“Ayuso y sus ideas de bombero”.
David Torres hace
hincapié, en Público, en las ideas de bombero de Ayuso quien pretendía llevar la
naturaleza y la salud a cada hogar madrileño. “Que cada balcón de Madrid tenga
una planta. Y, en vez de limpiar los montes, reclutar más brigadas forestales o
implementar drones de vigilancia, cámaras térmicas y sistemas de alerta
temprana, poner una maceta en cada balcón de la capital y listo. A los
electores madrileños, esta propuesta (y otras del mismo estilo macetero) les
encantó y de ahí que votaran a Ayuso en masa.
“Por supuesto, el de la
maceta en el balcón sólo era uno de los muchos planes infalibles que Ayuso y su
equipo de librepensadores habían preparado en materia de prevención de
incendios. También fueron privatizando, a través de diversas empresas públicas
y privadas, las plantillas de bomberos forestales con el fin de hacerlos más
operativos. Más o menos igual que ocurre con la sanidad privada: si puedes
hacer negocio con la salud, puedes hacer negocio con cualquier cosa, incluso
con el fuego. De este modo, el comité de huelga de bomberos forestales, que ya
se venía quejando de falta de medios desde el 16 de julio, denunció el viernes pasado
que al menos 60 efectivos se encontraban paralizados y encerrados, sin
vehículos ni herramientas, mientras las llamas cercaban la capital por los
cuatro costados.
“La solución de Ayuso fue
reclamar al Gobierno central que declarase la emergencia de interés nacional,
porque en Madrid no sólo están los mejores torreznos, los mejores Cañones del
Colorado o los mejores bocatas de calamares, sino también los mejores incendios
forestales del mundo. Ya lo sabíamos desde tiempo atrás, pero faltaba
corroborarlo. Como no andaba Pablo Iglesias a mano para echarle la culpa de la
mala gestión, Ayuso llamó a Pedro Sánchez y le dijo que tanta fruta no le había
sentado bien; que, por favor, se hiciera cargo, que ella estaba muy liada
porque tenía que recoger unas cosas en su pueblo, Sotillo de la Adrada, en casa
de sus padres. También es verdad que se marchó ahí al lado, cuando podía
haberse ido a invadir otra vez México o volar a Nueva York a que la entreviste
Telemadrid.
“Quienes aseguran que
Ayuso es una inútil, una incompetente y una catástrofe sobre dos patas, olvidan
la rapidez y la elegancia con que se ha escaqueado de escena para no estorbar
más de la cuenta y dejar el mando a cualquiera con dos dedos de frente. Ella ya
había hecho su trabajo dilapidando una montaña de dinero público en cosas mucho
más importantes que prevenir incendios o contratar bomberos: construir un
circuito de Fórmula 1 que no iba a costar un céntimo a los madrileños,
apadrinar curas y toreros, promocionar un musical ruinoso de Nacho Cano o crear
una Oficina del Español para Toni Cantó. Todo está calculado de manera que,
cuando no quede un puto árbol sin churruscar en los alrededores de la capital,
no habrá el menor peligro de fuego. A ver cuántos fuegos ves tú arder en el
Sáhara.
“Para demostrar lo
preparada que está en materia de incendios, Ayuso salió a dar la cara con un
modelito fashion veraniego que llevaba una etiqueta bien gorda por delante
diciendo: ‘Presidenta’. Y otra más gorda aún por detrás repitiendo: ‘Presidenta’.
A lo mejor por si se perdía o por si se olvidaba de quién era. También podía
haber llevado una etiqueta con la leyenda ‘Cañas y tapas’, o ‘7.291’ o ‘Me
gusta la fruta’. Mejor un escapulario como el que los legionarios se cosían en
la pechera y que rezaba: ‘Detente, bala’. Hay un monólogo telefónico de Gila en
el que un bombero aconsejaba a una señora que fuese echando un vaso de agua al
incendio que tenía en la cocina cada media hora, pero ni a Gila se le hubiese
ocurrido lo de encerrar a unos bomberos sin camiones ni hachas ni mangueras.
Mazón tenía la excusa del Ventorro, pero Ayuso el Ventorro lo lleva puesto en
la cabeza”.

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