“Trump e Infantino adulteraron el Mundial” (Ángel Cappa)... “No es una guerra, sino un partido de fútbol entre dos países hermano”. (I. Ferreyra).
David Vázquez Baciero entrevista, en ElDiario.es, al exentrenador Ángel Cappa, quien se lamenta de que “el negocio se apoderó del fútbol”. En la retina de muchos aún permanece el buen juego que practicó el Real Madrid en la 94-95, con el tándem que formaron Ángel Cappa y Jorge Valdano en el banquillo. “Muchos recuerdan el extraordinario Huracán de Cappa que, en 2009, fue subcampeón del Clausura. Un entrenador que fue mucho más que eso. Con estudios en Filosofía y Psicopedagogía, Cappa es un habitual en radio y prensa escrita y es autor de libros como ‘La intimidad del fútbol’ o ‘También nos roban el fútbol’, este último, escrito junto a su hija, María Cappa. El fútbol se cuela en mis reflexiones sobre política y al revés. Y, a partir de lo que hicieron Trump e Infantino, con el levantamiento de la sanción a un jugador, todo queda bajo sospecha. Adulteraron el Mundial. Si el presidente de un país y el de la FIFA se animan a desconocer las leyes, todo queda desvirtuado. Yo no sé bien qué pasó con Argentina, pero son jugadas que se prestan a interpretación, como todas. Nos quieren convencer de que el VAR es algo científico y que, por tanto, no hay interpretación. Sí que la hay”... Ángel Cappa está convencido de que “la mayor virtud que he tenido en mi vida es ser un buen alumno. Aprendo. En este caso, soy un alumno del tipo de fútbol que a mí más me acercó a la felicidad. La España de Xavi e Iniesta fue un equipo maravilloso que asombró al mundo. Pero no te olvides de que aquí vino Johan Cruyff. Fue quien puso de volante central a Guardiola, que era muy flaquito. Y lo peor es que a su lado ponía a Chapi Ferrer y a Sergi, y daba la impresión de que no iban a ganar ni una de cabeza. Incluso ponía centrocampistas de defensas porque decía que le importaba más salir con el balón jugado, algo que después ha imitado el propio Guardiola. Él fue quien trajo todo esto. Es un fútbol, como te decía, que a los que nos gusta nos acerca a la felicidad. Y eso que en España veníamos de la famosa furia. Yo creo que esa fue una época nefasta que, además, olvidaba que España, en el 64, cuando salió campeona de Europa, tenía jugadores exquisitos: Lapetra, Fusté, Amancio… Era un equipo muy parecido al de Iniesta y Xavi. Pero no, había que tener furia. La furia como estado de ánimo, nunca puede ser un estilo. Pasado aquello, como dijo Menotti, España tenía que elegir entre ser torero o toro y eligió ser torero. Y le fue muy bien... La cuestión no es tener el balón o no tenerlo, sino para qué. Si te doy un millón de euros y te los gastas en caramelos, la conclusión no es que el dinero no sirve para nada, sino que lo gastaste mal. Por eso siempre he creído que para jugar bien se necesita un volante central como Rodri o Vitinha: no solo tienen el balón, sino que inician algo. Por otro lado, los jugadores de élite han venido sobrecargados. El negocio se apoderó del fútbol hace bastante tiempo y todas las decisiones se toman pensando en el dinero. Han dejado de lado el juego y al jugador, a quien han faltado al respeto. Han dejado de lado a la gente”.
