miércoles, 5 de mayo de 2010

El crucifijo de Belloch seguirá en los plenos.



El magistrado Luis Carlos Martín, titular del Juzgado de lo Contencioso -Administrativo número tres de Zaragoza, se ha negado a prohibir al alcalde, Juan Alberto Belloch, que siga colocando el histórico crucifijo del siglo XVII en el Salón de Plenos porque, según él, ello sería lo mismo que priorizar el “agnosticismo” como creencia. En su sentencia, el magistrado señala que “el hecho de eliminar toda manifestación de tipo religioso a ultranza, cualquiera que sea su signo, vendría a dar prioridad a una determinada consideración del fenómeno religioso, como es el agnosticismo”. Añade que “de esta forma, también se puede menoscabar la tolerancia que han de manifestar los poderes públicos ante el fenómeno religioso”. Y concluye que las deducciones de MHUEL (Movimiento Hacia un Estado Laico) en su recurso “no tienen una base o apoyatura en nuestro ordenamiento jurídico”.

Las discrepancias sobre esta sentencia que desestima el recurso del MHUEL contra el Reglamento de Protocolo del Ayuntamiento de Zaragoza no se han hecho esperar. Europa Laica, organización para la defensa y difusión de las ideas de la laicidad, declara: “Esta grotesca sentencia demuestra que estamos en un Estado confesional católico y que el principio constitucional de que ‘ninguna confesión tendrá carácter estatal’ es ninguneado por una parte importante del poder político y del sistema judicial, que anteponen su propia ideología ‘católica, apostólica y romana’ al interés general del Estado de Derecho”. El MHUEL afirma que, si el juez considera este símbolo religioso como una obra de arte, su lugar no debería ser el Consistorio, sino un museo. Para Europa Laica, esta y otras sentencias judiciales, como el tratar de enterrar los “lesos crímenes del franquismo”, suponen un misil muy potente contra la débil democracia española, además de constituir “la burla” de países con larga tradición democrática.

Una moción de Chunta Aragonesista en el Pleno desató el debate sobre la inclusión de elementos de carácter religioso en el Pleno consistorial. La controversia se centraba, especialmente, en un crucifijo que preside esta asamblea. Justificándolo con la tradición de siglos, el alcalde Belloch, del PSOE, se mostraba rotundo respecto a su supresión: “Mientras yo sea alcalde y tenga votos bastantes, el crucifijo seguirá viniendo aquí”. La moción fue rechazada con los votos de PSOE, PAR y PP. Carmen Gallego, concejala de CHA, explicó que su grupo pedía la “aconfesionalidad institucional” en el reglamento de protocolo, para conseguir “absoluta libertad a sus componentes” en lo tocante a lo religioso. Un portavoz de la asociación “Movimiento hacia un Estado Laico”, pedía que las prácticas religiosas se circunscribieran al ámbito de lo íntimo y defendía que nunca pueden ser impuestas. Otros miembros de la corporación arguyeron que el fervor religioso de Belloch le hace pensar que lo que preside no es el Ayuntamiento, sino una catedral. “Paranoia que, entre otras perlas protocolarias, le ha llevado a poner en una calle el nombre del fundador del Opus, José María Escrivá de Balaguer, y a publicar una orden por la que todos los concejales tienen la obligación de asistir a determinados actos religiosos”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo sorprendente de esta noticia es que el propio Belloch siga en los plenos. El hombre clavado al madero está en todas partes desde hace unos (2010-33-6 de diferencia por el error del calendario) = 1971 años.

chiflos.