domingo, 5 de abril de 2015

El colorido y lo negro de la Semana Santa.


Esta es, entre las 52 semanas que tiene el año, la más colorida y más negra de la historia de España, con una iglesia que sale a la calle con todo su beato y esplendor, apoyada por todas las instituciones del Estado que se honran y enorgullecen en presentar y recordar escenas tan brillantes como tristes. Son siete días de esta “España de charanga, pandereta y sacristía”, de la que Machado hablaba en sus versos. Siete jornadas de un continuo espectáculo de  procesiones con marchas religiosas, llenas de capirotes, con imágenes devotas de penitentes que siguen y persiguen los senderos de esta España vieja y carcomida por la tradición. En ellas se repiten los sentimientos y creencias de una iglesia que sale a la calle, se apodera de ella y se hace el centro de esta vida y de la otra. Una iglesia que se crece y se potencia gracias a su poder extendido por doquier y a la sumisión de sus penitentes. Un fenómeno sociológico complejo que, en bastantes aspectos, trasciende los componentes puramente religiosos. Son siete días y siete noches repletos de interminables procesiones, que suscitan lágrimas, orgullo y temores ancestrales. “Resulta cuando menos sorprendente –advierte Víctor Moreno en ‘Semana Negra, confesional y Católica’, publicado en Gara– que las gentes de hoy, tan miradas por seguir las modas más avanzadas, se dejen llevar en ciertos terrenos por criterios y costumbres tan viejos y anacrónicos como los presentes en la Edad Media. Y lo hacen con sobrada naturalidad y sin ningún tipo de asombro en el rostro. Les parece lo más pertinente. Si así lo hacían sus tatarabuelos, ¿por qué no lo han de hacer ellos? Por esta misma razón, cuando les atenaza el cuerpo alguna enfermedad como la gripe, deberían curarla con los medios que utilizaban sus antepasados con los resultados tan bien conocidos…”


“La quintaesencia de esta tradición tenebrosa –prosigue Vìctor Moreno– se concentra en la conmemoración de la Semana Santa, el más funesto aporte de la Iglesia Católica a la celebración del dolor, del sadomasoquismo y del fetichismo voyeur más gore que cabe imaginar. El léxico la delata: azotes, sangre, dolor, espinas, crucifixión, cruces, entierro, mortaja, humillaciones, disfraces terroríficos, angustia, muerte... En definitiva: penitencia, miedo, castigo. Y es que España, en cuanto llega la denominada Semana Santa, vuelve a sumergirse en las penumbras oscurantistas que dibujaron Émile Verhaeren y Darío de Regoyos en su libro “La España negra”, y que data de 1899. La Semana Santa es un tiempo de fiesta dolorosa en la que se escenifican y glorifican las más funestas galas de la Iglesia Católica: su afición morbosa por el sufrimiento inútil. (...)  Sin embargo, lo más insólito no es que se dé una connivencia entre Iglesia y ayuntamientos durante este tiempo que llaman de cuaresma, sino el hecho de que sea este último quien tome las riendas confesionales y teocráticas, convirtiéndose en protagonista absoluto en la ejecución de dichos actos. No le den más vueltas al asunto. Son muchos los ayuntamientos que organizan y alientan dichas representaciones dramáticas y trágicas, sin importarles si están infringiendo el carácter aconfesional de la institución que representan. Incluso, ofrecen guías turísticas para asistir a dichos eventos. Al fin y al cabo, la religión es capitalismo. Benjamin dixit (…) Se entiende que la Iglesia se enorgullezca de su liturgia, pero que sea un ayuntamiento quien se convierta en maestro de ceremonias de carácter religioso y tome la iniciativa en ellas es tan lamentable como paradójico. Que la Iglesia saque a relucir los trapos sadomasoquistas de su religión, pase, pero que sea un ayuntamiento quien se convierta en su máximo representante pertenece a la antología bufa y grotesca de una España negra que parece no haberse ido de la sociedad. El nacional-catolicismo sigue tan vivo como en la época franquista. Invade el espacio público con una suficiencia abrasiva estomagante. Caiga quien caiga. Tanto a la Iglesia como a los ayuntamientos les importa un bledo la pluralidad confesional y aconfesional, existente en la sociedad actual. Los dos han convertido la Semana Santa en un pretexto económico”.


