viernes, 2 de enero de 2026

Se nos fue un diciembre más...

 

Amigos, clientes habituales de esta barra clandestina llamada vida, otra vez la noria nos ha traicionado y se nos fue un diciembre más, con más penas que glorias, con más resacas que mañanas. Un año más al saco, mendrugos. Dicen que a estas horas hay que hacer balance. Yo, el único balance que conozco es el de la balanza de la farmacia, y ese siempre es cruel. Mejor brindo por los errores no cometidos por cobardía, por los besos que se quedaron en la punta de la lengua, y por esa mujer de la que ya no te acuerdas, pero que aún te debe un par de versos. Hemos seguido bebiendo del mismo veneno dulce y esperando que el mañana se parezca menos a la resaca de hoy, y eso está bien, porque la rutina es la coartada perfecta para la locura.

Que el próximo año sea un poco más canalla y un poco menos formal. Que no te quite las ganas de saltarte las normas, de amar sin red y de mandar a paseo a la gente que te sobra. El 2026 viene sin garantía, igual que todas las promesas de amor eterno y las botellas de whisky barato. Así que no esperes nada, báilalo todo y, si te caes, que sea en el sitio justo, al lado de la gente incorrecta. Por los que se fueron, por los que están y por esos fantasmas que aún nos visitan en mitad de la noche. ¡Salud, cabrones! Y que la muerte nos agarre, si no borrachos, al menos a medio camino.

(Bar Savina)

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