“Dar voz a los tontos”
Así
titula David Torres en Público un artículo sobre el excelente instrumento
educativo que puede ser la televisión, una ventana abierta al mundo y una
academia para todos los públicos. “Sin embargo -nos advierte-, los Grandes Poderes se olieron el
peligro de inmediato y transformaron el excelente instrumento educativo en una
zambomba, llevaron la academia al circo y abrieron la ventana a un retrete
inmundo.
“Ya
he hablado, a raíz de la muerte de José Luis Balbín, de cuánto aprendimos los
españoles que tuvimos la suerte de crecer, madurar o envejecer al calor de
programas como La clave; los Conciertos para jóvenes con Leonard Bernstein y la
Filarmónica de Nueva York; El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la
Fuente; A fondo, con Joaquín Soler Serrano.... Hoy en día es inimaginable
asomarte a alguna de las cadenas públicas o privadas (cadenas es un nombre que
le va muy bien, por los grilletes y por el váter) y asistir al análisis de un
poema sinfónico de Strauss, a una lectura de poemas de Gloria Fuertes o a un
debate argumentado y razonado sobre la posibilidad de vida inteligente en otros
planetas. Aprendíamos a la vez que disfrutábamos, no como ahora, que basta
hacer un recorrido por la parrilla (de Ferreras a Motos y de Iker Jiménez a Ana
Rosa Quintana) para perder de golpe veinte puntos de cociente intelectual y
preguntarse si habrá vida inteligente en la Tierra’
“Quien
bautizó a la tele, allá a finales de los cincuenta, como idiot box o ‘caja
tonta’ no podía llegar a imaginarse lo idiota y lo tonto que iba a volverse el
aparato. Gracias a este interminable descenso hacia el abismo, Nacho Abad llegó
el otro día a la fosa de las Marianas de la estupidez, una fosa séptica en la
que organizó un debate a traición entre un dermatólogo y un entrenador de
fútbol. Tal vez Javi Poves podía haber enseñado algo al doctor Alexandre
Docampo si la discusión hubiese versado sobre el catenaccio, el fuera de juego
o la presión en el medio campo, pero sus opiniones sobre la incidencia del sol
en el cáncer de piel son una mierda pinchada en un palo. Eso sí, resulta
hipnótico contemplar la convicción con que Poves defiende que África y Asia no
existen mientras rechaza las afirmaciones de Docampo (‘¡Es mentira, es mentira,
es mentira!’), porque frente a los cálculos errados de Kepler, Galileo y la
NASA están las observaciones de Javi Poves en el lavabo de su casa. Un tipo que
hizo un vídeo ahuyentando a unos futbolistas musulmanes con una pata de jamón
ibérico.
“Para
comprender el grado de imbecilidad que supone la confrontación dialéctica sobre
los riesgos de tomar el sol entre un médico titulado y un tonto al sol, basta
imaginarse qué sucedería si un día -Dios no lo quiera- a Nacho Abad le brota un
lunar sospechoso en la calva. Seguramente, iría la consulta de un dermatólogo
en lugar de ir a preguntar a un tuercebotas que cree que el mundo es una
palangana. Vale que los tontos tengan voz, pero tampoco hace ninguna falta que
tengan un megáfono. Así es como se acaba por darle el título de genio a Donald
Trump, como hizo Iker Jiménez, o de Alumna Ilustre de la Complutense a Ayuso,
que no se enteró que en Ecuador hablan español hasta que se bajó del avión en
el aeropuerto de Quito. Bastante peligro tiene ya que estos ejemplares dirijan
la Comunidad de Madrid o la Quinta Flota como para proporcionarles encima
patente de corso académica. Tontos recalcitrantes ha habido siempre, pero al
menos antes su ignorancia les daba vergüenza o la sacaban a relucir únicamente
en la plaza del pueblo, al lado del pilón; ahora Nacho Abad y otros bustos
parlantes del periodismo les ceden una cátedra en horario de máxima audiencia
para que expongan su analfabetismo a voces. La Tierra no, pero el encefalograma
ya no puede ser más plano”.

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