viernes, 16 de enero de 2026

Trump quiere el Premio Planeta.

 

El presidente estadounidense, Donald Trump.

David Torres recuerda bajo este titular en Publico que, en julio de 2024, durante un mitin en Florida, Trump convocó al electorado cristiano con una frase histórica: “Votadme y no tendréis que volver a votar”. “Es posible que los estadounidenses estén tan hartos de ese menú de dos platos consistente en derecha y más a la derecha que al final decidan no decidir más. Woody Allen decía que la democracia es un invento que funciona más o menos bien, pero que el sistema americano tampoco es manco. Lo más similar a un dictador que han padecido los Estados Unidos fue Franklin D. Roosevelt, un paralítico que fue elegido cuatro veces, reactivó la economía mediante medidas prácticamente socialistas y tomó decisiones tan dudosas como el internamiento de más de cien mil ciudadanos de origen japonés tras el ataque a Pearl Harbour. Trump tiene a favor de Roosevelt que conserva el uso de sus piernas, aunque en contra tiene todo lo demás”.

“Como no le basta con ser presidente de los Estados Unidos, Trump quiere ser también virrey de Venezuela, regente de Groenlandia, comisario del Atlántico Norte, mariachi en México y prefecto en Canadá. Ya lo advirtió con una felicitación de Año Nuevo en la que mezclaba una secuencia de Gladiator con otra suya caminando entre cazabombarderos y tocado con su gorra de combate. Nadie se atrevió a explicarle que -caso de parecerse a alguien en esa película- no sería a Máximo Décimo Meridio, general romano caído en desgracia, sino más bien al emperador Cómodo, un déspota sanguinario, mongoloide y abusón. No hay muchas semejanzas entre Donald Trump y el Russell Crowe de hace un cuarto de siglo, más allá de la bipedestación, pero tampoco era cosa de colocar a Trump junto al Russell Crowe que interpretó a Hermann Goering con 125 kilos a la chepa. Sería muy injusto para Goering, quien tenía un cociente intelectual de 138 y bastante buen gusto en cuestión de vinos y arte.

“A Trump la FIFA le regaló el Premio FIFA de la Paz, que es una filfa que se inventaron los mandamases del fútbol para que ese cruce entre Godzilla y Naranjito se quedase tranquilo de una vez y no le diese por bombardear los estadios de fútbol del próximo Mundial. Lástima que no inventaran también el Premio FIFA de Literatura, el de Medicina, el de Física y el de Química para metérselos todos en un balón de playa y concedérselos en una ceremonia presidida por el Papa, Javier Milei, J. D. Vance y Cristiano Ronaldo.

“El ego de Trump es enorme, inconmensurable, casi infinito, aunque no tanto que no le deje distinguir entre un galardón prefabricado de mierda y uno de verdad. Por eso dice que no le importaría nada recibir el auténtico, el Premio Nobel de la Paz, de manos de María Corina Machado, que a estas alturas ya no sabe qué hacer con él. María Corina, que tiene nombre y biografía de culebrón venezolano, pensaba que la historia iba a terminar con ella de presidenta y con el chavismo expulsado al exilio. Sin embargo, los culebrones venezolanos son imprevisibles por naturaleza y al final de presidenta se ha quedado Delcy Rodríguez, que también tiene nombre de culebrón.

“El Instituto Nobel noruego -una reunión de cómicos que merecería un Nobel perpetuo al Ridículo Internacional- ya no sabe dónde meterse después de fallar el premio una vez más y ahora dice que la medalla no se puede compartir ni regalar. Cuenta Castillo-Puche que Baroja estaba en la cama, tres semanas antes de morir, cuando recibió la visita de Hemingway; entonces el gran escritor norteamericano le expresó su admiración diciendo que el Nobel de Literatura se lo tenían que haber dado a él y a otros escritores españoles, a Unamuno, a Valle-Inclán… “No siga usted repartiendo, hombre”, dicen que respondió Baroja, “que no vamos a tocar a nada”. Juan del Val podría tener el detalle de ofrecerle su Premio Planeta a Trump, más que nada porque en vocabulario y sintaxis andan a la par”.

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