viernes, 24 de mayo de 2013

(II) ¿Renunció voluntariamente el rey a su Fortuna o le presionaron para hacerlo.


 

Los problemas físicos de don Juan Carlos fueron en los últimos años de tal calibre que, prácticamente, hicieron impensable la participación en las regatas o el salir a navegar, como antaño hiciera en su Fortuna. Hay quien apunta incluso la pérdida de interés del propio rey por pasar los veranos en Palma, a pesar de los buenos recuerdos que le unían a Marivent, así como de seguir disfrutando del Fortuna, un regalo envenenado ofrecido por los empresarios isleños. Sin embargo, el rey fue durante mucho tiempo un gran aficionado a la vela y a otros deportes náuticos que hoy sólo puede seguir a través de las pantallas de televisión.

Otra de sus aficiones fue la caza, que suscitó distintas polémicas. El 8 de octubre de 2004, participó en una cacería de osos en Rumaría. En 2006, distintos medios de Rusia lo acusaron de haber cazado a un oso drogado, lo que llevó a la apertura de una investigación por parte de las autoridades rusas. A raíz de esas polémicas, el 21 de julio de 2012, la sección española del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) decidió suprimir el cargo de Presidente de Honor de sus estatutos, cargo que ostentaba el Rey desde la fundación de la organización. En otra caza, esta vez de elefantes, en Botswana, a mediados de abril de 1912, se fracturó la cadera derecha. Estas y otras intervenciones quirúrgicas en las últimas décadas le empujaron a dejar el deporte de lado, incluida la navegación en su Fortuna.

Pero ¿renunció el rey a su Fortuna o le presionaron para hacerlo? Joan Josep Nuet, portavoz de Izquierda Plural en la Comisión Constitucional del Congreso y diputado de Izquierda Unida,  quiere que el Gobierno le cuantifique el coste que ha tenido para el Estado el mantenimiento del Fortuna, regalado al rey en 2000 por la Fundación Turística y Cultura de las Islas Baleares y que le aclare los “verdaderos motivos” que han llevado al Monarca a prescindir de dicho yate. Nuet registró, en el Congreso, una serie de preguntas dirigidas al Gobierno sobre esta cuestión, un día después de que Zarzuela anunciara que el jefe del Estado prescindiría del barco. Gesto justificado por la Casa Real y definido como “lógica de la austeridad” que afecta a todas las administraciones, debido a la gravedad de la crisis económica. Sin embargo, el diputado apuntó que fuentes cercanas al Patrimonio Nacional habrían advertido ya de las importantes dificultades para mantener la embarcación, señalando incluso la posibilidad de que tuviera que venderse o llevarse al desgüaza, dado el elevado coste en “reparaciones, amarres, mantenimiento técnico y de sueldo del personal para su uso”.  En su lugar, recordó que el rey utiliza la lancha “Somni”, propiedad del armador Josep Cusi, amigo de don Juan Calos, puesta a su disposición todos los veranos.        

Nuet demandó conocer “cuáles han sido los verdaderos motivos para solicitar la desafectación del yate”. Además, el diputado aspira a que el Ejecutivo le explique “si considera adecuado el mantenimiento por Patrimonio de este tipo de prestaciones”. Por su parte, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, garantizó que el Ejecutivo buscará el uso “más eficiente” y “más rentable” del yate Fortuna, una vez que el Rey ha renunciado a su utilización exclusiva. A partir de ahí, añadió, el Gobierno estudiará “los distintos usos que pueden darse” a la embarcación y “en las mejores condiciones. Estamos en ese proceso y decidiremos el uso mejor, mas eficiente y más rentable”.

Mañana
( Y III) La decadencia de la familia real.

jueves, 23 de mayo de 2013

El monarca y su Fortuna (I) El rey ya no quiere el Fortuna y pide a Patrimonio que lo venda.


