viernes, 12 de enero de 2007

12 de enero. Carmen Alcalde.

Mis relaciones con mis compañeros de la prensa han sido siempre lo suficiente afectivas como para no despertar recelos innecesarios pero lo suficiente tirantes como para no crear lazos de endogamia. A lo largo de estos años he conocido a colegas que nunca dudaron que sus jefes siempre tenían razón. Más que la verdad y la objetividad, se preocuparon por halagar a los propietarios de los medios, cuyos objetivos a menudo no coincidían con los de la ética profesional. Y se desvelaron por halagarles, olvidándose de lo que al lector le preocupaba.

Otros, más interesados por la verdad y objetividad, se han visto poco a poco apartados y hundidos ante la indiferencia de sus jefes. Y, lamentablemente, tengo que reconocer que, sin el sostén del periódico, revista, radio o televisión, la personalidad de no pocos de los profesionales del periodismo se nos encoge a pasos agigantados por no decir que se nos atrofia definitivamente. Sin la constante zalamería, adulación y requiebro para con los que les dan de comer, los profesionales del periodismo que han triunfado se mantienen difícilmente en el candelero. Es triste, pero es así. Son las graves hipotecas de los que se dedican a estos menesteres, fácilmente sustituibles cuando no interesan a los propietarios de los mismos. Lo que sucede con harta frecuencia.

Y resulta divertido comprobar cómo estas verdades no son, por lo general, desveladas por ninguno de los que se mantienen en la cima de la gloria, bajo pena de perder su peana o su aureola. Por otra parte, siempre me ha interesado estudiar detenidamente la personalidad de algunos jerifaltes del periodismo. Por eso me entrevisté con algunos de ellos y llegué a mis propias conclusiones.

Carmen Alcalde, una periodista catalana que trabajó en Destino, Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, La Vanguardia, Presencia y Vindicación Feminista, me contestaba en 1982 a estas cuestiones con gran sinceridad por su parte. Según ella, los tiempos habían cambiado, pero no la mentalidad del periodismo español. Porque los periodistas estaban obligados no pocas veces a mentir, según quisiera el director o la empresa, o a largarse. “Cuando un periodista pretende decir toda la verdad y no mentir ni silenciar nada –me confesó–, sólo le quedan dos opciones: o seguir en la brecha y arriesgarse al hambre, o acceder a la manipulación, al engaño y a la invención. Yo diría que los periodistas que siempre quieren decir toda la verdad llegan a encontrarse absolutamente marginados, amén de topar con todos los problemas administrativos y legales que puede haber”.

Carmen Alcalde estaba convencida de que la prensa más serie tenía entonces instintos sexistas, al responder a una sociedad sexista. ¿Sigue hoy en la misma tesitura? A mi pregunta de qué le parecía más justo, en una monarquía como la española: Rey o Reina, me respondió sin dudarlo un instante: “De verdad que me da lo mismo. No me conmueve ni tener un Rey, ni una Reina. Lo que a mí me gustaría es tener una República”.

Estas declaraciones, que nunca fueron publicadas en ningún medio, me hicieron reflexionar. Sobre todo cuando añadió: “Vivimos en un sistema que impide llegar a decir toda la verdad y que margina a aquellos periodistas honestos, empecinados en perseguirla. Un sistema en el que, cuando un profesional quiera decir la verdad a toda costa, siempre arriesga el pan y la sal”.

3 comentarios:

Mariano Planells dijo...

Ya veo que te has lanzado a la edición memorialística: Bienvenido al club de la Tribu Ibiza Cósmica en el Exilio.
Te sigo con pasión y hoy te dedico una entrada de honor en mi propio blog.
A cuidarse y a tocar la trompeta,amigo.

Enrique dijo...

Claro, Santi, claro que la prensa es sexista. Por eso cuando habla de mujeres maltratadas omite los hombres maltratados y esconde todo un género periodístico: el del bebé tirado al contenedor. Eso no es violencia doméstica. Pues claro que es sexista. Y no hay nadie que lo cuestione.

Rafael del Barco Carreras dijo...

Entiendo que Carmen Alcalde es la que conocí como directora de EL TRIANGLE... y la cito en "Barcelona, 30 años de corrupción" ver www.lagrancorrupcionblogspot.com

Más retorcida, la escatológica entrevista con la nueva directora Carmen Alcalde. Se resiste a recibirme, e ignora de que le hablo, y ni quien soy o que escribiera en su revista. En un alarde de simpatía, me promete ampliar mis colaboraciones. Pero apenas pasados unos días, por mi maldita manía de leer y releer viejas historias, la descubro formando parte como colaboradora en los 80 de precisamente la revista MAGAZIM de José Ilario Font, revista que como he escrito parece que solo existió para el caso Consorcio de la Zona Franca, y mi nombre “el que más se cita” en la serie de escritos. Entonces yo atacaba en el juzgado a De la Rosa, pues ¡palos al burro hasta deslomarlo!. ¡Ya me extrañaba que una profesional de su edad no conociera mi nombre ni el caso Consorcio!. La postura del Triangle la comparo a la de Félix Martínez, periodista del Mundo, que nos citamos, día y hora. Voy a su sede social y no me recibe. No está, ni llamada ni excusa, sin ni siquiera una secretaría exculpándole. Simplemente la guardia de seguridad poco menos que despachándome.