Y hasta el Boletín Oficial del Estado prepara esta Semana Santa. Este año, las cofradías consiguieron 11 medidas de gracia para condenados, frente a las 21 concedidas el año pasado. El “santo” BOE del lunes pasado recogía los 11 indultos aprobados  por el Consejo de Ministros. Seis de ellos fueron a parar a condenados por delitos contra la salud pública, dos por robo con violencia, uno por atentado a la autoridad, otro por tráfico de drogas, otro por revelación de secretos El último, cuyo perdón fue solicitado por la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de la Piedad de Valladolid, pertenece a una sentencia del pasado mes de junio en la que se condena a un funcionario que ha facilitado miles de datos personales de los archivos de la Seguridad Social a agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional y al jefe de seguridad de El Corte Inglés, “con los que tenía relación personal”, así como a mutuas laborales.  Francisco José García Padilla era Jefe de Negociado de Inscripción de Empresa, Afiliación, Altas y Bajas y Variaciones de Datos de los trabajadores en la sede del organismo público en Valladolid. En un primer momento, la Audiencia Provincial le absolvió del delito de revelación de secretos, ya que consideró que tenía autorización para acceder a la base de datos porque formaba parte de su trabajo. Y que, en todo caso, podría haber sido acusado de un delito distinto: uso indebido de información pública. Pero el Tribunal Supremo, tras aceptar el recurso de casación del Ministerio Fiscal y la Tesorería General de la Seguridad Social, consideró que “estaba justificado el acceso que exigía su actuación como funcionario, pero no otros, ni en estas bases, y aun menos en otras como aquellas de las que extrajo los datos que transmitió a terceros”. Además, argumentó, “no estaba autorizado para consultar las 8.936 veces, los datos de trabajadores, empresas, vida laboral, prestaciones y certificados de situación de cotización, que posteriormente trasmitió”. Lo hizo entre agosto de 2008 y principios de julio de 2009. Así, aunque aclara que no se ha podido acreditar que la entrega de estos miles de datos se realizara a cambio de dinero, el Tribunal Supremo le condenó a tres años y seis meses de prisión, multa e inhabilitación para su cargo durante seis años, con lo que perdía su plaza como funcionario. Además, la sentencia no aplicó agravantes ni atenuantes a la pena. La misma cofradía consiguió el perdón para el director de banco hace un año. Gracias al indulto concedido el viernes, su condena pasa a ser de dos años por lo que, si el tribunal responsable así lo considera, podrá evitar el ingreso en prisión. La Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad de Valladolid es la misma que, hace un año, solicitaba y conseguía el perdón para un director de oficina bancaria que había robado 30.000 euros a un cliente. Entre los indultos solicitados por la Cofradía este año también se encuentra el de Ángeles Martínez, una mujer condenada a ocho años de cárcel en 2010 en Venezuela. Los agentes de la autoridad del Aeropuerto Simón Bolivar encontraron más de 12 kilos de cocaína líquida en sus maletas, aunque ella alegó que la habían engañado.

Don Felipe besa el paso de Nuestra Señora de las Mercedes.

El rey Felipe VI, el pasado lunes, no sólo asistió como espectador a las procesiones de Semana Santa en Sevilla, sino que participó en ellas, bajando a la calle y mezclándose con los cofrades y “cangrejeando”. “Llamó al palio” de una cofradía, recibió y se puso una medalla de “hermano” de otra (o tal vez la misma), presidió un “palquillo”, agarrado a una vara de “hermano mayor” besó un paso. “En resumen –escribe Juan Antonio Aguilera en Ciudadanos@s–, bajó con los peatones como un beatón más y se llenó los bolsillos de estampicas y medallas; no hubiera extrañado verlo saludar al buen don Guido, muy serio, camino de otro misterio. Con Felipe VI, un flipe vi: fue muy insólito para propios y extraños, pues ni su padre Juan Carlos, el Campechano (ehem, entre otras cosas) llegó a tanto capillismo. Hemos visto a un rey de túnica, un rey de capirote, aunque no llegara a ponérselos; tampoco se pone la corona. Menos insólita fue su acostumbrada inclinación ante unos faldones episcopales, en este caso los de Asenjo, el arzobispo de Sevilla. En lo referente a inclinaciones, desde Locomotoro no contemplábamos nada tan chiripitifláutico (solo que Locomotoro no se doblaba, ni parecía necesitar obispo). Pero si gugleamos un poco, encontramos informaciones que hacían el cangrejeo y el chiripitiflautismo real más previsibles. Resulta que hace pocos meses, entre octubre y noviembre de 2014, en la Casa Real hubo un frenesí cofradista, pues el rey aceptó ser ‘Hermano Mayor Honorario’ de numerosas cofradías sevillanas. Las hermanas del rey son aquí ‘Camareras Mayores’, con lo que lo de ‘Hermandad’ cobra más sentido. Aunque me pregunto qué pensará Elena al ver que ni en estos asuntos la tienen en cuenta como ‘hermana mayor’, sino que la dejan relegada, en el ámbito cofrade, al sector servicios, rama de hostelería

