Juan Carlos, el primero de la dinastía Franco.
Para Nieves Concostrina en
Público es de suponer que la ciudadana Leonor se mantiene tan aislada en su
burbuja aterciopelada, tan convencida por su derecho de nacimiento a ser jefaza
de Estado, que ignora el rechazo que provoca su figura en la mayoría de la
población. “Al PSOE le debemos la cobardía de no haber atendido el runrún
esperanzador hacia un cambio de régimen que resonó entre 2012 y 2014; y mucho
más cobarde fue su Ejecutiva, con Alfredo Pérez Rubalcaba a la cabeza, que
rechazó ni siquiera discutir la propuesta de sus Juventudes en 2014 de apostar
por un referéndum: Rubalcaba apoya al nuevo rey y zanja el debate de su
Ejecutiva entre monarquía y república. La madre que parió a Rubalcaba y a toda
la Ejecutiva.
“El momento era
inmejorable, y, aunque gobernara el PP, los socialistas deberían haberlo
peleado en vez de traicionar su propia historia, a muchos de sus afiliados y a
infinidad de votantes. Sus simpatizantes, al menos, deberían haber visto que lo
intentaban. Por enésima vez quedaron al descubierto las corrupciones y las
gamberradas endémicas de los borbones, y por enésima los políticos les
sujetaron el paraguas para que aguantaran el chaparrón. Porque en el statu quo
borbón se vive bien, y el PSOE se ha ido acomodando. Sospecho que porque creen
asegurarse más apoyos haciendo cositas que agraden a votantes de la derecha.
También creo que si cambiaran el foco verían cómo, precisamente eso, el
ponerles ojitos a los potenciales votantes de derechas, ha provocado una
importante fuga de sus afines.
“Gestos importantísimos
como el ‘no a la guerra’ o el situarse contra el genocidio y plantar cara a
Trump ayudan mucho, muchísimo, pero van tarde y van de culo con otros asuntos
que era imprescindible abordar si queremos una democracia plena: los abusos de
la multinacional católica, el secuestro de la enseñanza y los desmanes de la
corrupta monarquía. Han pasado 50 años y no solo no han encontrado el momento
de empezar a respetar su tradición republicana y laica. Al contrario, han
abandonado sus principios. No era el momento en los setenta; absolutamente
lógico. No lo fue en los ochenta; perfectamente comprensible también. Tampoco
encontraron el momento oportuno en los noventa; y eso ya fue mosqueante. Ni en
la primera década de los dos mil; cuando ya empezaba a oler mal. Ni en los años
veinte, cuando ya apesta a que ni han buscado ni quieren encontrar el momento.
Como dijo aquel… emosío engañaos.
“España es el país en el
que más veces ha corrido peligro el trono, y en todas las ocasiones, salvo en
dos honrosos episodios republicanos, los políticos han ido en su rescate o les
han salvado la cara por sus implicaciones en los golpes de Estado de 1874,
1923, 1936 y 1981. Ningún país ha repudiado a tantos reyes y reinas de la misma
dinastía como el nuestro en menos de 200 años: a Cristina de Borbón tres veces,
a Isabel II, a Alfonso XIII, a Juan Carlos (…) Pero, ya se sabe: 40 años
después de la muerte del dictador, seguía sin ser el momento (…) la lista de fieles
y monárquicos, o de monárquicos fieles, es extensa.
“Los socialistas han
acabado haciéndose un hueco en el cojín del régimen monárquico, y ahí andan.
Están tan a gustito como lo estaba Ortega Cano el día de su boda con la Jurado,
por eso el aforismo matemático manchego de José Mota que dice “las gallinas que
entran por las que salen” no le vale al PSOE. Las gallinas de derechas no
entran, y las de izquierdas se van. Y a veces, como no encuentran otro
gallinero que les guste, se anarquizan. A la mierda el voto.
“En mis recorridos
titiriteros por España para encuentros con clubes de lectura y asociaciones,
para charlas o para presentaciones, me cruzo con alcaldes y alcaldesas del PSOE
que, conociendo mi posición republicana y atea, intentan empatizar reivindicando
su carácter republicano y laico, y yo les pongo una sonrisilla y no me queda
otra que decirles que a quién pretenden engañar. No es necesario conmigo ese
disimulo. A otro perro con ese hueso, porque no me presto a aliviarles sus
complejos ni dejo que crean que cuelan las absurdas disculpas que esgrimen para
presidir procesiones o, más allá del obligado protocolo oficial, perder el culo
por un besamanos real. (...)
“Que los borbones sean
unos hipócritas morrocotudos y que vayan cambiando el paso según les interese
para no perder el negocio no les borra el pasado. Es lo que llevan haciendo dos
siglos, poniendo una vela a dios y otra al diablo a ver quién les mantenía el
trasero en el trono. Incordiando cuando pueden (y Felipe incordia mucho) y poniéndose
la careta de demócratas cuando les interesa o no les queda otro remedio”. (...)

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