martes, 12 de mayo de 2026

El día en que el buque Hondius llegó a Canarias, centro mundial del hantavirus.

 

Desembarco de pasajeros del Hondius, el domingo, en Tenerife.

El pasado fin de semana, España se convirtió en el centro de las miradas internacionales por el desembarco del crucero con un brote letal de hantavirus. Llegó en la madrugada del domingo y, en menos de 12 horas, el operativo ya había evacuado y enviado a sus países a más de la mitad del pasaje, con todas las medidas de seguridad y aislamiento prometidas.

Hasta 94 navegantes de 19 nacionalidades fueron trasladados a tierra, transportados en vehículos aislados hasta una pista de despegue y puestos en manos de sus gobiernos en vuelos medicalizados. Los 14 españoles no fueron trasladados al Zendal, hospital que Ayuso aseguró estar especializado en pandemias, sino a unas instalaciones especiales del hospital militar público Gómez Ulla de Madrid.

A pesar de gastar casi cuatro veces más de lo presupuestado en su construcción, el centro Enfermera Isabel Zendal “especializado en brotes de patógenos emergentes” no estaba preparado para aislar a los viajeros. En palabras de la presidenta regional, se trataba “del mejor hospital de pandemias del mundo”. Sin embargo, los españoles llegaron en avión y no fueron al Zendal porque seguía sin estar preparado pese al golpe de ampliación de presupuesto, cerca de 200 millones de euros, cuando se había planeado por 50. Un esfuerzo que contrastaba con el dato de que, en todo 2023, el centro registró el ingreso de un paciente diario. El día de la inauguración, Díaz Ayuso lo calificó como “único en el mundo”, un hito “sin precedentes en Europa” y “un hospital para España, abierto al resto de las comunidades autónomas”. Sin embargo, los españoles que viajaban en el crucero no fueron enviados al Zendal  y Ayuso protestó desde México, en donde se encontraba: “No estoy de acuerdo”, dijo ella desde su gira oficial.

Un informe de Sanidad desmintió el alarmismo de Fernando Clavijo, el presidente  canario: los roedores del hantavirus no nadaban y las condiciones higiénicas del barco tampoco eran las adecuadas. Terminada la logística matinal, siguieron los desembarcos, quedando por salir pasajeros de Australia y de Países Bajos.

Fueron horas en las que España exhibió su gestión pública ante el mundo, sólo empañadas por la ridícula actitud de Fernando Clavijo, atrapado en su propio laberinto de argumentos del PP que obstaculizaron la operación. El presidente autonómico no quiso que el barco se acercara a Canarias porque, si había ratas con el virus, estas podían nadar y llegar a la costa, en contra de la opinión de los técnicos de que en el barco no había roedores. La hipótesis más sólida apuntó a que el virus llegó a bordo con pasajeros ya infectados antes de embarcar, especialmente un matrimonio neerlandés que había recorrido durante meses Argentina y Chile, donde el virus sí era endémico y provocó muertes casi cada año. En Canarias no hubo ratas nadadoras y Clavijo se quedó con el culo al aire.

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