miércoles, 19 de septiembre de 2007

19 de septiembre. "Los catalanes no tenemos rey", gritaron 400 manifestantes en Gerona.

Independistas catalanes, quemando fotografías de la familia real

Los Reyes de España vuelven a estar de rabiosa actualidad, esta vez en la comunidad catalana, desde que el jueves pasado sus fotografías fueron quemadas publicamente ante varios centenares de manifestantes que gritaron consignas independentistas y leyeron un manifiesto. Los Reyes de España, que había viajado a Gerona ese mismo día para inaugurare el Pabellón de Fontajau, el Parque Científico y Tecnológico de la Universidad, a un kilómetro del lugar de estos incidentes, iban acompañados por las autoridades y habían descubierto una placa conmemorativa.

“Todo ocurrió, –explica Joan Delort, secretario de Seguridad Pública– de forma muy rápida en una plaza muy pequeña”. Se trata de la Plaza del Vi (Plaza del Vino). Los Mossos d’Esquadra decidieron no intervenir, “para evitar un mal mayor”. Fue por razones de “oportunidad y proporcionalidad. No podíamos poner más gasolina al incendio”. La Fiscalía de la Audiencia Nacional actuó de inmediato, solicitando a la Consejería de Interior de la Generalitat que le remitiera todas las "evidencias" respecto a la quema, con objeto de proceder a la identificación de los "ejecutores materiales" y poder ejercer "las acciones penales que sean pertinentes".

Los manifestantes expresaron que la Universitat de Gerona quedaba así "retratada" al compartir con el monarca la inauguración de aquel Parque. Consideran que el Rey es alguien que no tiene "ningún vínculo con el mundo académico ni con el país". En el manifiesto que leyeron ante el Ayuntamiento de Girona, expresaron que conocían al rey de "las revistas", cuando "sonríe y dice que la lengua catalana nunca ha sido perseguida".

Joan Ridao, portavoz parlamentario de Esquerra Republicana, defendió la protesta por considerarla “festiva y reivindicativa” y la calificó de “incidente aislado”. Su homólogo de Convergencia y Unió, Felip Puig, considera que la Fiscalía “pierde el tiempo” al ordenar la identificación de los alborotadores y lamenta que los fiscales se dediquen a este asunto “cuando tienen otras muchas cosas que hacer”. Según Joan Herrera, portavoz de IU-ICV, la fiscalía debería dedicarse a perseguir los casos de fraude fiscal y evasión de impuestos, en lugar de engrandecer incidentes “anecdóticos”. Y las Juventuts de Esquerra Republicana anunciaron que sus diputados en el Congreso presentarán una proposicion de ley de reforma del Código Penal para eliminar todos los delitos relacionados con el ultraje de España a la Corona.

Dos días más tarde, pese al blindaje de 30 furgonetas de los Mosos de Esquadra, 400 personas se manifestaron en la plaza del Ayuntamiento de Girona, protestando por la decisión de la Audiencia Nacional que investigaba la quema de retratos de los Reyes y criticaron al consejero de Interior por su “sumisión”. Los manifestantes volvieron a leer un manifiesto, lanzaron proclamas a favor de Terra Lliure y corearon consignas tales como “Yo también quemo la corona española” “Yo también soy antimonárquico/a” y “los catalanes no tenemos rey”.

Estos sucesoses nos son hechos aislados. Forman parte –según Federico Quevedo en el artículo ‘Acoso a la Monarquía en tres actos, con permiso de Rodríguez’, publicado en diario digital El Confidencial– de una campaña perfectamente orquestada para desacreditar a la Monarquía española y ahondar así en el proyecto radical de ruptura del modelo de Estado constitucional. “Es verdad que a la Monarquía española no le hace falta que le ayuden mucho para desacreditarse, que lo saben hacer muy bien ellos solitos, y si no fuera porque lo que está en juego es algo más que la propia monarquía, francamente me daría igual. Pero lo cierto es que, detrás de este acoso y descrédito de la Familia Real, lo que hay es ese proyecto rupturista que nunca ha dejado de existir”.

Para Quevedo, hasta ahora, la monarquía conllevaba un componente de exclusividad, de sanguinidad y de nobleza que la convertía en una institución inaccesible para el común de los mortales... “Ahora ya no es así. Y lo cierto es que, en medio de esa ola de vulgaridad que recorre las casas reales europeas, la Monarquía española se ha convertido casi en un esperpento, en carne de cañón de los programas más cutres y casposos del ‘cuore? patrio. Tengo la sensación de que ‘vulgarizar’ la monarquía, convertirla en motivo de disputa de patio de verduleras, que es lo que parecen algunas tertulias del corazón, consigue que el público que hasta ahora contemplaba a los reyes como el que contempla a los dioses, los mire de igual a igual... Lo escribí este verano y lo repito ahora: ¿Qué diferencia hay entre Yola Berrocal y Letizia Ortiz, si ambas son objeto de seducción de las cámaras de los paparazzi?”

El segundo paso, según Federico Quevedo, es cuestionar su propio papel en la democracia. “Tengo que reconocer que, en este aspecto, me siento muy identificado con quienes alegan que monarquía y democracia son un contrasentido en la medida en que la monarquía es un concepto que se encuentra a años luz del de la soberanía nacional. Sin embargo, de ahí a promover un movimiento casi de odio revolucionario hacia los Reyes, media un abismo”.

El tercer y último paso sería acudir a las fuentes constitucionales para reconducir lo que se habría hecho mal, según esa izquierda rupturista y el nacionalismo radical, en la Transición. “Para ello no es necesario nada más que promover una reforma constitucional, aprovechando, por ejemplo, la excusa de la sucesión para acabar convirtiendo la reforma en un referéndum sobre la propia institución monárquica. El Rey lo sabe y por eso lo ha querido retrasar todo lo posible, pero si su hijo decide tener más descendencia y el futuro vástago es un varón, entonces no habrá más remedio que afrontar lo inevitable, y en las condiciones actuales esa reforma y el posterior referéndum es una amenaza de muerte para la Monarquía española, no creo que en sentido literal, pero sí figurado. Y esa es, en definitiva, la razón por la que a este servidor le preocupa tanto la amenaza sobre la Monarquía española. No tanto por la propia monarquía que, como ya he dicho, me importa un carajo, sino porque en este plan rupturista que lleva el sello de Rodríguez está incluido, y esta es la parte esencial, el desmembramiento del Estado. Nadie pone en duda que el Rey es, todavía hoy, una garantía de la unidad nacional. Cuestionado el Rey y, sobre todo, finiquitada la monarquía, el modelo confederal por el que suspira Rodríguez es solo cuestión de voluntad. Y él la tiene.”

El incidente de Gerona me recuerda otro, sucedido ocho años antes en Catalunya. Fue el 22 de marzo de 1999, cuando los reyes presidían el acto de inauguración de la empresa Boehringer en Sant Cugat del Vallés, un barrio residencial de Barcelona (sólo está a cinco kilómetros de la Ciudad Condal), feudo político del CiU. Se trataba de una de las compañías farmacéutica mayores del mundo, con sede en Alemania, que trabaja en 47 países y tiene 38.400 empleados. La inauguración coincidió con una gran protesta de trabajadores de Cobyser, una empresa de obras y servicos que protestaba, con sus claxones y bocinas, contra la instalación de la Boehringer en unos terrenos vecinos que habían sido denunciados por irreguralidades varias.

(Continuará mañana)