viernes, 4 de junio de 2010

El club Bilderberg se reúne este fin de semana en Sitges.


Exterior del hotel Dolce (Sitges)

Parte interior del hotel.

Grupos de manifestantes antisistema, concentrados en la inmediaciones del hotel Dolce.

El elitista Club Bilderberg, formado por un centenar de los más influyentes banqueros, políticos y empresarios del mundo, se ha reunido en el Hotel Dolce de Sitges (Barcelona), blindados sus accesos por fuerzas policiales españolas y por cuerpos de élite de distintos países. Durante el encuentro, que durará hasta el domingo, se debatirán los principales temas económicos y políticos del momento bajo un absoluto sigilo. Se desconoce la personalidad de los miembros de este club que analizará la crisis financiera, el futuro del euro y del dólar, y el colapso de Grecia. Al parecer, asisten, Jean Claude Trichet (presidente del Banco Central Europeo), Jaap de Hoop Scheffer (secretario general de la OTAN), Robert Zoellich (presidente del Banco Mundial), además del banquero David Rockefeller, Ackermann, Bernanke, el ex secretario de Estado de EEUU Henry Kissinger y otras personalidades.

Entre las españolas presentes en este encuentro, sin que nadie lo haya confirmado o desmentido, la Reina Sofía; el director general de Presidencia, Bernardino León; el banquero Juan María Nin (La Caixa), José Manuel Entrecanales (Acciona), y Juan Luis Cebrián (consejero delegado del Grupo Prisa). Se trata del secreto socio-político mejor guardado y sólo algunos datos llegan hasta nuestros oídos. El grupo, formado por un centenar de los más influyentes políticos, banqueros y periodistas, se ha reunido por segunda vez en España y, entre los “bilderbergers” habituales, figuran representantes de diarios y grupos mediáticos como “The New York Times”, “Le Figaro”, “Die Zeit” y el Grupo Prisa.

Todos los secretarios generales de la OTAN han sido antes “bilderbergers” e intentan planear, según “The Times”, hechos que luego han sucedido. Banqueros y políticos se hermanan durante estos días en este Club cuyos pilares están fundados en 1954 por el príncipe Bernardo de Holanda, conocido por su ideología nazi. Se ignora los asuntos tratado en esos días. Al parecer, la organización exige que nadie “conceda entrevistas” ni revele nada de lo que “un participante individual haya dicho durante el encuentro”. Entre los temas debatidos en otras ocasiones está la invasión de Irak en 2003, las recientes subidas y bajadas del precio del petróleo, la creación del euro y el modelo de la Transición de España. Cristina Martín, autora de “El club Bilderberg, los amos del mundo”, mantiene que la gripe A y la teoría de que el calentamiento global es por la acción del hombre nacieron en ese club con el único fin de tener a la humanidad asustada.

En esta ocasión no se han visto las limusinas de otros años para los invitados del Club. Muchos de ellos llegaron durante la madrugada del miércoles. A mediodía de ayer, unos 120 ya habían arribado a Sitges en coches blindados con vidrios ahumados. El tema estrella del debate de este año parece ser la crisis financiera y se dice que los participantes intercambiarán ideas para prolongarlo un año más. Una treintena de anticapitalistas, que ayer seguían bajo el sol en plena carretera, gritaban “los terroristas llevan traje”. Los pocos vecinos que circulan por la carretera evitan hacer comentarios. Y los mossos dan instrucciones: nada de hacer fotografías. Por el megáfono, un activista dice que los policías están al servicio de los ricos. Pero los mossos despejan a los anticapitalistas situados en la rotonda frente a la carretera que conduce a la urbanización y al hotel Dolce en donde los “bilderbergers” prosiguen sus secretas charlas y emiten sus privilegiadas opiniones.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y anunciarán las siguiente noticia:
1ª contacto con civilizaciones extraterrestres, pero los beneficios sólo se producirán con gobiernos socialistas y bajo la intermediación directa de Zapatero.
chiflos.

crazymouse dijo...

Y nosotros, los mortales de todo a cien...qué podemos hacer?
Creo que nada, ni siquiera cabrearnos.