Bienvenidos al Mundial de Trump y acoso y miedo a los futbolistas negros y latinos.
Víctor López lo anunciaba hace unos días en Público. EEUU prohibió la entrada de los aficionados de Costa
de Marfil, República Democrática del Congo, Senegal, Haití e Irán. Uzbekistán y
sus jugadores son registrados al llegar a Nueva York. Y un árbitro somalí fue deportado
nada más pisar Miami. “Las autoridades no han dado ninguna garantía pública ni
privada de que los aficionados que tengan pensado reunirse para seguir los
partidos o acudir a los estadios vayan a estar a salvo”, sostiene Carlos de las
Heras, de Amnistía Internacional. Estados Unidos, México y Canadá recibirán
durante las próximas cinco semanas a miles de aficionados de hasta 48 países
distintos. España, Japón, Senegal, Brasil, Egipto, Corea del Sur, Haití o
Sudáfrica intentarán hacerse con la copa dorada que diseñó hace medio siglo el
italiano Silvio Gazzaniga. Lo harán desde estadios y ciudades de los tres
países anfitriones. Estados Unidos acogerá tres de cada cuatro partidos. Lo
hará en plena escalada de la represión y tras una abrupta campaña de limitación
de visados y militarización de las calles. Mientras Donald Trump continúa con
sus ataques ilegales en Irán o Gaza. Los otros treinta encuentros se jugarán en
Monterrey, Guadalajara, Vancouver o Toronto. Las alarmas sonaron incluso antes
de que lo hicieran los silbatos. Estados Unidos vetó a los aficionados de Costa
de Marfil, República Democrática del Congo, Senegal, Haití e Irán. Trump
intentó expulsar a este último país del torneo. Y como no ha podido cumplir su
plegaria, hará que los jugadores de la selección iraní tengan que alojarse
siempre en México y viajar -cuando toque- a alguna de las sedes de la
competición en Estados Unidos. Uzbekistán y su cuerpo técnico han sido
registrados y cacheados con detectores de metales al llegar a Nueva York. El
delantero de Irak, Aymen Hussein, fue detenido -durante varias horas- por los
funcionarios de inmigración norteamericanos. Y el fotógrafo del equipo fue
deportado por las patrullas fronterizas de Donald Trump. La misma suerte corrió
Omar Artan, uno de los árbitros de la FIFA. El colegiado somalí tuvo que volver
a su país de origen tras la denegación de su visado nada más aterrizar en
Miami. “Este tipo de vetos y expulsiones reforzarán la imagen de que Estados
Unidos no es un país seguro para muchos ciudadanos del mundo, una percepción
sin duda acertada desde que el trumpismo se instaló de nuevo en la Casa Blanca.
La Administración está cometiendo graves errores y esto es algo que ocurre con
frecuencia”, sostiene Mariano Aguirre, investigador no residente del Barcelona
Centre for International Affairs (CIDOB). “Más que un lavado de imagen, Estados
Unidos intentó apropiarse de un megaevento deportivo para demostrar su
capacidad de control, fuerza y soberanía, tanto a nivel interno como externo”,
matiza Jorge Resina, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense
de Madrid. “La falta de críticas tiene mucho que ver con un tema comercial,
hablamos de una competición en la que se mueven muchos intereses comerciales y
todos sabemos cómo puede reaccionar [aranceles, represalias] Donald Trump”, desvela
el autor de “La izquierda después de la izquierda” (Comares, 2026).
México y Canadá acogen trece encuentros. Estados Unidos, 78. El torneo arrancó un día después de que Donald Trump firmase un decreto para inflar con 70.000 dólares extra al ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) y la Patrulla Fronteriza. “La FIFA ha prometido hacer de este Mundial una competición inclusiva y acogedora, pero ni una cosa ni la otra. Los principales riesgos son los que enfrentan las comunidades migrantes. El ICE y los demás cuerpos policiales suponen una amenaza real para los aficionados que acuden desde otros países y para las personas migrantes que viven en Estados Unidos. Las autoridades no han dado ninguna garantía pública ni privada de que los aficionados que tengan pensado reunirse para seguir los partidos o acudir a los estadios vayan a estar a salvo”, sostiene Carlos de las Heras. El Gobierno de Donald Trump también ha intensificado de forma radical sus ataques contra periodistas y medios de comunicación críticos con sus políticas. El derecho a la libertad de reunión pacífica no está asegurado, como tampoco lo está la protección de las personas trans y del colectivo LGTBIQ+. Red Nacional de Refugios ha puesto el foco además en las violencias que sufren las mujeres durante los macroeventos deportivos. “Estados Unidos ha reforzado su narrativa de seguridad en un sentido amplio, una narrativa que lleva acompañada la criminalización de la protesta y una serie de prácticas cada vez más autocráticas. Esto en el plano interno, porque en el [plano] externo lo que se van a encontrar los aficionados es totalmente anómalo: un país anfitrión que está bombardeando a uno de los países participantes”, añade Jorge Resina. “Los turistas blancos, sin embargo, posiblemente no vean nada fuera de lo normal [durante su estancia] más allá de los elevados precios de las entradas, los hoteles y el transporte. Las persecuciones diarias y la represión no creo que se vayan a practicar cerca de los estadios y las cámaras”, vaticina Mariano Aguirre. Las fuentes consultadas ponen además el foco en la “complicidad” de la FIFA. Gianni Infantino le entregó a Donald Trump en diciembre su particular Premio de la Paz. Lo achacó al “compromiso inquebrantable” del magnate con “el avance de la unidad”. Trump venía de respaldar los ataques sobre los territorios palestinos ocupados y estaba a punto de ordenar el secuestro de Nicolás Maduro y poner en marcha una oleada de ataques sobre Irán. El papel del órgano rector de los futbolistas de todo el mundo no termina aquí. La FIFA prohíbe en su Código de Conducta la exhibición de “símbolos políticos” durante los partidos del Mundial, entendiendo por “símbolos políticos” las banderas LGTBIQ+ o los mensajes contra el genocidio en la Franja de Gaza.
