miércoles, 26 de agosto de 2009

La Iglesia Católica recula descaradamente.

El cardenal español, Antonio Cañizares.
El Papa, Bemnedicto XVI.


La Congregación del Culto Divino, organismo presidido por el cardenal español, Antonio Cañizares, añora los tiempos pasados hasta el punto de recular descaradamente. Este “ministerio” vaticano presentaba, hace casi cinco meses, un documento a Benedicto XVI en el que abogaba por retornar a las misas oficiadas en latín y de espaldas a los fieles. Hace dos años, por iniciativa del Papa Ratzinger, se permitieron las misas latinas y de espaldas, si bien, sólo de modo extraordinario. Entre las nuevas propuestas aprobadas por el Culto Divino, figura asimismo la de proclamar que la forma habitual de recibir la comunión sea en la boca y no en la mano, que se convierte como un rito extraordinario.

De salir adelante estas normativas, el Vaticano enterraría de un plumazo las reformas aprobadas hace medio siglo por el Concilio Vaticano II. La reforma auspiciada por el cardenal Cañizares recibió el visto bueno de la mayoría de los miembros de la Congregación, quienes votaron a favor de una mayor sacralidad del rito, la recuperación del sentido de la adoración eucarística, el retorno del latín en la celebración y una nueva redacción de las partes introductorias del misal. Con ello se pondrían coto a los abusos, nuevos experimentos y democracia en el seno de esta institución que ha demostrado que ni va con este siglo ni ha hecho el menor esfuerzo por comprenderlo. El último caso que así lo demuestra es la crisis motivada por el impacto global de la pandemia de la nueva gripe. (Ver el blog de ayer titulado “A las imágenes, ni tocarlas ni besarlas).

Las misas en latín y de espaldas al pueblo (con el sacerdote dirigido hacia Oriente), una medida adoptada en el Concilio de Trento (siglo XVI), como respuesta a la Reforma Luterana, se han impuesto en el Vaticano, quedando abolida la misa tridentina, la que propició Juan XXIII. Con él, la Santa Sede había abierto las misas en la lengua de cada país y la mayor participación de los fieles en las celebraciones litúrgicas. Pero, con la llegada del Papa Joseph Ratzinger, el mismo cuyo oscuro pasado era recordado por algunos titulares, al haber sido miembro, brevemente, de la Juventud Hitlerana, se registró un retroceso paulatino que tanto afecta al latín como el volver la espalda al pueblo. Además de otros detalles de este papado como el levantamiento de la excomunión a los obispos lefebrvianos, separados de Roma.

“La Iglesia católica pierde adeptos –según señala el antropólogo Elio Masterrer, presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones– y enfrenta una grave crisis por distanciamiento del clero con los fieles. Atraviesa una severa crisis, que no se veía en los últimos 400 años y ya no le queda otra opción que reconocer ese trance”. Masferrer recuerda que, en las últimas semanas, el Papa Benedicto XVI tuvo “desatinos” en algunas declaraciones sobre el Islam, y, recientemente, la polémica sobre el retiro de la excomunión a obispos que afirmaron la inexistencia del holocausto. “El Papa ha tenido un comportamiento ambiguo (…) con ello, se pone en duda su calidad como representante de Cristo en la Tierra… Benedicto XVI está creando una situación cismática, de ruptura porque, al rescatar a los lefebristas (obispos que negaron el holocausto y que rompieron con la Iglesia Romana), deja afuera al Vaticano II y pone en duda su propia legitimidad… Definitivamente, un Papa que no defiende al Concilio Vaticano II tiene que convocar a otro Concilio (…) Y, si rompe con el Vaticano II, rompe incluso con el criterio de descendencia apostólica”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El enemigo principal de la Iglesia Católica es todo aquel que responda "no se" a la cuestión de si cree o no en Dios. Y ello quizá sea, porque se trate de la respuesta correcta para la papeleta de la salvación. Todos los demás se condenarián.

chiflos.