miércoles, 5 de septiembre de 2007

5 de septiembre. Y tú ¿qué opinas de las vacaciones?

Un grupo de psicólogos del departamento de Personalidad Evolutiva y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Valencia ha llegado a la conclusión de que un 35% de la población española, comprendida entre los 25 y los 40 años, sufre el síndrome depresivo postvacacional. Sus datos fueron extraídos de un estudio sobre el trastorno del estado de ánimo cuando el español vuelve de vacaciones. Sus síntomas son: fatiga, pérdida de energía, sentimiento de tristeza o vacío, dificultad para concentrarse, tensión muscular, irritabilidad y hasta problemas estomacales. Nada dice de los que superan los 50 años, y menos aún de los que no pueden disfrutar de esta nostalgia porque se les ha arrebatado a la fuerza lo único que les daba derecho a descansar: el trabajo.

Hay gente –una inmensa mayoría– que toma sus vacaciones una vez al año y las pasa sin pegar golpe. Para mí puede que sea una prueba de inmadurez social, lo mismo que lo es el considerar el trabajo como una plaga u obligación que produce estos estados de ánimo. Llegó el momento en mi vida en que los límites entre trabajo y descanso son tan exiguos que apenas se distinguen, y la línea divisoria que los separa es tan aleatoria que apenas se percibe. Trabajar, aunque sea gratuitamente, en lo que me gusta –escribir y tocar la trompeta– es la única forma que tengo de descansar. De tal manera es así que, cuando paso más de un día sin asomarme al ordenador o a una página en blanco ni acercar la embocadura a mis labios, me siento realmente mal, me pongo nervioso o me aburro solemnemente. Y pienso que sólo dejar de expresar lo que siento por la escritura y de escuchar o de interpretar música podría paralizar mi vida. Para mí sería realmente un síntoma de autodestrucción.

Esta opinión no es compartida por Mariano Momentos, un madrileño que trabajó como alto cargo de un banco hasta que, a los 50 años, debido a un desprendimientos de rutina, se prejubiló. Desde entonces ha tenido una rica experiencia en su vida en la que aprovechó al máximo todos sus vivencias. Su compañera y madre de sus tres hijos fue víctima de un cáncer agresivo que acabó con ella, experiencia trágica que le dejó un intenso dolor y unas inmensas ganas y prisas por vivir. Luego, tuvo otros dos deprendimientos de retina y, en un intento de superar su vida, se dedicó a sus dos grandes pasiones, el teatro y la literatua. Hasta hace poco, ha leído cuanto ha caído en sus manos y ha escrito, a lápiz o con su propia pluma, páginas de bella literatura. Con él compartí unos cursos de creación literaria y le pasé algunos textos de este diario antes de que fueran publicados. “Mi opinión –me decía Mariano tras la lectura de este tema– es que la gente no ama su trabajo sencillamente porque no le gusta ni le motiva. La gente, desgraciadamente, trabaja en lo que puede y no en lo que quiere. O se trata de un trabajo basura (cada vez más frecuentes) o de un trabajo del que, aunque excepcionalmente te puede gustar, acabas abominando porque el nivel de experiencia-permanencia se hace insoportable. Así que no te sorprendas si la gente se altera al regresar de sus vacaciones. Máxime, cuando, y en eso sí estoy de acuerdo, en general, no se sabe disfrutar del periodo de descanso”.

Estoy seguro de que no es la única opinión al respecto, tan meritoria como cualquiera de las que el lector de este diario pueda tener y ofrecernos. ¿O me equivoco? En todo caso, no permitáis que prevalezca en estas páginas mi único y simple punto de vista. Aportad también el vuestro.

lunes, 3 de septiembre de 2007

3 de septiembre. Touraine y Bové, dos franceses contra la globalización.


A. Touraine.



Hay personajes en la vecina Francia, cuna de la revolución, que, con sus ideas, inspiran y siguen marcando pasos revolucionarios. Uno de ellos es Alain Touraine, creador del término sociedad post-industrial, quien presenta una visión global muy diferente a la que los grandes intentan acostumbrarnos. “La idea de un mundo global –sostiene este pensador galo– no se corresponde con la realidad. Europa ha discutido estúpidamente durante diez años sobre globalización, mientras Estados Unidos avanzaba en las nuevas tecnologías, en la investigación y en la nueva economía”. A su juicio, si la economía se mundializa sin que haya sistemas de control, se habrá liberalizado por completo, y el resultado tiene un nombre antiguo: capitalismo, un sistema que causa una grieta entre los pobres y los ricos. “El capital –asegura Touraine– ha ganado terreno durante los últimos veinte años y los trabajadores lo han perdido. Los sindicatos, o no tienen fuerza, o han desaparecido y sufren, por lo general, una pérdida de influencia para negociar las reivindicaciones sociales”.

