martes, 20 de enero de 2026

La “fascinante” vida de Irene.

 

Nieves Concostrina lamenta en Público el trago tan amargo por el que pasara la exreina Sofía por la muerte de su hermana. “Era su verdadera compañera de vida, su amiga, su apoyo… Lo digo con prudencia, pero creo sinceramente que no tuvo ni sintió a nadie más cerca que a su hermana Irene, y sé que Sofía debe de estar devastada. Probablemente fue la única persona de su familia que sufrió con ella y en la misma medida las humillaciones y traiciones de su exmarido Juan Carlos (...)

“Puede que Sofía no haya querido verlo, pero todos sus hijos y sus nietos han estado mucho más cerca del delincuente y causante de sus humillaciones que del lado de la humillada. Y quizás se haya consolado en los últimos once años viendo la cercanía de su hijo Felipe, aunque también sabrá que esa solidaridad era interesada, para alejarse de forma manifiesta (ahora sí) del traidor. El nuevo rey borbón, como han hecho todos en los últimos 150 años, tenía que romper públicamente con el defenestrado borbón anterior. De no haberse visto obligado a ello, habría mantenido la misma actitud que mantuvo hasta 2014: complicidad y respeto públicos al defraudador y adúltero Juan Carlos, el que tiene la pasta, y abracitos y besitos privados a Sofía, con un sentido ‘resignación, mamá’.

“Tampoco contó nunca la exreina con el aprecio de la ciudadana Ortiz y sus nietas Leonor y Sofía. Lo sabía ella, lo sospechábamos todos y lo confirmamos cuando las tres ciudadanas nos regalaron a través de la televisión los desaires que le hicieron a la ya exreina en aquella inolvidable misa del domingo de Pascua de 2018. Aquel documento fue impagable. La nena Leonor, aleccionada por su madre, apartando de un manotazo la mano de su abuela; Letizia, haciendo el mayor de los ridículos, interponiéndose entre Sofía y los fotógrafos para evitar la instantánea; Felipe, yéndose hacia su mujer con cara de ‘¡yo la mato!’; Juan Carlos, pensando ‘ya lo sabía yo…’; Sofía, estirando el cuello para salir en la foto y sin enterarse de las intenciones… Qué momento.

“Que al día siguiente o al otro, no recuerdo, se convocara a los fotógrafos para que, casualmente, captaran a Sofía, a su odiosa nuera y a sus maleducadas nietas con sonrisas forzadas para llamarnos otra vez imbéciles y que viéramos que aquí no había pasado nada, no sorprendió. Son los usos de la monarquía. Ahora bien, los imbéciles son ellos si creen que nos engañaron. Así que sí, Sofía ha recibido la más dolorosa de las noticias con la muerte de la persona, no digo que más la quería, pero sí la que más la respetaba. (...)

“A partir de los años ochenta fue cuando Irene, ahora sí, imbuida de una espiritualidad hindú que conjugó convenientemente con su idealista cristianismo ortodoxo, para así tener contentos a dios, Krisna, Kali y Shiva, aceptó la invitación de su cuñado Juan Carlos para empadronarse en el ala derecha de la Zarzuela.  No se trata de repetir aquí el laudatorio de las últimas 48 horas desde que se conoció la muerte de Irene, pero resulta ofensivo que los medios blanqueadores y los y las periodistas borbónicos estén vendiéndonos como méritos todos y cada uno de los privilegios y ventajas de las que ha disfrutado la tía Pecu para hacer todo lo que hizo. Ahora resulta que ser peculiar y vivir a gastos pagados se le llama tener una “vida fascinante”, como lo calificó el diario independiente de la mañana. (...)

“Qué grande la tía Pecu, que como no trabajaba ni tenía que pagar piso ni luz, ni agua, ni gas, ni alimentos, ni jardinero, ni el mantenimiento de la piscina, ni desplazamientos, ni vacaciones, ni nada que le impidiera tener una fascinante vida, pudo dejarnos una biografía tan nutrida, y hasta crear una ONG que mandaba vacas a la India y de la que desconozco de dónde vendrían sus fondos, pero que nadie me discuta que su posición en la Casa del Rey facilitó mucho conseguirlos.

“Eso sí, Irene de Grecia, más que consciente de su privilegiada situación y sabedora de que para mantenerla debía comportarse (sin forzar, porque creo que de verdad ese era su espíritu), mantuvo siempre una exquisita discreción. Ni siquiera en las fotos de las escaleras de la Zarzuela, que reunía a tropecientos borbones y agregados, ni en los posados de Marivent se dejaba ver. Era un: ‘Vivo de ellos, vivo con ellos, pero no soy uno de ellos’. Vivir de ellos entiéndase como ‘nosotros’. Puede que la tía Pecu no se sintiera cómoda con el título de Alteza Real que mantuvo en este país que no era el suyo, pero tampoco quiso hacerle un feo a su cuñado cuando se lo endosó.

La tía Pecu no solo tuvo pasaporte español desde que aceptó la generosa oferta de su cuñado, también tuvo el fascinante privilegio de conseguir la nacionalidad española sin pasar examen ni tener que identificar los ríos de España (...) Otra de las características que la rendida prensa ha destacado con ocasión de la muerte de Irene fue el infortunio de haber tenido que nacer en Ciudad del Cabo porque sus padres salieron huyendo de Grecia por culpa del nazismo. Por supuesto, obviando el minúsculo detalle de la pertenencia de la propia madre de Irene a las Juventudes Hitlerianas. A poco que Federica hubiera negociado con Hitler, lo mismo hasta habrían apañado una estancia agradable durante la invasión de Grecia por las potencias del Eje. Algo bueno tuvo, sin embargo, que la pequeña de la familia naciera en Sudáfrica, porque cuando la familia real griega pudo regresar a Atenas, la niña Irene quedó fascinada con la fascinadora Acrópolis, y ahí nació su fascinación por la arqueología que, entre otras cosas, han convertido su vida en fascinante” ...

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