Según Ángel Cappa, España jugó bien, respetando los conceptos básicos del juego. “Pero el que más me gusta es Francia, que tiene a Olise, un jugador maravilloso que viene de la calle. En Marruecos, Bouaddi es un chico de 18 años que parece que juega en el patio de su casa. Esto saca un poco a este mundial de las connotaciones que le quieren dar, con toda la cosa de los himnos. Son jugadores que te devuelven a la cancha. El himno argentino dice: ‘Juremos con gloria morir’ porque se escribió antes de la independencia. En ese momento tenía sentido, pero ahora no. ¿Quién se tiene que morir en un partido? ¿Qué es eso? Afortunada España, que no tiene letra. En el Mundial de Brasil se llegó a quitar la música del himno para que la gente lo cantara más todavía. Pero todo eso es fingido. La gente se hace selfis mientras se emociona. Es todo un espectáculo. Vivimos en la sociedad de la apariencia, en la que parecer tiene más valor que ser. Es como los entrenadores que hacen muchas señas a los jugadores. ¿A quién le hacen señas, si el jugador no puede mirarle a él y jugar? Y entre los jugadores, ahora se ha puesto de moda hacer piña. ¿No lo pueden hacer en el vestuario? Y todo, para decirse que hay que salir fuerte los primeros minutos. Todo parece un gran secreto, con esos entrenadores que apuntan cosas en una libreta mientras miran si les enfoca la tele. Es todo apariencia. Pero aquí seguimos. Y siempre hay equipos que juegan bien y jugadores que lo mantienen vivo, por más que intenten matar al fútbol. Es como dice la canción de Mercedes Sosa: ‘Tantas veces me mataron y tantas veces me morí, y, sin embargo, aquí estoy, resucitando’. Cappa cree que Paraguay fue una ofensa al fútbol. No por defender, que cada uno hace lo que quiere, sino por la permanente proximidad a la trampa. Empujaron, enturbiaron el punto de penalti, trataron de que Francia no jugara, de poner nerviosos a los jugadores. Se convocó a un montón de gente que pagó carísima su entrada para que Paraguay jugara a no jugar”.
El fútbol es, según
Cappa, un juego de continuidad, no es baloncesto o tenis. “Están alterando la
esencia del juego. Sucede lo mismo con los saques de banda: es el árbitro el
que tiene que decidir si uno está perdiendo tiempo o no. Ahora a Infantino le
dio también por echar al jugador que habla y se tapa la boca cuando uno nunca
sabe qué fue lo que dijo. Es la presunción de culpabilidad. No se puede creer,
son normas ridículas. Esto es lo que hace la FIFA. Se ha normalizado que un
presidente llame y le quiten la sanción a un jugador. Se ha normalizado la
prepotencia del más fuerte. Todo tiene que ver con el negocio porque esto es lo
que se impuso. El negocio le transfirió sus valores al fútbol. Por eso algunos
dicen que lo único que vale es ganar. No dicen que sea lo más importante, ojo,
dicen que es lo único. Pero es mentira. Ganar nunca ha sido lo único y nunca
dejó de ser lo primero. Nunca hubo una época romántica en el fútbol. No hay
fútbol romántico en el barrio y no lo hay en un partido de solteros contra
casados porque lo que todos queremos siempre es ganar. Lo que pasa es que hay
que elegir el camino para llegar a la victoria. También me sorprende la poca o
ninguna respuesta de los jugadores. Los hacen jugar un montón de partidos y
nadie dice nada, cuando no hay en el mundo un gremio que tenga tanto poder como
ellos. Si ellos dijeran que no juegan, se terminaba toda la historia. Los
gobiernos del mundo se desesperarían. Y cuidado, que hablo de que defiendan sus
derechos, que no es algo de derechas ni de izquierdas. Trump e Infantino los
atropellaron. No diré que la FIFA sea una mafia, porque puedo tener problemas,
pero sí que es una organización de comportamientos claramente mafiosos. Cuando
un jugador apoya a un líder de derechas, algo a lo que tiene todo el derecho,
nadie sale a decir que eso es político. Sin embargo, cuando Yamal saca la
bandera de Palestina, un pueblo masacrado, lo critican porque se ha metido en
política, como si no fuera exactamente lo mismo que lo otro. Los que opinan a
favor del poder están protegidos y no tienen nunca problemas. Por eso muchos no
hablan”.
