sábado, 18 de abril de 2026

“La hormiga poeta”, una librería de Alicante que regala libros usados para evitar su destrucción.

 

'En 'la hormiga poeta', librería de Alicante,los libros usadods se regalan para evitar su destrucción.

No todas las publicaciones poseen una salida comercial en el mercado de los libros usados. Tampoco es necesario hacer de ellos una transacción económica. De hecho, existe otra opción capaz de generar comunidad y que prepondera la función principal de los libros: ser leídos. Situada en Alicante, esta iniciativa circular logró dar una segunda vida a libros y publicaciones abocadas a la destrucción.

Es la propuesta de “La hormiga poeta”, una librería de segunda mano que no vende libros, sino que los regala. “Bueno, no sé si podemos llamarlo librería”, bromea su responsable, Ulises López. Su apreciación sobre la lectura tiene sentido al no ser un negocio, sino un bien de primera necesidad. Y actúa en consecuencia al ofrecer libros gratis a aquellas personas interesados en leerlos y tenerlos en sus casas.

Situado en el número 11 de la calle Poeta Blas de Loma, en la capital alicantina, todos los jueves abre su librería. Es la parte final de un proceso que empieza mucho antes, al donar los libros de manera desinteresada a la librería. En ella se encarga de clasificarlos, restaurarlos, si es posible, y de ponerlos a disposición del público. Un trabajo altruista que, según cuenta, le ocupa todo el fin de semana, pues no es su desempeño laboral habitual.

Ulises es coleccionista de tebeos, su pasión. Sin embargo, en 2019, comenzó a notar cómo muchas personas dejaban sus libros viejos al lado de los contenedores, en un intento de que alguien se los llevase en lugar de tirarlos a la basura. “Y, como a mí siempre me ha gustado mucho el libro impreso, empecé a recogerlos y, los que no me interesaban, los repartía por asociaciones de vecinos, colegios o los ofrecía a que les pudieran interesar. De esta manera, mi casa se llenó de libros que, en realidad, yo no quería, pero se corrió la voz y me convertí en el repartidor de todos lo que recogía”.

Muy pronto, Ulises encontró el apoyo de la empresa de reformas para la que trabajaba, que le cedió parte de su almacén para que pudiera guardar allí los libros mientras les encontraba un nuevo destinatario. Sin embargo, en el 2025, aquella empresa cerró y Ulises decidió pasar a la acción, gestionando su propio local con unos 15.000 libros almacenados. “Por primera vez, la gente tenía un espacio físico al que acudir para llevarse los libros. Tuve que cerrar durante un tiempo a raíz de una denuncia anónima”. Aquello le dio publicidad al local y propició que, en su reapertura, la respuesta del público fuera masiva. “Si antes venían 10 personas a la semana a buscar libros, ahora vienen 100”, cuenta López.

“La hormiga poeta” continúa demostrando que existe una demanda cultural que, quizá, no responda a lógicas económicas, pero sí a una necesidad real de acceso a la lectura.

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