El Rey Felipe  VI, el pasado lunes, en Sevilla, con los cofrades de la Hermandad de la Redención en el  beso de Judas.

“Leemos, por cierto, que en 1994 los Reyes concedieron oficialmente a esta ‘Hermandad’ el título de ‘Real’, lo que la autoriza a poner una corona borbónica en su escudo. Recordemos que, a cambio, el nuevo escudo real sigue coronado por una cruz. En definitiva, vemos que lo que no debe hacer ningún cargo público, el más alto lo realiza con fruición. Bonito ejemplo. El ciudadano Felipe puede, a título privado, arrojarse a los pies de cada obispo si así lo desea; el rey Felipe, nunca. ¿Acaso ignora que ─nos guste o no─ representa simbólicamente al Estado? Y mira que empezó con algún detalle de mayor respeto a la aconfesionalidad estatal que su padre, pero enseguida inició eso del cangrejeo, en este caso yendo para atrás. Así que, lamentablemente, tenemos un nuevo ‘rey católico’… y ya íbamos bien despachados; de hecho, no podremos llamarle ‘el Piadoso’ porque ya lo fue su tocayo Felipe III. Que la máxima autoridad del Estado incumpla reiteradamente el mandato constitucional de aconfesionalidad de las instituciones públicas, insistiendo en gestos no sólo confesionales y devotos, sino hasta de sometimiento a la Iglesia católica, es muy reprobable. El rey persiste, mediante sus acciones, en su voluntad de no serlo de todos los españoles por igual (aunque en sus discursos afirme lo contrario). Si ya la monarquía parece poco compatible con la democracia, al violarse radicalmente el principio de igualdad, ¿qué decir si encima estamos ante una monarquía confesional de hecho?”.

Un nazareno de la Hermandad del Baratillo pasa junto a la plaza de toros de la Real Maestranza. 


“A mediados de enero –escribía Javier Caraballo, en el artículo “Podemos, Semana Santa y estupidez”, publicado en El Confidencial–,  nada más comenzar el día, con las primeras lenguas inflamadas, fue el propio autor del incendio quien se apresuró a intentar apagar las llamas, temeroso de que aquello se pudiera propagar. Pero ya era tarde, claro; la chispa fortuita ya no le pertenecía, y un fuego pavoroso estaba a punto de arrasar todas las redes sociales. ‘Podemos quiere quitar la Semana Santa de Sevilla’. ¿Cómo dices? Lo que has oído… Tan exponencial fue la propagación que incomodaba hasta la aclaración del autor de aquella entrevista a la nueva dirigente de “Podemos en Sevilla, Begoña Gutiérrez. En un tuit, el periodista, Juan Miguel Vega, aclaraba que la pregunta de la Semana Santa se la había hecho ya al final de la entrevista, en tono de broma, y que la dirigente de ‘Podemos’ contestó igualmente con risas. Es decir, entre risas, debemos calcular el siguiente diálogo:
- ¿Es verdad eso de que si ‘Podemos’ gobierna prohibirá la Semana Santa?
-  En Podemos todo lo decidimos los ciudadanos y los ciudadanas. Si se llegara a plantear esa cuestión, serían ellos quienes lo decidirían”.


“Lunes Santo –escribe el humorista Leo Bassi–… Cuando Jesús sacó del Templo de Jerusalén a los mercaderes y banqueros... ¡¡La Casta como se dice hoy!! Y todo este gobierno PP de Rajoy, lleno de ladrones y corruptos, amigos de los banqueros mafiosos se dicen... cristianos. Van a la procesiones para honorar el ¡inventor de los Escraches! Si Jesús viviera hoy sería en este momento detenido por Cifuentes, quien le aplicaría la Ley Mordaza”.

