sábado, 21 de febrero de 2026

Cuando Punch abraza a un peluche puede ser una necesidad y no un capricho.

 


Hace poco se volvió viral la historia de Punch, un mono bebé en Japón que, al nacer, fue rechazado por su madre. No hubo contacto, ni apego, ni el calor, ni siquierael ritmo de una presencia materna.

Durante su crianza con cuidadores, ocurrió algo que conmovió a miles de humanos. Punch se aferró a un peluche de mono con un moñito. Lo abrazaba. Dormía con él. Lo buscaba cuando se asustaba. Muchos dijeron: “Qué tierno.” “Qué triste.”.  “Está jugando”. Pero la psicología mostró algo distinto.  El pediatra y psicoanalista Donald Winnicott explicó que esos objetos no son simples juguetes. Son lo que llamó: objetos transicionales.

Su función no es entretener. Es ayudar al sistema emocional a sobrevivir a la ausencia. Porque Punch necesita contacto, calor, voz, olor, ritmo... Y, cuando esa presencia no estaba disponible todo el tiempo, el psiquismo buscó un sustituto simbólico.

Ahí aparece el peluche. No como fantasía sino como regulación emocional. Un objeto ayuda a: tolerar separaciones, a bajar la ansiedad, a conservar sensación de seguridad, a dormir sin entrar en pánico...  No era debilidad. Ni dramatismo. Ni dependencia mal aprendida. Era una forma temprana de autorregulación.

La idea incómoda era esta: la independencia no nace de la ausencia. Nace de haber tenido suficiente sostén emocional. Y, cuando ese sostén faltó, el cuerpo buscó cómo fabricarlo. Y a veces lo hace abrazando algo que represente presencia. Porque nadie aprende a estar solo si primero no se sintió acompañado.

No hay comentarios: