sábado, 28 de marzo de 2026

Más de 70 formas de decir “prostituta” en latín.

 

Según la leyenda, los hermanos gemelos Rómulo y Remo fueron abandonados y los amamantó y crió una lupa (loba). ¿Fueron amamantados por una loba de cuatro patas… o de dos? En Roma, los recién nacidos tenían que enfrentarse al veredicto del paterfamilias: sublatus (tomarlo) o expositus (expuesto, abandono). Si los recogían del suelo, significaba que los aceptaban, los legitimaban y pasaban a gozar de todos los derechos y privilegios como miembro de la familia. Si por el contrario no eran aceptados, eran expuestos, es decir, eran abandonados.

Lo de que una loba los amamantó… Lo más fácil es que se los hubiese merendado y que, en realidad, los criase una de dos, porque lupa, en latín, además de loba, es puta. Y de ahí, por ejemplo, viene el término lupanar, que es un prostíbulo. Pero claro, para los hijos de la Urbe decir que son hijos de puta, es muy fuerte. Así que, en una de las mejores campañas de marketing de la historia le dieron la vuelta y se inventaron la leyenda que ha llegado hasta nuestros días.

Según el filósofo Virgilio Ortega, autor de “Palabralogía” o “Palabrotalogía”, en latín había más de 70 formas de decir puta (dependiendo de donde ejerce, de cómo, de lo que cobra, de su físico…). Por ejemplo, la que ejercía “delante del prostíbulo, mostrándose sin moverse del sitio” se denominaba prostíbula; la que venía de fuera, sobre todo de Grecia o de la recién conquistada Jerusalén, peregrina;  la que trabajaba de noche era noctiluca; la culibonia podía traducirse como la de “buen culo”; la meretriz viene del verbo mereor, que significa ‘merecer’, o sea alguien ‘que se lo ha trabajado y se lo merece’; culiola, si ofrecía el ano o “culeaba bien”; gaditana —por la sensualidad de los bailarinas de Gades, Cádiz—; quadrantaria, por ser barata y alquilarse por ‘la cuarta parte’; los arcos de la planta baja del Coliseo romano, denominados fornices son el origen etimológico del verbo fornicar, ya que bajo aquellos arcos cobraban por sus servicios las fornicatrices; las delicatae eran las putas de lujo a las que únicamente tenían acceso los más poderosos (las que ahora se eligen con un catálogo y se les pone un pisito);  las famosae, mujeres que sin ninguna necesidad, por su posición social, practicaban sexo por puro place (caso más conocido Valeria Mesalina, esposa del emperador Claudio); las copae ejercía en la caupona (era una tienda de bebida rápida y comidas frías ya preparadas); las forariae ejercían en los caminos rurales próximos a Roma y sus principales clientes eran los viajeros; las bustuariae, cerca de cementerios…

En la sociedad grecorromana el concepto de “pecado” y “homosexual” no existe, así que no era nada extraño que en aquellos lupanares pudiésemos encontrarnos chicos al servicio de todo tipo de clientes. Lo importante no era con quien te acostabas, sino qué rol jugabas en la relación, activo o pasivo.  Y cómo no, también había varias categorías:

Pathici: pasivos

Ephebi: adolescentes

Fellatores: feladores

Spadones: impotentes

Amasii: para relaciones prolongadas

(Cándido Iravedra, en Café, letras y tú... poesía)


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