Nazarenos con capirotes blancos de la Semana Santa.

La Cuatro reconoce que tres millones de cofrades participaron en la Semana Santa con sus cofradías, más de 10.000 en toda España. Las procesiones vivieron una profunda crisis en los años 60 y 70, pero se han recuperado con “una vitalidad asombrosa”. Fermín Labarga, profesor de la Universidad de Navarra y delegado diocesano de Cofradías y Hermandades de La Rioja, explica que, durante los últimos 25 años, la Semana Santa y las cofradías en España disfrutaron su “edad de plata” gracias al número de personas que conforman las hermandades, al arraigo y al incremento del patrimonio artístico. Para el profesor son “patrimonio inmaterial de la humanidad”. En todo caso, las cofradías españolas atravesaron una crisis porque fueron “unos años de transición en todos los sentidos” pero, después, la gente volvió a recuperar sus tradiciones, recobrando las procesiones “una vitalidad asombrosa”. Labarga apunta que mucha gente joven se acerca a ver los Pasos. No obstante, advierte de que el hecho de que muchas personas vayan a ver las procesiones no significa que estas personas vayan a misa todos los domingos. “No podemos engañarnos”, avisa el experto, quien subraya que España está viviendo en estos momentos “la Semana Santa de la sociedad secularizada”. Según matiza, si no fuera por estas procesiones, hoy en día, el contacto con la Iglesia de mucha gente sería muy escaso. Al principio, eran procesiones “muy sencillas” en las que participaban dos tipos de hermanos, los de disciplina, que se flagelaban como una prueba de su devoción, imitando la Pasión, y los hermanos de luz, que iban con antorchas. Normalmente, solo se llevaba un crucifijo y no será hasta mediados del siglo XVI cuando se vayan incorporando imágenes como el Cristo crucificado, el Nazareno y, más tarde, los grandes Pasos, representando escenas completas de la Pasión. Para este experto, el motivo de que en España hayan tenido más arraigo puede encontrarse en “la forma de ser de los españoles”, en el “temperamento hispano”. En este sentido, algunos pensadores atribuyen este arraigo al hecho de que el pueblo español está “muy obsesionado con la muerte” y “la muerte de Cristo es el paradigma de toda muerte, que se supera a sí misma por la Resurrección”.

Nazarenos con capirotes morados de la Hermandad de la Sangre durante su estación de penitencia por las calles de Córdoba.

 Desde que, en 1937, se publicara la carta colectiva del Episcopado Español en defensa de la cruzada nacional, la unión entre la dictadura y la Iglesia Católica ha sido férrea. En el texto, publicado el 20 de agosto de ese año, la cúpula eclesial brindaba un apoyo total al golpe de Estado de Francisco Franco: “El Episcopado español está en su totalidad y sin reservas al lado del general y a favor del Movimiento”. La relación entre los estamentos católicos y el régimen genocida del caudillo fue inseparable tras la misiva. La Iglesia, el Ejército y la Falange fueron los pilares con los que Franco pudo sustentar sus 36 años de crueldad y represión. No obstante, el servicio que la Iglesia le prestó a la dictadura no fue en vano, y, a cambio, tuvo la posibilidad de influir en España para establecer su doctrina moral como parte indivisible de la ley imperante en el país. Esta simbiosis puede verse aún hoy en multitud de representaciones católicas. Una de ellas es la Semana Santa y sus procesiones.

Nazarenos ondeando el estandarte con la cruz celta nazi.

No sólo la simbología franquista adorna las procesiones que recorren nuestro país. Existen en la imaginería católica de Semana Santa incluso estandartes con símbolos nazis. Es el caso de la Hermandad de las Angustias en Ciudad Real que, debido a su origen, fundada en mayo de 1943 por excombatientes de la Guerra Civil del bando golpista y la División Azul, portaba un estandarte con una cruz celta nazi. Y, cada Viernes Santo, sus huestes salían en procesión por las calles de la ciudad castellano manchega con este estandarte que luchó en la Unión Soviética junto a la Wehrmacht de Adolf Hitler. A su vuelta, algunos divisionarios y excombatientes del bando franquista fundaron la Cofradía y el estandarte salió en procesión desde 1949, tal y como anuncia la propia web de la Hermandad. Junto al yugo y las flechas (símbolo de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando), se puede observar una cruz de hierro sobre la bandera española, distintivo que es exactamente igual al de la División 250, excepto por una única diferencia: la esvástica que la hermandad no se refleja en su escudo. Fue sustituida por una cruz cristiana de fondo.