La sociedad civil y
distintas organizaciones humanitarias han impulsado durante las últimas semanas
la campaña Fuera ICE de la Copa, una cadena de acciones para manifestarse
contra las eventuales redadas policiales en el marco del Mundial de Fútbol
2026. El miedo es uno más en esta competición. “”l ICE y otras agencias
constituyen una escalofriante amenaza para la población: muchas familias
migrantes y grupos de amigos no se van a reunir para ver los partidos porque
temen identificaciones y consecuencias. La FIFA tiene aquí su parte de
responsabilidad", recalca Carlos de las Heras. Amnistía Internacional ha
pedido al organismo que garantice la entrada de todas las selecciones y
aficionados a Estados Unidos. “Y no hemos tenido respuesta”, reconocen desde la plataforma. “El hecho de
que estén poniendo trabas a algunas de las delegaciones clasificadas para
entrar al país tiene su impacto, pero creo que lo más sensible es lo que tiene
que ver con los aficionados: mucha gente que en otro país y otras
circunstancias hubiera ido a los partidos no va a acudir por miedo, tanto a las
restricciones del visado como a los controles y complicaciones del ICE. Esto es
un desincentivo”, añade Jorge Resina. El politólogo recuerda además las
diferencias con el Mundial de Catar. Y deja la pelota en el área de la FIFA. “Infantino
exigió entonces una serie de cambios y movimientos -al menos sobre el papel-
como permitir el consumo de alcohol en las zonas habilitadas [algo que no
contemplan las leyes islámicas]. Y esto no es algo tan fundamental, no hablamos
de derechos humanos. La pregunta es qué está exigiendo la FIFA ahora a Estados
Unidos, qué está haciendo para garantizar los derechos de las selecciones y
aficionados. Y la respuesta es que creo que no está haciendo nada”.
Otros comentarios, imágenes, fotos y fotomontajes:
Trump llama “paz” a lo que parece una rendición humillante: no logró sus objetivos, pagará la factura e Irán sale reforzado. Estados Unidos pierde. Sus ciudadanos pagan. Los oligarcas celebran. Y Trump, como siempre, grita que “es el jefe” justo cuando acaba de demostrar que no lo es.
Estados Unidos ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer cuando mira hacia el sur: dar lecciones. El embajador Ronald Johnson presumió el 16 de junio de que Washington ha entregado a México a 313 personas buscadas por la justicia mexicana desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025. Lo presentó como cooperación, como eficacia, como una demostración de que ambos países caminan juntos contra el crimen. Bonito envoltorio. Vieja mercancía. Porque al otro lado de esa foto diplomática hay un dato que desmonta el teatro completo: México reclama que, entre el 1 de enero de 2018 y el 13 de mayo, ha solicitado a Estados Unidos 269 extradiciones. Resultado: ninguna concedida. Cero. Ni una. De esas 269 peticiones, 36 fueron rechazadas y 233 siguen pendientes. Esa es la cooperación bilateral cuando se apagan las cámaras. Washington exige velocidad, pruebas, obediencia y titulares. Pero cuando México pide lo mismo, Estados Unidos descubre de pronto los matices, los procedimientos, las dudas jurídicas y la sacrosanta complejidad administrativa. (Spanish Evoltion)
Un activista israelí disfrazado del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y con una imagen del presidente de EEUU, Donald Trump, y la bandera estadounidense en la mano.
El humor en la prensa de esta semana: El Roto, Peridis, Eneko, Tomás, Pito & Chinto, Miliki y Duarte, Manel F., Kap, Martín...
Los reles deka jussticia.
Todos queremos más..
Fe cegada
Transgresión.
Lo peor, mejor.
Los vídeos de esta semana:
Por qué el Mundial 2026 podría ser el más caro y
polémico de la historia | BBC Mundo
Infantino, sobre el árbitro somalí al que se le denegó la entrada a EEUU: "Hay que relajarse".
¿Cuál es la postura de la FIFA ante medidas
migratorias de EE. UU. con participantes del Mundial?
Mucha gente no está llegando por miedo”: experto sobre
las fuertes medidas migratorias de EE. UU.






























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