viernes, 3 de abril de 2026

El alma secreta de la Madrugá.

¿Por qué las marchas de la Sema Santa son el alma secreta de la Madrugá?

La Semana Santa es, desde 2017, Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España. El propio Ministerio de Cultura la define como un conjunto de celebraciones donde se entrelazan religiosidad, tradición, expresiones artísticas y prácticas colectivas transmitidas entre generaciones. Se dice que cualquier ciudadano, por el hecho de pertenecer a la raza humana, es capaz de sentir lo mismo en su interior, sea o no sea religioso, pacticante o ateo. Y, dentro de ese tejido, la música ocupa un lugar central: no como fondo sonoro, sino como memoria emocional compartida.

“En Sevilla –explica Amanda Ramos, en ElPlural.com–, esa verdad adquiere su forma más intensa durante la Madrugá, que enlaza el Jueves Santo con el Viernes Santo y que, según el Consejo General de Hermandades y Cofradías, reúne a seis hermandades emblemáticas –El Silencio, El Gran Poder, La Macarena, El Calvario, Esperanza de Triana y Los Gitanos–. Esa noche, la ciudad deja de ser solamente ciudad. Y se vuelve una caja de resonancia. Cada calle escucha distinto. Cada marcha decide, de alguna forma, cómo debe sentirse lo que está ocurriendo.

“Por eso hablar de Semana Santa sin detenerse en las marchas musicales es dejar fuera una parte decisiva del acontecimiento. Porque una marcha no solo acompasa el caminar del paso. Marca el tipo de emoción que cabe en ese instante. Puede imponer sobriedad, desbordar ternura, convocar solemnidad o abrir una grieta sentimental en mitad de una plaza abarrotada”.

Ahí está, por ejemplo, La Madrugá, una de las composiciones más reconocibles del repertorio cofrade, firmada por Abel Moreno. “Su popularidad no es solo una cuestión musical. Tiene que ver con su capacidad para condensar una idea entera de Sevilla. No es una simple pieza célebre. Es una partitura que ha terminado por funcionar como símbolo sonoro de una noche concreta, de una sensibilidad reconocible, de una ciudad que ha aprendido a narrarse a sí misma a través de la música.

“Su potencia cultural no depende de que todos compartan la fe. La música procesional rompe esa frontera con facilidad. Hay creyentes que lloran con una marcha porque la sienten como plegaria. Hay no creyentes que se estremecen porque reconocen en ella una forma de belleza colectiva, una dramaturgia del pueblo, una intensidad difícil de encontrar en otros espacios públicos. Puede tener raíz religiosa, sí, pero su efecto es también cívico, cultural y sentimental”.

Marcha "LA MADRUGÁ" · Clásicos de Semana Santa


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