 
El Fortuna, yate real que se encuentra habitualmente en el puerto de Palma de Mallorca –obsequio especial de los más importantes empresarios de las Baleares para uso y disfrute del rey Juan Carlos–, ha sido devuelto al Patrimonio Nacional para que éste lleve a cabo su desafección. Ante el escándalo del disfrute personal del Fortuna, en estos años de crisis y de recortes, el monarca decidió seguir el consejo de no utilizarlo más, donándolo al Estado, que podrá disponer de él para quedárselo o venderlo. Y será el Consejo de Ministros el que decida el futuro del yate. La última vez que la familia real se hizo a la mar en el Fortuna fue el 13 de agosto del año pasado. Fondearon en el norte de la isla, cerca del cabo Formentor, y, por la tarde, el yate regresó a puerto en el que permanece, desde entonces. El regalo, donado en el 2000, costó la friolera cifra de 3.000 millones de pesetas (18 millones de euros), pagadas voluntariamente por los turiferarios del rey. Fue un regalo del propio Govern Balear, en manos de Jaume Matas 1996 a 1999, y de la Fundación Turística y Cultura de las Islas Baleares, formada por una treintena de patronos, los máximos responsables de Sol Meliá, Barceló, Globalia, Grupo Serra, la Caixa y la Caja de Ahorros de Baleares Sa Nostra, y presididos por Carmen Matutes, hija del ex senador, Abel Matutes.  Un regalo que salió muy caro, aunque, por supuesto, desgravaba. Cada uno de los 20 empresarios desembolsó 100 millones de las antiguas pesetas y el Gobierno Balear aportó otros 460 millones. Para el resto hubo que pelear aquí y allá a la caza de donativos…

El Fortuna es de aluminio y cuenta con cinco camarotes dobles, más los destinados a la tripulación. Pasó a ser  el más veloz en su categoría (65 nudos de velocidad gracias a un sofisticado sistema de propulsión). Los expertos llegaron a definir el prototipo como un barco construido como un avión, ya que también se emplearon materiales ultraligeros para conseguir la máxima potencia y se equiparon unos sistemas informáticos de navegación de última generación. En su interior, madera de sicomoro y remates en cuero para unos acabados que trataban de combinar la comodidad de su función de recreo con el protocolo exigido para poder recibir a personalidades. La cubierta principal se reparte entre un salón noble, un comedor, una cocina y un puente de mando, mientras que en el piso inferior se ubican cuatro camarotes y los aposentos de los ocho tripulantes necesarios para poner en marcha la embarcación. Fue el tercer Fortuna –el primero, utilizado por la Familia Real a partir de 1976, se había construido en Barcelona y fue vendido en 1972 y el segundo fue desguazado en 1990. En cualquier caso, los tres fueron regalados y confirmaron la pasión que tuvo el jefe del Estado por el mar y los deportes náuticos. Una afición heredada de la vocación marinera de su padre, Juan de Borbón, y compartida después con el príncipe.

El Fortuna siempre estuvo en el punto de mira de los intrépidos paparazzi, afanados en captar fotos exclusivas de sus ocupantes. Las salidas a la isla de Cabrera, con buena parte de la familia real a bordo, se repetían verano tras verano, así como las travesías del rey, bien con testimonio gráfico o de carácter más privado. Pero, ya en 2010, los achaques del rey y las separaciones y percances familiares dieron al traste con aquel regalo, ofrecido a quien mejor promoción podía dar de las islas. Su utilización fue cada vez más escasa en los últimos años, debido, entre otras razones, a su elevado coste y a la edad del monarca, que ya no está para estos trotes. No obstante, Juan Carlos de Borbón, ha podido disfrutar durante una larga década de este “regalo” de los empresarios mallorquines.