“Sí, en Argentina habló Lisandro Martínez, por ejemplo. Lo hizo a favor de la gente, de los jubilados a los que maltratan mientras no pueden pagarse un café. En el lado contrario, me da lástima que Messi haya apoyado a Donald Trump. Porque lo apoyó y él lo sabe. Tiene todo el derecho, pero yo debo decir que a muchos futboleros nos da lástima que alguien que nos ha dado tantas alegrías se ponga de lado de un matón universal que nos tiene aterrorizados a todos. Echo de menos que la gente proteste más. En Europa hay movimientos de izquierdas muy valiosos, pero muy minoritarios. Uno espera una reacción masiva ante las injusticias, pero no la hay. El capitalismo ha conseguido despolitizar a la gente, y ese es su gran triunfo. Muchos creen que la política es cosa de los políticos, pero no lo es. La política es nuestra vida, y no podemos permanecer ajenos. No hay que ser un marxista delirante para defender que debemos participar de la vida pública. Hay que volver a politizar a la gente. Hay que volver al pensamiento crítico. Hay que volver a la lucha, porque nadie regaló nada nunca a las clases populares. Y sí, también los futbolistas tienen que volver a esto. ¿Qué papel ha representado el fútbol en esta despolitización? Es un vehículo. El más rápido y eficaz no solo para despolitizar a la gente, sino para idiotizarla. Te hacen comprar una camiseta de tu ídolo y te cobran 120 euros. Vivimos el fútbol sin reparar en que está manipulado por el negocio. ¿Qué hay detrás de la compra de un jugador? Tenemos una inocencia terrible. Cada vez será más propiedad de gente como Trump o como Florentino Pérez, que es uno de los dueños de este país y que piensa que, como anda cerca de jugadores, ya sabe de fútbol, como el que se contagia de un resfriado. La realidad es que no saben nada. Pero hay que pensar que también existe el fútbol amateur, el fútbol de los barrios. Una vez preguntaron a Xavi qué es el fútbol y respondió que es una pelota y amigos. ¿Qué se puede hacer? Juntarnos y defender nuestros derechos y nuestros bienes comunes”.
“No es una guerra —escribe
Ignacio Ferreyra en ElPlural.com—. No es una revancha histórica. No es una
cuestión de orgullo nacional llevado al extremo. Es simplemente un partido de
fútbol entre dos países hermanos. Desde lo personal, vivir esta final tiene un
significado muy especial. Yo nací y crecí en Argentina. Allí están mis primeros
recuerdos, mi infancia, mis amigos y buena parte de quien soy. Es imposible no
querer que la Albiceleste vuelva a levantar una Copa del Mundo. Sería una
alegría inmensa. Pero también llevo seis años viviendo en España. Este país me abrió
las puertas cuando decidí comenzar una nueva etapa. Aquí he construido mi vida
profesional, he encontrado oportunidades que valoro en profundidad y puedo
dedicarme a aquello que siempre soñé hacer. Además, parte de mi familia
proviene de esta tierra. Mis bisabuelos fueron españoles antes de que la
historia los llevara al otro lado del océano. ¿Cómo podría alegrarme del
fracaso de uno de los dos? No puedo. Y tampoco quiero hacerlo. Si Argentina
gana, celebraré con el corazón del país donde nací. Si España gana, también sonreiré porque será
el triunfo del país que me acogió como uno más. Eso no significa ser menos
argentino ni menos español. Significa entender que la identidad también puede
sumar en lugar de dividir. Para Argentina, la gran carga emocional
probablemente ya se vivió en la semifinal frente a Inglaterra. Por razones
deportivas, sí, pero también por una historia compleja que ambos países
arrastran desde hace décadas. Para muchos argentinos ese era el partido marcado
en rojo. Ahora llega otra historia distinta. España no representa un enemigo.
Representa una parte importante de lo que Argentina también es. Y Argentina
forma parte, guste más o menos, de la propia historia de España. Quizá por eso
sería bonito que, pase lo que pase este día, el verdadero mensaje fuera otro.
Que gane el mejor. Que gane quien haga un mejor partido. Pero que, cuando el
árbitro señale el final, recordemos que al otro lado no hay un rival al que
odiar, sino un pueblo con el que compartimos mucho más de lo que a veces queremos
reconocer. Porque, al final, esta no debería ser una final entre enemigos.
Debería ser la celebración de dos hermanos que tuvieron la fortuna de llegar
juntos al último partido del Mundial”.
Otros comentarios, imágenes, fotos y fotomontajes:
El expresidente de España, Mariano Rajoy, aseguró que Francia tiene una selección de altísimo nivel; eso sí, sin franceses.
“Hoy tenemos el inmenso honor de interpretar el Himno Nacional de España en la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026™. Es un auténtico privilegio formar parte de un acontecimiento de esta magnitud y llevar nuestra música a uno de los escenarios más importantes del mundo. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a FIFA por confiar en nosotros y brindarnos la oportunidad de vivir”.
Trumpirata el Payaso
sobre el Estrecho de #Ormuz: “EEUU será conocido, de ahora en adelante, como
'EL GUARDIÁN DEL ESTRECHO DE ORMUZ y, como cuestión de JUSTICIA, impondrá un
peaje del 20% del valor del cargamento de los barcos que lo crucen”. De todos
sus dislates monta un negocio. Ahora impuestos “de protección” mafiosos y
piratería por un conflicto que ellos empezaron y no saben resolver. (Skakeo
FanZine)
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