jueves, 2 de julio de 2009

Anasagasti escribe sobre una Monarquía basada en silencios.

Iñaki Anasagasti, en el Senado.

Rey de bastos.

En el libro, “Una monarquía protegida por la censura” (Ediciones Akal), Iñaki Anasagasti explica cómo se rompió la relación de deferencia y simpatía con la que el Rey siempre le trató. Fue en 2003, a raíz de un almuerzo que los Reyes mantuvieron con los portavoces del Congreso. El parlamentario del PNV defendió entonces ante Don Juan Carlos la necesidad de que España no apoyara la guerra en Irak. Hasta aquel momento, Anasagasti respetaba la figura del Rey porque había prestado “indudables servicios” al Estado. Pero su opinión comenzó a cambiar cuando vio cómo el monarca rechazaba influir, tal y como le reclamaron algunos parlamentarios, sobre la decisión del ex presidente José María Aznar de apoyar la guerra de Irak. Fue entonces cuando Anasagasti espetó al Rey que, si le gustaba la guerra, “¿por qué no se iba a Irak o mandaba a su hijo a aquella locura?”. A Su Majestad no pareció gustarle la sugerencia y, a partir de ese momento, se registró cierto distanciamiento.


El senador nacionalista incluye en el libro sus iniciativas parlamentarias relacionadas con la Corona y las cartas dirigidas al Rey. “Estoy crecientemente en contra de la manera de actuar de usted y de su familia”, comentaba en su última misiva al Monarca, escrita en abril de 2005. Anasagasti considera equívoco el papel del rey el 23-F y sostiene que “la actual Monarquía española aparece en todas las encuestas como la institución más valorada porque se sabe muy poco de ella y lo que se sabe está perfectamente diseñado para que los ciudadanos crean que todo el monte es orégano”. El senador cree que la Monarquía “se sustenta sobre silencios” y “no resiste una encuesta de verdad del CIS”. Entre sus propuestas, propone un “decálogo” de medidas que buscan cuestionar “desde las instituciones democráticas” el papel que desempeña la Monarquía en España. Entre ellas, destaca la reforma de la Constitución para que se elimine la primacía del varón sobre la mujer en la sucesión al Trono o que no se procese a periodistas críticos con la Corona.


“No soy antimonárquico ni un iconoclasta –confiesa el senador que, ya en julio de 2007, escribía en su web que los miembros de la familia real eran una ‘pandilla de vagos impresentables’– Soy una persona que trabaja desde las instituciones democráticas, y precisamente por eso hay que terminar con ciertos abusos de la Familia Real”. El libro recoge sus “experiencias” parlamentarias, marcadas, tanto en su etapa como portavoz del PNV en el Congreso como ahora en el Senado y sus constantes peticiones de información sobre la Familia Real, “sistemáticamente rechazadas por los gobiernos de turno”. Anasagasti sostiene lo que dice del Rey no por conveniencia política ni por despecho o ideología republicana, sino porque así lo piensa.


Entre los “abusos” denunciados por Anasagasti, la reverencia hecha por los políticos ante el Rey en las ceremonias oficiales. ¿Por qué –se pregunta– lo primero que hizo la nueva presidenta del Parlamento vasco, Arantxa Quiroga, al ser recibida en el Palacio de la Zarzuela, fue una reverencia? En cuanto a los “silencios” de Don Juan, el senador reivindica que éste se pronuncie sobre la Ley de Memoria Histórica para demostrar “un poco más que no cree que haya dos Españas”. Y reclama que haya más transparencia sobre las asignaciones a la Casa Real y sobre la agenda del Monarca ya que, “presidentes del Gobierno, como Felipe González, han reconocido que a veces no sabían dónde se encontraba el Rey, coincidiendo con asuntos importantes para el Estado”.

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