El Rey renunció al lujoso Fortuna después de que Patrimonio le anunciara que no dispone de los 1,8 millones que cuesta mantenerlo anualmente. La última decisión de proceder a la venta o incluso al desguace del yate, ante la imposibilidad de hacer frente al coste de su mantenimiento entre sueldos de la tripulación, reparaciones, amarres y demás –sólo llenar los tanques de combustible, costaban 26.000 euros–, fue tomada con cierto pesar. Según fuentes cercanas a Patrimonio, el rey se resistió al principio a la venta o incluso al desguace del yate, reaccionando con un “notable enfado”.  Pero, al final, el gesto del rey de renunciar a este lujo se ha presentado como muestra de solidaridad con las dificultades que sufren tantos españoles, aunque hay quien lo entiende como un acto de oportunismo puro, un intento de ganar imagen sin coste o renuncia alguna. Habría sido esta determinación, en opinión de las fuentes, lo que habría aconsejado al Monarca adelantarse a los acontecimientos “dando orden a Patrimonio Nacional para que inicie los trámites para la desafección del barco como bien de dicho organismo”, según la nota remitida por las Agencias de prensa.

Mañana, continuación: (II) ¿Renunció el rey a su Fortuna o le presionaron para hacerlo?

miércoles, 22 de mayo de 2013

Fernando Trueba: “Nos gobiernan antipatriotas que odian España”.



A su paso por Londres  para promocionar  su última película “El artista y la modelo”, Fernando Trueba reivindicó el doble papel del cine como creación y cauce de expresión insustituible. Y rechazó la dicotomía entre cine de autor y cine comercial. “¿Qué coño es comercial? –pregunta al entrevistador, Joaquín Vicente– Mi película la ha visto mucha gente en muchos países. El asunto es que no sirve de nada que una película la vean millones de personas si luego es una taradez. Hay películas de superhéroes que da igual que las hayan visto millones de personas o que se hayan quemado en el laboratorio. Esas películas no existen: la imbecilidad se diluye en el aire. Lo importante es que una película transmita algo, cuente buenas historias. La palabra ‘comercial’ es un concepto super-relativo y gilipollas, inventado por el capitalismo subnormal”.

Pero, lo que llama la atención de esta entrevista en Público.es, más que la valoración personal del autor de “Belle époque y “Bella de tus ojos” son las calificaciones sobre la política que rige el actual Gobierno del PP. Trueba asegura que “los que están ahora en el Gobierno son los mayores enemigos de nuestro país. Son los antipatriotas por excelencia. Son la gente que odia España y lo único que quieren es destruir su cultura”. Para Trueba el cine es igual que cualquier otro oficio: hay gente apolítica, de izquierdas, de centro y de derechas. “Sin embargo, desde que el cine se posicionó contra la Guerra de Irak en la época Aznar, hay un odio de la gente de la derecha de nuestro país, que nos ha identificado como el enemigo. Probablemente siempre nos odiaron. En el fondo, siempre han sentido que la gente del cine no está con ellos. Los políticos que intentan acabar con la cultura en España, en general y con el cine en particular, no se dan cuenta del crimen que cometen. Ni de que el cine es el que trasmite el legado emocional y los sentimientos de un pueblo mejor que ninguna otra forma artística”.

Trueba asegura que la derecha sufre una paranoia enfermiza en contra del cine. Dice que, en España, lo que ha habido siempre es un enorme desprecio e incluso agresividad contra la cultura. “Aquí, llamarte intelectual es un insulto. Vivimos en unos días en que hay un ataque sistemático y frontal a todos los valores democráticos... Se está llevando a cabo toda una demolición… Ellos se llaman conservadores pero no conservan nada, solo destruyen. Empezando por el Medio Ambiente, donde acaban de hacer una Ley de Costas para joder aún más el litoral de España. Los que están ahora en el Gobierno son los mayores enemigos de nuestro país que nunca hayan existido. Son los antipatriotas por excelencia. Son la gente que odia España y lo único que quiere es destruir a España y a su cultura. Hay que hablar en su terminología. ¿Hablamos de patriotismo? Vosotros sois lo contrario. Sois los que venís con la excavadora a demoler y a destruir. Sois una puta mierda”.