viernes, 22 de febrero de 2019

¿Un futuro presidente como el de Portugal?


Marcelo Rebelo de Sousa consuela a una víctima de los incendios.

Aprovechando que estamos en vísperas de unas elecciones de un nuevo presidente del Gobierno, se me ocurre mirar hacia Portugal para ver lo ocurrido con el último. Hace tres años, llegó andando hasta el Parlamento portugués para que le invistieran presidente. Había ganado las elecciones con el 52% de los votos, un gasto de 157.000 euros en la campaña electoral (tres veces menos que la candidata del Bloco de Esquerda) y con la colaboración de solo siete personas. Marcelo Rebelo de Sousa arrasó con todos los moldes de las campañas políticas y ahora su caso se estudia en la universidad. Una tesis doctoral indaga en su extraordinaria popularidad. Desde que fuera elegido, la actividad de Rebelo de Sousa no va en detrimento de los estudios de opinión. El 71% de la población tiene una imagen positiva de él y el siguiente político está a más de 20 puntos mientras que los que le ven con malos ojos no llegan al 7%.

El entonces candidato, de 67 años, católico por encima de todo y militante del Partido Social Demócrata, renunció a la maquinaria partidista, a las banderolas, los mítines, los himnos y las pancartas.  Hoy sale a la calle, habla con la gente y ésta le abraza. De esta manera, De Sousa se ha convertido en uno de los presidentes más populares de su historia. Su hiperactividad no menguó con los años, mientras han ido cayendo, desfondados, algunos miembros del servicio presidencial. Viajes infinitos, fuera y dentro del país, recepciones, discursos, visitas, sin distinguir entre días laborables o festivos. Y entre semanas, puede llegar conduciendo su coche presidencial para asistir al funeral de una amiga y sentarse, discretamente, en la última fila de la iglesia.

Rebelo de Sousa percibió antes que nadie que los nuevos políticos tenían que ser así, cercanos a la gente, pero sinceramente cercanos. Pasó las últimas navidades comiendo en comedores populares, durmiendo en casas de víctimas de incendios y echando una mano allí donde se necesitase. Y actualmente, el arrollador fenómeno del presidente de Portugal ya se estudia en la universidad. Según un sondeo publicado por el semanario Expresso a los dos años de mandato, el 52% de los portugueses deseaba hacerse una fotografía con Marcelo. Un 3,3% ya tenía un selfi con él, una cifra que se traduce en 330.000 selfis, más de 450 personas por día. Pese a los márgenes de error de estas encuestas, quizás en esta ocasión habría que elevar los cálculos para acertar.

Marcelo es sinónimo de éxito. Una agencia de publicidad recurrió a él para autopromocionarse. Abrió la web TeleMarcelo, donde la gente dejaba el teléfono de algún conocido para que le despertaran con una frase real del presidente de la República: “Aquí Marcelo Rebelo de Sousa. Interrumpí una reunión que tenía. Acabé una y voy a comenzar otra, pero quería enviarte un beso”. En un día se realizaron 107.000 llamadas. En los conocidos incendios de octubre de 2017, después de los no menos trágicos de junio, el primer ministro António Costa telefoneaba a la ministra de Interior para pedir información. Antes de colgar, Costa le pedía perentoriamente a la ministra: “Haz lo que sea, pero llega antes que Marcelo”.

Me pregunto si, en nuestro país, en vísperas de elecciones habrá algún candidato que, aunque sea muy remotamente, siga los pasos de Marcelo Rebelo de Sousa.

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