martes, 4 de noviembre de 2008

4 de noviembre. Bush se resiste a que Zapatero esté con los grandes.


Bush y Zapatero se han visto, pero aún no se han mirado de frente.

Con un pie en un Gobierno lleno de fracasos y el otro en las aguas cenagosas del olvido, George W. Bush, empujado por la idea oportunista de Nicolás Sarkozi, presidente de turno de la Unión Europea y de la República Francesa, pretende montar una última iniciativa para intentar arreglar una crisis financiera mundial, regular todas las bolsas y “refundar el sistema capitalista”. El evento tendrá lugar el 14 y 15 de este mes en Washington. Entre los miembros del G-8, ampliado al G-20, Bush ha invitado al grupo de países más industrializados y ricos del mundo y algunas economías emergentes. Pero no ha contado con España, de la misma manera que no ha contado con Zapatero desde que subió al poder. Una de las excepcionales ocasiones en que se vieron fue el 25 de septiembre del 2007. Bush saludó a Zapatero con un escueto “Hola, ¿cómo está?”, al inicio de la cena organizada en Naciones Unidas para clausurar la Reunión de Alto Nivel sobre Cambio Climático. Zapatero contestó: “Muy bien” y Bush terminó el saludo con un “good to see you again”.

La derecha española se ha encargado de recordar a Zapatero el desplante a la bandera de EEUU que protagonizara en el 2003 y la retirada de las tropas de Irak en 2004. “Problemas que –según Fernando Navarrete, director de área de Economía de la FAES– está pagando ahora”. Mariano Rajoy ofrece su apoyo al jefe del Gobierno para que acuda a la cumbre financiera internacional. Pero opina que la actitud que Zapatero ha mantenido en política exterior ha contribuido a situaciones como la de no ser invitado a la cumbre de Washington. “Le hemos dicho a Zapatero –comenta el presidente del PP– que algunas frivolidades sobraban... El que es serio es serio y el que siembra vientos, recoge tempestades”.

Pese a todo, Zapatero está decidido a no quedarse al margen de esta cumbre. Consiguió el apoyo de Sarkoy y de Brown. Viajó a Pekín, en donde intentó recabar el de los jefes de Estado asistentes a la cumbre de la unión asiática-europea. Se reunió con los dirigentes de Estados latinoamericanos en El Salvador, algunos de los cuales sí fueron invitados a la reunión de Washington. Y consiguió el sostén de Lula, presidente brasileño y de otros. Pero Bush sigue obstinado en olvidarse de él.

Zapatero se defiende diciendo que España se encuentra en el grupo de los países más ricos del planeta, que es el tercero en inversiones en el extranjero, séptimo en envergadura de su sector financiero, primer inversor exterior en América Latina y que cuenta con la economía más abierta de Europa y con el mayor banco por capitalización bursátil de la zona euro. Cualidades que, según los intereses de Bush, no priman en el balance de cuentas de los mandarines de Washington. Y todo, por las malas relaciones entre ambos, tan diferentes a las mantenidas entre Bush y Aznar, aunque tampoco éste consiguió entrar en el G-8 ni el G-20.

Sin embargo, el Rey se muestra "seguro” de que España estará presente. Zapatero insiste en que España tiene que estar ahí y que tiene ideas para aportar. El primer ministro portugués, José Sócrates, respalda la posición de España y advierte que, si este país no está en la cumbre de Washington, esa reunión empezará mal. Y ayer mismo, José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, decía ante Zapatero que España debería participar en la cumbre financiera del G-20 y que sería un “error” pensar que hay un veto estadounidense a este país.

Si, al final, le aceptan entre los grandes, será gracias a sus protestas persistentes. Y se intentará recordarle como uno de los pocos socialistas que “aportó una visión alternativa frente al modelo ideológico neoconservador que ha entrado en crisis”. Pero, si la cosa se pone fea y no es aceptado en una cumbre que, por otra parte, tiene todo los visos de ser un parche más, pasará a ser el socialista que no participó en ella. Tal vez el único que hubiera podido aportar las ideas precisas para una solución y, sin embargo, fue rechazado. La jugada es perfecta para un político tan necesitado de reconocimientos internacionales.

3 comentarios:

Daniel H. M. dijo...

Política de patio de colegio, que asquito, lo lógico sería que en la reunión participaran todos, espera: ¿no está la ONU para estas cosas globales?, en fin, a ver qué nuevo emperador nos depara el azar.

Anónimo dijo...

Lamento disentir,- estimado Santiago- al respecto de algunas consideraciones expresadas en tu articulo. No creo que España esté entre los paises más ricos del planeta. Tampoco creo que la politica exterior sea coherente, ya que el fondo contraría las formas,y ni siquiera creo que Zapatero sea socialista, ni el mesias prometido, ni nada de eso. En realidad, -y desde hace tiempo- tengo la impresión de que en este país quien gobierne usurpa necesariamente el centro como única forma posible de convivencia. Solbes hace lo mismo que Rodrigo Rato y Aceves es como Rubalcaba, (con excepción de las formas y la estetica.) No parece que existan grandes posibilidades de transformación y cambios. El concierto internacional y las grandes estructuras de la economía transnacional, nos demuestran claramente que estamos en segunda división, y sólo se aprecian atisbos de cierta particularidad ideológica en la distribucción de los presupuestos generales del Estado. No hay para más. Todo está predeterminado. El resto es politica de gestión, y de andar por casa. chiflos.

Anónimo dijo...

Apreciado chiflos: Más que apreciaciones personales sobre España, he querido recordar las estimaciones y opiniones de los se mantienen en el poder.

Santiago Miró