comprender a los demás. Ya lo manifestó Paul Auster en “La invención de la soledad”, tras la muerte de su padre. Se trata de una de las reflexiones más lúcidas sobre la capacidad y la necesidad que tiene el escritor de estar solo: (…) ”Lo asombroso es que, cuando uno está más solo, cuando penetra verdaderamente en un estado de soledad, es cuando deja de estar solo y comienza a sentir su vínculo con los demás”. Mi aparente aislamiento me conecta mejor con el mundo y mi fingido desinterés por los acontecimientos sociales me une a mis semejantes. Ambos estados me ponen en guardia contra ese mundo insolidario y miserable, sucio y egoísta, que sigue gimiendo en una esquina mientras, desde otra, no deja de pedir muestras de solidaridad.

Pero, por más que lo intente, no logro limitarme a cincelar mi espíritu que intenta acercarse a cualquier acontecimiento que me rodea. Sé que ahondar en ellos, escribir y tratar de comprenderlos desde mi soledad, ahora que me han obligado a cortar toda relación con la prensa, es un ejerecicio inútil pero no del todo desesperado. Me quedan esas notas en negro sobre blanco, como testimonio personal en medio de un torrente de hechos y de sucesos que me mantinen desvelado. Debo escribirlas como prueba de que sigo creyendo en la palabra escrita. Es la única opción que me queda.