José María García: (I) “Los periodistas nos creemos el culo del mundo”.
José María García, en un momento de la entrevista con Ramón Lobo.
José María García, uno
de los periodistas que fue más conocido y temido del oficio, fue entrevistado
el domingo pasado por Ramón Lobo en el Diairo.es. Un hombre que despertó filias
y fobias en una España que salía de la dictadura y exploraba la democracia y
que admite que la enfermedad, el cáncer, le modificó la forma de ver la vida.
Reconoce errores y presume de reconciliaciones, algunas tan sonadas como la de
José Ramón de la Morena, con quien se las tuvo tiesas en un cruce de insultos y
descalificaciones que duró años. “Pese a su amabilidad –reconoce Ramón Lobo–, José
María García no ha cambiado en lo esencial: reparte estopa a diestra y
siniestra, acudiendo con frecuencia a sus palabras de referencia, con las que
creó un universo propio y la complicidad con sus oyentes: correveidiles,
chiquilicuatres, abrazafarolas, chupópteros. Su voz es inconfundible”.
¿Se arrepiente de algún
exceso, algún enfrentamiento, alguna enemistad?, pregunta Ramón. “Me arrepiento
de varios –contesta García–. No he hecho daño intencionadamente a nadie, pero,
en la crítica, siempre hay algún damnificado. Llamar a alguien abrazafarolas
está al alcance de cualquiera, pero no los dos años de investigación que hay
detrás para poder decirlo. Los periodistas que nos creemos el culo del mundo no
tenemos ningún poder. Estuve diez años llamándole Pablo, Pablito, Pablete a
Pablo Porta [presidente de Federación Española de Fútbol] por sus desmanes.
Cada vez que salía de su casa, los chicos del colegio de enfrente le gritaban
‘Pablo, Pablito, Pablete’, pero seguía en el cargo de presidente. Hasta que
llegó un ministro de Cultura y Deporte [Javier Solana] que se lo cargó con un
Real Decreto injusto, chapucero y mezquino”.
José María García
reconoce que estuvo equivocado en lo de llegar siempre el primero. “Sí, estaba
equivocado: mantenía una lucha titánica y la exigía a mis colaboradores. Una
cosa es la exclusiva, que hay que perseguir, el scoop por encima de todo, si
eres periodista de raza y de sangre, y otra, la obsesión por entrevistar el
primero… Estaba absolutamente equivocado: ¡qué más da ser el primero o el
segundo! Lo importante es ser el que le hace la mejor entrevista, el que
consigue sacar al entrevistado lo que no le ha dicho a los demás. De todas
formas, mi vida cambia radicalmente en 2005, con el cáncer. Me había retirado
porque tuve la mala suerte de que se cruzara en mi camino el mayor dictador que
he conocido después de Franco: José María Aznar. Me retiro en 2002 y, en 2005,
me dicen que tengo cáncer, un linfoma. Empezaron la lucha conmigo algunos que
se han quedado en el camino, como Paquito Fernández Ochoa. Soy un
superviviente, un privilegiado. A partir del 2006, cuando estoy más o menos
curado, empiezo a ver siempre el vaso medio lleno”.
Reconoce que toda su
vida ha luchado por la innovación, que fue un reportero cabrón, de los que
hacían putadas para conseguir la exclusiva, que no daba un teléfono a nadie...
“Unos periodistas –doce– investigan bien y escriben mal; otros escriben bien
pero investigan mal. Un día, Emilio Romero decidió poner a Hermida, que era muy
joven, en la última página de ‘Pueblo’. Se llamaba Match Hermida. A los 15 días,
se dio cuenta de que no funcionaba porque Hermida no veía ni una noticia… La
idea genial de Emilio fue poner a Manolo Alcalá a buscar las noticias para que
se las contara a Hermida, y este las escribiera”. Igualmente, García reconoce
que varios de sus excolaboradores aseguran que era muy duro con sus equipos y
muy exigente “porque mis chicos ganaban el triple que cualquier otro reportero”.
Reconoce que siempre le han acusado de condicionar su discurso según la amistad
o la cercanía. Que se equivocó un millón de veces. Y que es posible que
defendiera a gente que no tenía que haber defendido.
García recuerda su
primer incidente con Aznar. Y habla de Esperanza Aguirre, quien, cuando deja la
comunidad, la contrata una empresa de cazatalentos, “que tenía una vista de
cojones porque todos los que han trabajado con ella están en la cárcel o se les
espera. En lugar de una empresa de cazatalentos sería una empresa de
cazachorizos. Pues le pagaban 330.000 euros al año”. Dice que, en todo el mundo,
hay corruptos, “pero hay países en los que, si un político hace una pequeña
piragua, cae. En Alemania, Inglaterra o Suecia hay corruptos, pero los no
corruptos no protegen al corrupto, lo denuncian. Aquí, los no corruptos, si es
que queda alguno, tapan al corrupto. ¿Hay una prueba más grave que el SMS de
Rajoy: Luis, sé fuerte? Y sigue siendo presidente del Gobierno”.
Mañana: José María
García: (y II) Los reyes y el caos del
periodismo.
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