Cuando Punch abraza a un peluche puede ser una necesidad y no un capricho.
Hace poco se volvió viral
la historia de Punch, un mono bebé en Japón que, al nacer, fue rechazado por su
madre. No hubo contacto, ni apego, ni el calor, ni siquierael ritmo de una presencia
materna.
Durante su crianza con
cuidadores, ocurrió algo que conmovió a miles de humanos. Punch se aferró a un
peluche de mono con un moñito. Lo abrazaba. Dormía con él. Lo buscaba cuando se
asustaba. Muchos dijeron: “Qué tierno.” “Qué triste.”. “Está jugando”. Pero la psicología mostró
algo distinto. El pediatra y
psicoanalista Donald Winnicott explicó que esos objetos no son simples
juguetes. Son lo que llamó: objetos transicionales.
Su función no es
entretener. Es ayudar al sistema emocional a sobrevivir a la ausencia. Porque
Punch necesita contacto, calor, voz, olor, ritmo... Y, cuando esa presencia no
estaba disponible todo el tiempo, el psiquismo buscó un sustituto simbólico.
Ahí aparece el peluche. No
como fantasía sino como regulación emocional. Un objeto ayuda a: tolerar
separaciones, a bajar la ansiedad, a conservar sensación de seguridad, a dormir
sin entrar en pánico... No era
debilidad. Ni dramatismo. Ni dependencia mal aprendida. Era una forma temprana
de autorregulación.
La idea incómoda era
esta: la independencia no nace de la ausencia. Nace de haber tenido suficiente
sostén emocional. Y, cuando ese sostén faltó, el cuerpo buscó cómo fabricarlo. Y
a veces lo hace abrazando algo que represente presencia. Porque nadie aprende a
estar solo si primero no se sintió acompañado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario