Trump quiere el Premio Planeta.
David Torres recuerda
bajo este titular en Publico que, en julio de 2024, durante un mitin en
Florida, Trump convocó al electorado cristiano con una frase histórica:
“Votadme y no tendréis que volver a votar”. “Es posible que los estadounidenses
estén tan hartos de ese menú de dos platos consistente en derecha y más a la
derecha que al final decidan no decidir más. Woody Allen decía que la
democracia es un invento que funciona más o menos bien, pero que el sistema
americano tampoco es manco. Lo más similar a un dictador que han padecido los
Estados Unidos fue Franklin D. Roosevelt, un paralítico que fue elegido cuatro
veces, reactivó la economía mediante medidas prácticamente socialistas y tomó
decisiones tan dudosas como el internamiento de más de cien mil ciudadanos de
origen japonés tras el ataque a Pearl Harbour. Trump tiene a favor de Roosevelt
que conserva el uso de sus piernas, aunque en contra tiene todo lo demás”.
“Como no le basta con ser
presidente de los Estados Unidos, Trump quiere ser también virrey de Venezuela,
regente de Groenlandia, comisario del Atlántico Norte, mariachi en México y
prefecto en Canadá. Ya lo advirtió con una felicitación de Año Nuevo en la que
mezclaba una secuencia de Gladiator con otra suya caminando entre
cazabombarderos y tocado con su gorra de combate. Nadie se atrevió a explicarle
que -caso de parecerse a alguien en esa película- no sería a Máximo Décimo
Meridio, general romano caído en desgracia, sino más bien al emperador Cómodo,
un déspota sanguinario, mongoloide y abusón. No hay muchas semejanzas entre
Donald Trump y el Russell Crowe de hace un cuarto de siglo, más allá de la
bipedestación, pero tampoco era cosa de colocar a Trump junto al Russell Crowe
que interpretó a Hermann Goering con 125 kilos a la chepa. Sería muy injusto
para Goering, quien tenía un cociente intelectual de 138 y bastante buen gusto
en cuestión de vinos y arte.
“A Trump la FIFA le
regaló el Premio FIFA de la Paz, que es una filfa que se inventaron los
mandamases del fútbol para que ese cruce entre Godzilla y Naranjito se quedase
tranquilo de una vez y no le diese por bombardear los estadios de fútbol del
próximo Mundial. Lástima que no inventaran también el Premio FIFA de
Literatura, el de Medicina, el de Física y el de Química para metérselos todos
en un balón de playa y concedérselos en una ceremonia presidida por el Papa,
Javier Milei, J. D. Vance y Cristiano Ronaldo.
“El ego de Trump es
enorme, inconmensurable, casi infinito, aunque no tanto que no le deje
distinguir entre un galardón prefabricado de mierda y uno de verdad. Por eso
dice que no le importaría nada recibir el auténtico, el Premio Nobel de la Paz,
de manos de María Corina Machado, que a estas alturas ya no sabe qué hacer con
él. María Corina, que tiene nombre y biografía de culebrón venezolano, pensaba
que la historia iba a terminar con ella de presidenta y con el chavismo
expulsado al exilio. Sin embargo, los culebrones venezolanos son imprevisibles
por naturaleza y al final de presidenta se ha quedado Delcy Rodríguez, que
también tiene nombre de culebrón.
“El Instituto Nobel
noruego -una reunión de cómicos que merecería un Nobel perpetuo al Ridículo
Internacional- ya no sabe dónde meterse después de fallar el premio una vez más
y ahora dice que la medalla no se puede compartir ni regalar. Cuenta
Castillo-Puche que Baroja estaba en la cama, tres semanas antes de morir,
cuando recibió la visita de Hemingway; entonces el gran escritor norteamericano
le expresó su admiración diciendo que el Nobel de Literatura se lo tenían que
haber dado a él y a otros escritores españoles, a Unamuno, a Valle-Inclán… “No
siga usted repartiendo, hombre”, dicen que respondió Baroja, “que no vamos a
tocar a nada”. Juan del Val podría tener el detalle de ofrecerle su Premio
Planeta a Trump, más que nada porque en vocabulario y sintaxis andan a la par”.

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