Durante largos años, asociaciones como Foro por la Memoria en Castilla-La Mancha se quejaron de la simbología fascista que recorría las calles de Ciudad Real, recordando además que 106 vecinos de la ciudad fueron asesinados en los campos de concentración nazis de Güsen y Mauthausen durante la II guerra mundial. Hasta que, en 2013, el estandarte dejó de salir en procesión gracias a las quejas de dichas asociaciones y el obispo se vio obligado a pedir que retiraran el mismo. La exigencia del obispado provocó la crítica furibunda del presidente de la Junta de Hermandades, que le acusó de haber hecho caso “a miembros de la izquierda desnortada, trasnochada y anticatólica de nuestra región”. Después de la Segunda Guerra Mundial, entre los miembros de la División Azul, era costumbre donar sus cruces de hierro ganadas en combate a las vírgenes de sus ciudades o pueblos para que las llevaran en sus mantos. Son ejemplos de esta práctica el manto de la división azul que porta la Virgen del Pilar cada diez de febrero en conmemoración de la batalla de Krasny Bor. La presencia de esta simbología en las procesiones de Semana Santa de estos días es una muestra más del camino que le queda a España por recorrer en la justa reparación de las víctimas del franquismo.


En 1991, The Face, hoy desaparecida revista estadounidense, encargaba un reportaje fotográfico a Pierre Winther para unas firmas de moda. Y no tuvo otra ocurrencia más oportuna que enviarlo a la Semana Santa de Sevilla por la semejanza de los capirotes que llenaban las calles con los gorros del Ku Klux Klan.




Winther fue felicitado por su trabajo, pero los editores de la revista consideraron que esas fotografías podrían ser demasiado provocativas en los Estados Unidos, por lo que nunca se atrevieron a publicarlas, aunque algunas de ellas siguen colgadas en las paredes de la sede de la publicación. El fotógrafo decidió recientemente hacerlas públicas.

Capirotes rojos de la Semana Santa.

“Por suerte –sostiene David Torres en su artículo ‘Cristianismo hasta el fondo’, en Público.es– somos un país aconfesional, porque si fuéramos un país católico, apostólico y romano, seguiríamos quemando herejes en las plazas. En ningún momento del año es tan visible este ADN inquisitorial como en la Semana Santa, porno duro clesiástico, fist fucking con lanza, una orgía de sangre y de latigazos que eleva el sadomasoquismo al rango de orgasmo patriótico. Hace falta estar muy mal de la cabeza para haber transformado el mensaje de paz y amor del cristianismo en un culto caníbal, violento y obsceno, que no sólo se escenifica en todas las ciudades y pueblos de España sino que además es obligatorio para niños de todas las edades. ‘Cristo murió por ti’ dicen, y el pobre chaval, acongojado y culpable para siempre jamás, se pregunta qué cojones habrá hecho él, si fue por no estudiar lo suficiente (o por pisotear tres hormigas, o por mirarle las bragas a la vecina según sube la escalera) que ese pobre hombre lleva condenado durante dos milenios a soportar los pecados del mundo y aún tiene fuerzas para cargar con una tanda de travesuras infantiles. Durante la Semana Santa, diversas Cofradías y Hermandades repartidas por toda la geografía patria solicitan indultos a criminales, estafadores y banqueros que el Consejo de Ministros concede graciosamente en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ‘¡Jesús os ha liberado!’ es la fórmula tradicional para estas indulgencias, como si el ministro del Interior fuese una metonimia santificada, el dedo gordo de Dios, o más bien como si Cristo fuese Houdini haciendo trucos con la ganzúa del BOE. En las calles (las mismas calles donde la policía esposa y detiene a un inofensivo anciano en bicicleta porque lleva una pancarta de protesta) el tráfico se para y cede el paso a procesiones medievales en las que se ensalza el sufrimiento, la sumisión y la obediencia. Alaban al Cordero de Dios pero olvidan al hombre que dijo que no venía a traer la paz al mundo, sino la espada, y que haría que el hermano se levantara contra el hermano y el padre contra el hijo. Glorifican al hacedor de milagros pero arrinconan al Cristo furibundo que echó a los mercaderes del templo a patadas, el Cristo amigo de las putas, los leprosos y los mendigos. Al fin y al cabo, la Semana Santa supone una representación en bucle de la hipocresía y la estupidez humanas: los hooligans que ensalzaron su llegada a lomos de un borriquillo el Domingo de Ramos fueron los mismos mamarrachos que prefirieron indultar a Barrabás, un salteador de caminos. Como si lo hubieran crucificado en España”.

