El sufrimiento silencioso de nuestra mascota, en Nochevieja.
El oído de los perros es
mucho más sensible que el de los seres humanos. Es, junto al olfato, su sentido
más desarrollado. Los canes son capaces de percibir sonidos que los humanos
somos incapaces de oír. En consecuencia, también sienten más los ruidos
estruendosos procedentes de la deflagración de petardos o cohetes. Y no
comprenden por qué de vez en cuando los humanos nos divertimos con ellos.
Según explica la
veterinaria Nuria Gómez Constanzo a Europa Press, los ruidos fuertes afectan
gravemente a los animales, pues desencadenan miedo, ansiedad y conductas como
intentos de huida. Esto se traduce en síntomas como palpitaciones,
taquicardias, dificultades para respirar, temblores o náuseas. En casos muy
extremos, incluso, puede costarles la vida, ya sea por un accidente en su
intento de huida, como contábamos ayer en este blog. Por ello, en una fiesta
como Nochevieja, es importante no solo acompañarles, sino saber cómo
actuar.
Una medida aconsejable es
crear un refugio en el que el animal pueda sentirse a salvo. La idea es reunir
en un único espacio su cama y objetos predilectos. Además, cerrar puertas y
ventanas para amortiguar el sonido lo máximo posible. También hay que tener en cuenta sus rutinas,
costumbres y necesidades. Por ello, el paseo se ha de planear en un horario en
el que las celebraciones en la calle estén más tranquilas. La idea es que,
cuando los fuegos artificiales y los petardos comiencen a detonar, el perro tenga
sus necesidades cubiertas y pueda estar a salvo en su refugio. Pero, en
realidad, el ruido de los petardos no solo molesta a los perros. Otros animales
domésticos por excelencia, los gatos, también se sienten amenazados por estos
ruidos para ellos inexplicables. Sin embargo, los felinos poseen una mayor
habilidad para encontrar la calma en sus refugios naturales. Por ello, en su
caso no es necesario una labor de preadaptación, pues ellos mismos se encargan
de ponerse a salvo en un lugar de la casa en el que se sientan seguros. Aún así,
es muy probable que, durante unos fuegos artificiales, su estado anímico sea de
estrés absoluto. Por ello, al entrar en modo supervivencia, su comportamiento
puede cambiar por completo, incluso para con nosotros.
En el caso de las aves,
que siempre están en ambientes externos, presentan niveles cardiacos
elevadísimos y un estruendo repentino podría provocarles fácilmente un colapso
en el corazón. De hecho, en la naturaleza, los animales salvajes también suelen
responder asustados frente a un ruido fuerte que no pueden anticipar. Aunque en
este caso poseen una mayor capacidad de huida, lo que ayuda a que sus niveles
de estrés no se disparen como si puede suceder en el caso de un perro que se ve
encerrado dentro de un domicilio.
Año nuevo, ¿vida nueva?
