El día en que el buque Hondius llegó a Canarias, centro mundial del hantavirus.
El pasado fin de semana, España se convirtió en el centro de las miradas internacionales por el desembarco del crucero con un brote letal de hantavirus. Llegó en la madrugada del domingo y, en menos de 12 horas, el operativo ya había evacuado y enviado a sus países a más de la mitad del pasaje, con todas las medidas de seguridad y aislamiento prometidas.
Hasta 94 navegantes de 19
nacionalidades fueron trasladados a tierra, transportados en vehículos aislados
hasta una pista de despegue y puestos en manos de sus gobiernos en vuelos
medicalizados. Los 14 españoles no fueron trasladados al Zendal, hospital que
Ayuso aseguró estar especializado en pandemias, sino a unas instalaciones
especiales del hospital militar público Gómez Ulla de Madrid.
A pesar de gastar casi
cuatro veces más de lo presupuestado en su construcción, el centro Enfermera
Isabel Zendal “especializado en brotes de patógenos emergentes” no estaba
preparado para aislar a los viajeros. En palabras de la presidenta regional, se
trataba “del mejor hospital de pandemias del mundo”. Sin embargo, los españoles
llegaron en avión y no fueron al Zendal porque seguía sin estar preparado pese
al golpe de ampliación de presupuesto, cerca de 200 millones de euros, cuando
se había planeado por 50. Un esfuerzo que contrastaba con el dato de que, en
todo 2023, el centro registró el ingreso de un paciente diario. El día de la
inauguración, Díaz Ayuso lo calificó como “único en el mundo”, un hito “sin
precedentes en Europa” y “un hospital para España, abierto al resto de las
comunidades autónomas”. Sin embargo, los españoles que viajaban en el crucero no
fueron enviados al Zendal y Ayuso
protestó desde México, en donde se encontraba: “No estoy de acuerdo”, dijo ella
desde su gira oficial.
Un informe de Sanidad
desmintió el alarmismo de Fernando Clavijo, el presidente canario: los roedores del hantavirus no nadaban
y las condiciones higiénicas del barco tampoco eran las adecuadas. Terminada la
logística matinal, siguieron los desembarcos, quedando por salir pasajeros de
Australia y de Países Bajos.
Fueron horas en las que España
exhibió su gestión pública ante el mundo, sólo empañadas por la ridícula actitud
de Fernando Clavijo, atrapado en su propio laberinto de argumentos del PP que
obstaculizaron la operación. El presidente autonómico no quiso que el barco se
acercara a Canarias porque, si había ratas con el virus, estas podían nadar y
llegar a la costa, en contra de la opinión de los técnicos de que en el barco
no había roedores. La hipótesis más sólida apuntó a que el virus llegó a bordo
con pasajeros ya infectados antes de embarcar, especialmente un matrimonio
neerlandés que había recorrido durante meses Argentina y Chile, donde el virus
sí era endémico y provocó muertes casi cada año. En Canarias no hubo ratas
nadadoras y Clavijo se quedó con el culo al aire.


No hay comentarios:
Publicar un comentario