miércoles, 15 de mayo de 2013

España, cada vez menos taurina.





Con la primavera llega la costumbre de celebrar la llamada fiesta nacional. Desde hace varios años, la afición por las corridas, los encierros, los toros de fuego, ensogados, alanceados y otras modalidades y espectáculos en los que se ensaña con este animal no ha dejado de repetirse. Hasta el punto de bautizar un vino con el nombre de “sangre de toro”. Y la elaborada crueldad contra estos animales, como elemento de diversión popular, fue entronizada por el PP, en febrero del 2013, al convertir las corridas en Bien de Interés Cultural, con las consabidas subvenciones a cargo del dinero de todos. La ILP a favor de la medida salió adelante en el Congreso con los votos de PP, UPN y UPyD y gracias a la abstención del PSOE.

Pero, la afición a las corridas de toros ha bajado un 37% en los últimos cinco años, del 2007 al 2012. Pese a ello, se ha mantenido la inyección anual de dinero público y se ha intentado popularizar la fiesta, recuperando su tradición en la televisión pública. Sin embargo, España hoy es cada vez es menos taurina. El Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA) ha denunciado las subvenciones por parte del Estado a las corridas de toros, que ascienden a los 600 millones de euros al año, mientras que sólo un 9% de los españoles muestra interés por este espectáculo.

Las estadísticas taurinas, publicadas por el Ministerio de Cultura con un año de retraso, corroboran una vez más el descenso continuo que sufre la afición a la tauromaquia, pese a los esfuerzos del Ejecutivo. En 2011, según el propio Ministerio, se celebraron un 5,5% menos de festejos de este tipo, aunque en algunas comunidades, como Aragón, Cantabria, Euskadi o la Comunitat Valenciana, la caída fue superior al 10%. “Desde que se elaboran estas estadísticas, todos los años se reduce el número de festejos celebrados, lo cual muestra el desinterés social hacia la terrible tradición de la tauromaquia”, afirma PACMA en un comunicado. Lo más grave y escandaloso es que esta crueldad con los animales haya sido declarada Bien de Interés Cultural con las consabidas subvenciones a cargo del dinero de todos. Y la lidia de toros, que pertenecía al Ministerio de la Gobernación por motivos de orden público, ha pasado al Departamento de Cultura, elevándola a la altura de la Biblioteca Nacional y al Museo del Prado, que han sufrido, ellos sí, los recortes, mientras que las corridas siguen subvencionadas por todo lo alto.

Todo ello nos muestra la paradoja del aumento del número de profesionales que se ganan la vida con la tauromaquia, incluidos los matadores, al tiempo que disminuyen la cifra de festejos taurinos organizados. No en vano el verbo torear tienen el doble significado de lidiar los toros en la plaza y engañar o burlarse de alguien o mantenerlo en una falsa esperanza mediante un engaño.


Esta imagen de una plaza de toros con padre e hijo,  mostrando las orejas de un toro, fue tomada el pasado sábado en la Feria de Jerez. El torero, según Qaesar, en El Ventano, se llama Juan José Padilla y se dedica a matar toros jaleados por otros sujetos de su misma calaña. “Al finalizar su matanza, dio la vuelta al ruedo exhibiendo a su hijo con un parche en el ojo y una oreja en cada mano, las orejas del toro que había matado minutos antes. Nadie lo ha denunciado. Ni el Defensor del Menor ni un juez ni la Policía...”