En Verges (Gerona) destaca por su aspecto macabro La Danza de la Muerte, la única de tradición macabra que se conserva en Europa.

El simbolismo impregna todo el ritual, en el que diez esqueletos recorren las calles de Verges al ritmo de un timbal, que emite un sonido sordo que intensifica este encuentro con la muerte y que coincide con ciertos toques de difuntos propios del lugar. Cinco de ellos, tres adultos y dos niños, acompañan a los que participan en la danza e iluminan la escena con las antorchas que portan en la mano. La pieza clave son los esqueletos que bailan, dando unos saltos acompasados sin floritura alguna, que despliegan una serie de mensajes relacionados siempre con la muerte. Uno de ellos, adulto, muestra una guadaña en la que aparece la inscripción latina “Nemini Parco”, que avisa de que la muerte “no perdona a nadie”. Tras éste, otro esqueleto, que ejerce de eje central de la danza, enarbola una bandera en la que el público puede leer “Lo temps es breu” (El tiempo es breve). Los otros tres personajes son niños, dos de ellos con cuencos que contienen cenizas para recordar el fin que le espera a cualquier persona. Uno porta un reloj sin agujas y, en su coreografía, señala a cada salto una hora aleatoria para remarcar que la muerte es libre de dar cita en cualquier momento. Los cinco danzarines visten maillot negro sobre el que se ha dibujado un esqueleto y, en la cabeza, lucen un casco en forma de calavera; los otros cinco van ataviados con una túnica negra y una capucha lila, con guantes y zapatillas negras con huesos pintados e, igualmente, coronados por una calavera. Una procesión, tan vinculada a la tradición macabra, está relacionada con los episodios de peste negra, pero mantiene reminiscencias de antiguos ritos ancestrales de culto a los difuntos. Esta relación con el más allá destaca especialmente en esta área de Catalunya, cerca de la Costa Brava, como lo demuestra que el municipio vecino de Verges lleve el nombre de Ultramort. La danza de la muerte de Verges experimentó una reavivada fama a raíz de que uno de los hijos destacados del municipio, el cantautor Lluís Llach, se hiciese cargo de su dirección entre 2009 y 2011 y renovase aspectos clave en un montaje de este tipo, como es la iluminación. El Jueves Santos es el único día en el que esta particular procesión, sobre la que se hallaron documentos en el Obispado de Girona que datan de 1666, se escenifica para avisar de que nadie escapa a la cita con el más allá.

Miles de laicos salieron en procsión en L'Hospitalet.

Miles de personas participaron en la procesión de Viernes Santo organizada por la Cofradía 15+1 de L'Hospitalet de Llobregat. Sus procesiones se caracterizan por no contar con la presencia de la Iglesia, al estar organizadas por una entidad cultural y presididas por responsables del ayuntamiento, en representación de la ciudad, y peregrinan hasta un hospital, en lugar de hacerlo a una iglesia. Todas estas características le han valido el calificativo de “laicas”, aunque sus responsables mantienen que las procesiones están marcadas por el respeto y la creencia y tienen la finalidad de narrar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Calanda se entregó una vez más a  su Tambor Guerrero.

“Como todos los niños y adolescentes de mi generación –escribe Pedro Luis Angosto en ‘Semana Santa, qué cruz!’, publicado en Nueva Tribuna–, yo también fui educado en el nacional-catolicismo pese a ir a una escuela pública, entonces daba igual, hoy casi también. Un crucifijo en el centro, Primo de Rivera a un lado, Franco, Caudillo de España, al otro. Maestros depurados y otros de Falange, curas y monjas por todos lados, a todas horas, para la doctrina y lo del infierno, niños en el pabellón de la derecha, niñas en el de la izquierda. Ningún contacto, pecado mortal. La Virgen del Pilar, el día de los Santos, las ánimas benditas del Purgatorio, la Inmaculada, San José de Calasanz, el niño pobre, la Candelaria, San Blas, la Cuaresma y luego la Semana Santa. (…) Tenía cinco, siete, nueve, diez, doce años y lo que mejor había aprendido en la escuela era a saber que la vida era un valle de lágrimas, sobre todo cuando me hablaban de Dios y su corte celestial. Era negra, muy negra la doctrina y quienes la impartían, pero si hay algo que recuerdo con profundo espanto de aquella escenografía tenebrosa es la Semana Santa (…) El cine cerrado, la tele tapada, los bares bajo cuatro candados, ayuno obligado que mi abuela se saltaba a escondidas dándonos onzas de chocolate con pan o torradas de vino y azúcar, sin que nadie se enterase ni siquiera Dios. Eso sí, llegaba el domingo y las campanas sonaban, repiqueteaban como si fuese el fin del mundo, madre nos despertaba dando aleluyas a la resurrección del Señor y nos íbamos a la huerta a hincharnos a habas crudas, con dos cojones. (…) 

