Se nos fue un diciembre más...
Amigos, clientes
habituales de esta barra clandestina llamada vida, otra vez la noria nos ha
traicionado y se nos fue un diciembre más, con más penas que glorias, con más
resacas que mañanas. Un año más al saco, mendrugos. Dicen que a estas horas hay
que hacer balance. Yo, el único balance que conozco es el de la balanza de la
farmacia, y ese siempre es cruel. Mejor brindo por los errores no cometidos por
cobardía, por los besos que se quedaron en la punta de la lengua, y por esa
mujer de la que ya no te acuerdas, pero que aún te debe un par de versos. Hemos
seguido bebiendo del mismo veneno dulce y esperando que el mañana se parezca
menos a la resaca de hoy, y eso está bien, porque la rutina es la coartada
perfecta para la locura.
Que el próximo año sea un
poco más canalla y un poco menos formal. Que no te quite las ganas de saltarte
las normas, de amar sin red y de mandar a paseo a la gente que te sobra. El
2026 viene sin garantía, igual que todas las promesas de amor eterno y las
botellas de whisky barato. Así que no esperes nada, báilalo todo y, si te caes,
que sea en el sitio justo, al lado de la gente incorrecta. Por los que se
fueron, por los que están y por esos fantasmas que aún nos visitan en mitad de
la noche. ¡Salud, cabrones! Y que la muerte nos agarre, si no borrachos, al
menos a medio camino.
(Bar Savina)

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