Trump inició una nueva guerra.
Sin consenso
internacional y marcando el ritmo de la escalada, Trump inició una nueva
guerra. Irán respondió cerrando el estrecho de Ormuz. Un punto clave por donde
pasa buena parte del comercio energético mundial. La crisis se globalizó.
Washington pidió apoyo a
sus aliados, entre ellos Israel, y a monarquías del Golfo. Pero la mayoría de
países se desmarcó y evitó entrar en el conflicto.
Irán contraatacó con una
jugada política. Reabrió Ormuz para más de 200 países que rechazaron participar
en la guerra. Y dejó fuera a quienes sí se alinearon con Estados Unidos e
Israel.
Estados Unidos quedó
expuesto. Sus barcos, los de Israel y los de aliados árabes pasaron a ser los principales perjudicados. Y perdió el
control del tablero. Trump respondió, endureciendo el conflicto. Impuso un
nuevo cierre que afectó también a quienes no participaron. Ya no fue una
reacción, sino una imposición global.
Resultado. Si Estados
Unidos no controla la situación, cambia las reglas. Y si el mundo no responde
como espera, extiende el daño.
Es lo que ocurre cuando
el poder se concentra en manos sin límites, sin escrutinio real y sin
consecuencias.
(Spanish Revolution)

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