Tamborada de Hellín.

“La Semana Santa se convirtió en seña de identidad de cientos de pueblos y ciudades, los equipos de fútbol en algo más que un club, y los toreros en ídolos de masas gracias a los programas del corazón de tonadillera. Las fuerzas del pasado habían logrado tejer una inmensa tela de araña que como nunca antes, impregnaba todos los ámbitos de la vida pública, llenando los callejeros de todo el país –como otrora– de nombres de curas, mosenes, festeros mayores, papas, pregoneros y mártires de la causa. Más de la mitad de las calles de todo el país están dedicadas a profesionales del catolicismo, militares, prominentes festeros o panegiristas… Hoy, gracias a Dios, la Semana Santa es otra cosa, y, la mayoría de la población, siempre que tenga dónde vivir, qué comer, y con qué pagar la luz y el agua, toma ese periodo del año como algo lúdico, bien viajando, bien compartiendo unos días con amigos y familia, bien acudiendo a ver santos flagelados y vírgenes torturadas o quedándose en casa a escuchar las consignas doctrinarias que cada día emiten las televisiones del régimen en telediarios, series, transmisiones deportivas y programas deformativos de la más diversa índole. Sin embargo, las calles siguen ocupadas durante semanas por costaleros, pasos, santos, trompetas, tambores, legionarios, beatos y políticos del pasado cogidos del brazo con los que se decían laicos y venían para cambiar las cosas. Como tantas veces ha dicho el teólogo Juan José Tamayo, la fe es algo personal e íntimo que nada tiene que ver con la religión en las escuelas ni con los santos en las calles. Entre tanto, mientras el país se desangra a manos de quienes simulan emoción ante un paso, un gol del Madrid –que también es algo más que un club– o una “faena” de Ponce, la tela de araña urdida por los hombres del pasado sigue creciendo, ahora bajo el imperio de la televisión y los periódicos del pensamiento único por la gracia de Dios y las nuevas tecnologías del onanismo perpetuo. ¡¡¡Qué cruz!!!

Antonio Pelayo durante su sermón en Valladolid.

Antonio Pelayo, periodista y sacerdote, arremetió, durante el sermón del pasado Viernes Santo, contra los políticos corruptos y contra los clérigos que “se atreven a violar las conciencias y los cuerpos de niños y adolescentes”. Ante miles de personas, en la Plaza Mayor de Valladolid, el religioso  predicó el tradicional sermón en un acto en el que  coincidieron las veinte cofradías de la ciudad y que contó con la asistencia del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y de la ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, entre otras autoridades. “Esos políticos corruptos y corruptores que anteponen su codicia a la búsqueda del bien común, los que halagan los más bajos instintos con la demagogia y el populismo, olvidándose de que la verdad no puede ser ni tergiversada ni camuflada, los que sólo buscan el poder para servirse de él y no para servir al pueblo del que provienen –denunció Pelayo–  no saben lo que hacen. No saben lo que hacen –y esto sí que es aún más alarmante– los clérigos (y yo el primero), cegados por la ambición, la búsqueda del poder y la avaricia del dinero; los que se atreven a violar las conciencias y los cuerpos de niños y adolescentes; los que cargan los hombros de los demás con yugos que ellos mismos no son capaces de soportar”. Antonio Pelayo, que, además, es corresponsal en Roma y en el Vaticano de Antena 3 y de la revista Vida Nueva, mostró su “emoción” al encontrarse en el púlpito instalado en la Plaza Mayor de Valladolid, ciudad en la que nació en 1944, y rodeado por siete pasos con cristos tallados. En declaraciones posteriores a los periodistas, el ministro del Interior calificó como “muy emocionante” el sermón pronunciado por Pelayo y aseguró que le había llegado “no solo a la cabeza, también al corazón”. Por su parte, la ministra Isabel García Tejerina se refirió al sermón como “una lección que nos ha conmovido” y agradeció que ayude a los políticos “a reflexionar” y a “estar al servicio de los demás” cuando se ocupan cargos públicos.


