83 años a cuestas.
Trato de contestar a una
pregunta muy sencilla que me hizo mi mujer hace diez días. Me preguntó qué me
gustaría que me regalasen para el día de mi cumpleaños y de mi santo, el 25 de
julio. Y la verdad es que hoy, al cumplir los 83 años, reconozco que soy
incapaz de dar una contestación clara y concisa. Porque no lo sé.
Al llegar a esa edad, ya
no espero nada de la vida, que me ha dado tanto. A lo largo de 30.295 días
vividos casi a tope ¿qué más puedo esperar? Y así se lo comuniqué: “He
disfrutado, sobre todo, promoviendo y saboreando el sonido de la trompeta.
Pero, una vez reconocido mi parkinson que me imposibilita seguir disfrutando de
ella, ¿qué otra cosa puedo hacer o desear?
Sólo una cosa desearía
seguir practicando mientras me quede un segundo de vida: escribir hasta que
llegue mi hora... Mientras pueda hacerlo, me sentiré como un afortunado.
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