jueves, 29 de enero de 2026

Medio millón de vidas saldrán de la clandestinidad.

 

Fotode archivos  de varias pancartas en una concentración para exigir la regularización en 2022.

La regularización extraordinaria pactada entre Podemos y el Gobierno rompe años de violencia administrativa y pone derechos donde antes había miedo. El acuerdo,  anunciado públicamente por Irene Montero en un acto en Madrid y confirmado posteriormente por el Ejecutivo, establece que podrán beneficiarse de la medida todas las personas solicitantes de protección internacional que se encuentren en España antes del 31 de diciembre de 2025, que no tengan antecedentes penales y que puedan demostrar al menos cinco meses de residencia.

No es un gesto simbólico ni un titular más sino una regularización extraordinaria de personas migrantes, que puede cambiar la vida de más de 500.000 personas que hoy sobreviven en la irregularidad forzada. Personas que trabajan, cuidan, sostienen sectores enteros de la economía y, aun así, viven sin papeles, sin derechos y con miedo constante a la expulsión.

La medida se aprobó por Real Decreto en el Consejo de Ministros del 27 de enero, evitando el bloqueo político que llevaba meses enterrando la iniciativa en el Congreso. Afectará a quienes puedan acreditar estar en el Estado español antes del 31 de diciembre de 2025 y demostrar cinco meses de residencia, mediante padrón, informes médicos, contratos de suministros o certificados sociales.

Desde el momento en que se admita la solicitud, se suspenden las órdenes de expulsión y se concede un permiso provisional de residencia y trabajo por un año. No es caridad. Es seguridad jurídica. Es acceso a la sanidad. Es salir de la economía sumergida que el propio sistema necesita para funcionar.

Según Funcas, a comienzos de 2025 había unas 840.000 personas en situación administrativa irregular en España. La mayoría, migrantes latinoamericanas y latinoamericanos (91%), atrapados en un modelo que fabrica ilegalidad mientras se beneficia de ella. Esta regularización no soluciona todo, pero corrige una injusticia masiva y desarma uno de los discursos favoritos de la ultraderecha: el que culpa al migrante de lo que en realidad provoca el capital.

Responder al racismo con derechos no es radical. Radical es sostener un sistema que necesita personas sin papeles para seguir explotando. (Spanich Revolution).

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