El sociólogo francés, según el cual la televisión ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada, sostiene que estamos ante el triunfo del capitalismo más extremo que se haya dado nunca, con un estado de bienestar que es poco eficiente y una escasa capacidad del Estado para incorporar a los pobres. El remedio, según él, es volver a la visión política, recuperar la educación como elemento fundamental del desarrollo de los países y redistribuir la riqueza de otro modo. “Se acabó el periodo de discusión sobre globalización. Hay que dar más importancia a la investigación y a la ciencia. Lo negativo es la despolitización. Hay que reconstruir políticamente este espíritu de denuncia y reintroducir los factores sociales”. Más que la necesidad de formar un movimiento social mundial, Touraine cree que hay que recuperar los actores que se inventaron hace dos siglos, partidos políticos para conseguir derechos cívicos y sindicatos para lograr derechos sociales.

Joseph Bové.


Otro galo que está en contra de la globalización es José Bové, quien critica el nuevo orden internacional. Para él –un político y sindicato del sector agrícola, figura relevante del movimiento delaltermundismo, portavoz, desde 1993, de la organización internacional vía campesina y candidato a la presidencia de la República Frnacesa en las eleeciones de 2007– la verdadera violencia no es romper cuatro escaparates, sino ejercer un sistema económico y político que mata todos los años a 800 millones de personas en el mundo. El veterano del Mayo del 68, que saboteó un puesto de McDonald’s en Millau, el sur de Francia en donde reside desde 1976, el que llevó a cabo la destrucción de transgénicos en Brasil y fundó el Sindicato Confederación Campesina –el segundo de Francia–, critica el nuevo orden internacional regido por las compañías multinacionales.

Bové destaca por su oposición a diversas prácticas de la industria agroalimentaria, por su defensa del medioambiente y, especialmente, por su oposición a políticas internacionales agrícolas. En la última década, se ha caracterizado por sus acciones junto a la organización Greenpeace en contra de las pruebas nucleares realizadas en la Polinesia o por su defensa de los movimientos independentistas de Tahití y el del pueblo canaco. Es uno de los miembros fundadores de la ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones y por la Ayuda a los Ciudadanos), organización internacional que promulga el control de los flujos financieros a los que atribuyen la responsabilidad de los efectos desigualitarios de la globalización.

Cada 14 de julio se celebra en Francia el aniversario de la toma de la Bastilla, prisión del Estado y símbolo del absolutismo real, que, en 1789, fue destruida por el pueblo de París. Doscientos dieciocho años más tarde, dos franceses, Touraine y Bové, representantes de esta revolución universal, siguen invitándonos a aniquilar otras Bastillas, levantadas en el mundo entero.

sábado, 1 de septiembre de 2007

1 de septiembre. No tomar el nombre de Dios en vano

Los dirigentes sevillistas cometieron el primer desliz propio de los que utilizan el nombre de dios en vano: tomaron en vano el nombre de Puerta –jugador de 22 años de su equipo que acababa de morir tras un desvanecimiento en un partido y varias paradas respiratorias– y prometieron a los suyos la victoria antes iniciarse el partido. Sé muy bien que para conseguirla bien valía una mentira, pero, en este caso estaba en juego un nombre con el que no estaba bien aferrarse para engañar a los suyos.

Pese a la euforia de la primera parte con un tanto a cero, los sevillistas atronaron el estadio, aplaudiendo a los suyos y creyeron que la victoria estaba en el bote. Pero los rápidos goles de los italianos en la segunda parte, hundieron a un rival sin fuerzas y sin ideas y demostraron que, al final, casi siempre vence el mejor y pierde el peor. Y muy pronto, el actual campeón de Europa demostró que las palabras del presidente del Sevilla no pasaban de ser un simple deseo.

José María del Nido había declarado antes de subirse al avión que trasladaría al equipo a Montecarlo: “El Sevilla, a partir de hoy, se convierte en invencible. Su espíritu jugará siempre con nosotros. Eso hace que digamos a los rivales que impugnen los partidos porque, a partir de ahora, jugamos con doce. Y no me cabe la menor duda de que vamos a ganar”. Si, en lugar de ganar, hubiera dicho, “jugar mejor”, tal vez se le podría haber perdonado más fácilmente la derrota. Porque los sevillistas, pese al deseo y fervor de su presidente, perdieron el partido por tres a cero. Y ocurrió lo que es lógico que ocurra en estos casos. Una semana acumulada de viajes, pocas horas de sueño y un escaso entrenamiento, no pueden convertirse en victoria, por muy aprovechado que sean las palabras de su presidente que, en este caso, tomó el nombre de Porta en vano.