martes, 27 de septiembre de 2011

La arrepentida.




“Dos días sin actividad oficial –titula Guillermo Cherashny en un artículo aparecido en Argenlibre, publicado por Lic. Scolaro– ¿Qué le pasa a la presidenta?” Y, a continuación, trata de hacer un balance negativo de su viaje a Nueva York en el que dice, entre otras cosas:

“Causa sorpresa que, después de regresar de Nueva York, la presidente suspendiera toda actividad oficial, situación que continuó ayer viernes. Obviamente es probable que el cansancio del viaje la haya predispuesto a tener más descanso. Sin embargo, fuentes bien informadas sostienen que no quedó conforme con su corta visita a Manhattan y tampoco con su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en donde se enemistó con la comunidad judía local, que en otros viajes la había distinguido. La causa del malestar no habría sido sólo por su postura favorable al reconocimiento del Estado Palestino, postura que, por otra parte, es de hace varios meses. Los líderes de la colectividad judía se habrían molestado en particular porque Cristina instruyó a Jorge Argüello, nuestro embajador ante la ONU, para que se quedara en su butaca a escuchar el discurso del presidente de la República Islámica de Irán, Mahmud Ahmadineyad, que en su discurso negó que las torres gemelas se vinieran abajo porque en ellas se estrellaron dos aviones, aparte de negar -como en otras ocasiones- el holocausto. Las delegaciones de la Unión Europea, EEUU y varios de sus aliados se retiraron del recinto en repudio al jefe de estado iraní, mientras Argüello permanecía firme junto a cubanos, coreanos del norte, venezolanos y los embajadores de los estados islámicos. Como suele ocurrir, estos episodios suelen tener explicaciones más profundas. Desde 2008, las ventas argentinas al país persa han crecido de manera notable y ya el año pasado sólo las exportaciones de aceite de soja, harina de soja y girasol crudo totalizaron más de US$900 millones, superando así la cifra pico de todo el intercambio comercial alcanzado a mediados de los años ‘90, antes de que la voladura de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) derrumbase también los negocios bilaterales que se habían erigido durante un siglo…

“Así es que, recién llegada a Buenos Aires, la presidente habría hecho un balance del viaje, que le arrojó resultados ampliamente negativos. Según una fuente oficial, estaría arrepentida de haber cancelado la entrevista que le pidió Christine Lagarde, la directora del FMI, porque no le gustó el informe de ese organismo sobre la escasa credibilidad del INDEC. Ayer, Nicolás Eyzaguirrre, Director del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), emplazó al gobierno argentino para que las estadísticas nacionales coincidan con las provinciales. A esto, Amado Boudou le respondió que la burocracia del FMI se comporta como niños ricos que no toman las decisiones que se deben. De este modo, se cerraron las puertas a una negociación con el Club de París para arreglar la deuda argentina con ese organismo- ya que la oposición de los Estados Unidos y el FMI es firme. Todo esto genera más incertidumbre, porque no se podrá salir al mercado voluntario para emitir bonos, aunque la deuda en relación al PBI es de sólo el 18%...

“Según nuestras fuentes, la presidente estaría arrepentida de las decisiones que su staff le hizo adoptar, que la enemistaron con Israel, la comunidad judía de New York, el FMI y también con el Reino Unido, donde la amenaza de suspensión de vuelos a Malvinas fue interpretada como un gesto hostil. Igualmente insatisfecha estaría CFK con las explicaciones que Boudou y Mercedes Marcó del Pont le dieron acerca de la presión alcista del dólar y de las medidas adoptadas para contenerlo. Éste sería el marco del ensimismamiento presidencial luego del viaje y de su ausencia ante las cámaras que utiliza a diario”.