Últimos fotomontajes: El PP de Semana Santa, Una Semana Santa en diferido, El listo del gran PPoder, Las frases chachis de la peña puntera, En busca de la esperanza perdida y Los costaleros de la cofradía de Tele Circo, que sacaron a pasear a Nuestra Señora de la Vergüenza.







Semana Santa en clave de humor, por El Roto, Peridis, Fritz, Ferrán, Forges, José Julio, DFaro, Julián Rivera, José Orcafo, Don Adis, J. R. Mora, Guille, Malagón, Sanson, Muriel …



















Desde Mallorca, Pep Roig: Mi reino por una foto,  Cofradía del Gran Poder, sin Cristo, La hora de la mentira, El abrazo electoral (Esperanza abraza a una mujer negra en plena calle, entre cámaras de televisión y fotógrafos) e Insólitos en la campaña.






Los vídeos sobre Semana Santa. La Cofradía 15+1 de Hospitalet de Llobregat (Barcelona) se caracteriza por no tener estatutos eclesiásticos. Nació de la devoción de unos inmigrantes andaluces que llegaron al Hospitales, hace cuarenta años, y que echaban de menos las tradiciones de su tierra. Por ello, decidieron improvisar su propia procesión, pero la iniciativa no fue bien recibida por los estamentos eclesiásticos y, por este motivo, los fundadores decidieron organizar las procesiones sin la protección de la Iglesia.
   
 Hoy recordamos la película de los Monty Python: la Vida de Brian. Es el tercer largometraje de grupo, presentado en 1979. La historia trata de un judío que nace el mismo día que Jesucristo y varias veces es confundido con él. Con canciones clásicas de los Python como «Always Look On The Bright Side Of Life» (Mira siempre el lado positivo de la vida), cantadas por un coro de crucificados, la película es, junto con “Los caballeros de la mesa cuadrada”, la más exitosa de Monty Python. La vida de Brian fue un éxito de taquilla y recibió críticas muy positivas, siendo considerada por varias revistas especializadas y cadenas de televisión como “la mejor película de comedia de todos los tiempos”.
   
 Estampas profanas de la Semana Santa. “La Semana Santa –escribe Qaesar en El Ventano, bajo el título: ‘La cofradía del Santo Gusanillo desfila en la Semana Santa de las Hormigas’.– inunda pueblos y ciudades de España, con una intensidad que crece sin que nadie sepa dónde están los límites. Porque la devoción a estos rituales procesionales ha empezado a empapar el espíritu de seres inferiores sin que los científicos encuentren las causas de este fervor irracional... Y frente a la alegría ligera de las hormigas en el campo, el peso de cutre en las calles...”
 
 El origen de La Danza De La Muerte se remonta al siglo XIV, cuando la Peste Negra se cebaba en los habitantes de Verges, presuntamente por castigo divino, un pueblo hasta entonces poco apegado a los ritos religiosos. Como desagravio, los supervivientes iniciaron esta curiosa costumbre, enmarcable en una tradición difundida por toda la Europa medieval como símbolo del inevitable destino del hombre ante la muerte, sea cual sea la clase social a la que pertenezca.
   
 Terminamos ya con este vídeo grabado el 19 de no noviembre del 2013. Un grupo musical gallego llamado Fanfarria Taquikardia protagonizó la primera historia de una procesión hereje, interpretando varias marchas en una procesión del santo patrono del pueblo. Les dicen que toquen lo que quieran ellos y, acto seguido, interpretan dos marchas. Sólo que una era “A las barricadas” y la segunda de la serie, “El coche fantástico”. Nadie se dio cuenta mientras sonaron. El cura, cuando oyó las marchas, se quedó flipado, pero dicen que no se molestó. Al contrario, porque era antifranquista. De hecho, estuvo vigilado, entre otras cosas, por ser uno de los primeros curas en dar misas en gallego. Aunque no parece muy contento al despedirse del grupo.

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