jueves, 26 de octubre de 2017

Del “a por ellos” al “no passareu”; dos culturas.



Viñeta de The Telegraph del día 20 de octubre del 2017.

España, según Bartomeu Mestre i Sureda en Mesvilaweb.cat, padece de euforia roja crónica y fanática. “Mucha gente grita enfervorecida: ‘A por ellos’. La mayoría no sabe de dónde proviene ese grito pero lo llevan en el ADN. Se trata de una invitación a la agresión y a la violencia, un clamor para enardecer y animar al ataque, pero la inmundicia de la arenga no es cosa del populacho.  El viernes, 25 de junio del 2010, Felipe de Borbón dijo textualmente: ‘Nuestra selección tiene el deber de actuar como se espera de ella y hoy ha de mostrar los dientes a Chile. ¡A por ellos!’ Todos los cortesanos se levantaron para aplaudir. El Comité Antiviolencia del Fútbol debía tener vacaciones ese día. Ese día y los siguientes hasta hoy porque el grito se perpetuó como un eslogan publicitario de la selección española, irónicamente llamada ‘la roja’ (usurpando el nombre tradicional de la selección de Chile). Evidentemente, estamos ante un grito de guerra borbónico pero su origen es aún mucho más siniestro; es fascista!”

Bartomeu Mestre descubría por primera vez ese grito indignado sobre la heroica muerte de Antoni Coll i Prohens (Felanitx, 1915 – Madrid, 1936), un joven de las Juventudes de Izquierda de su pueblo quien, incorporado para hacer el servicio militar en Infantería de Marina en Figueras, fue destinado a Madrid, en el conocido batallón de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza. “Allá, en Cerro Blanco, barrio de Usera, los tanques italianos, comprados por March a Mussolini, dirigidos por el capitán Vidal-Cuadras, bombardeaban les trincheras leales a la República de los que defendían Madrid…El grito de los atacantes, para envalentonarse, pero, sobre todo, para atemorizar a los resistentes era: ‘¡A por ellos!’ Este es el origen del grito que hizo suyo el Borbón de turno. Un grito fascista restaurado que, a lo largo de la última década, ha gozado de una gran exaltación mediática y que ha injertado el odio contra la Nació Catalana.

Mestre i Sureda prosigue en su investigación: “Los defensores republicanos de Madrid, con personas del resto del Estado, castellanizaron el antiguo grito de resistencia de los voluntarios catalanes contra la invasión alemana de Bélgica de 1914, e hicieron famoso el ‘¡No pasarán!’, ignorando el origen del grito popularizado por Apel·les Mestres, pintor, autor de teatro, dibujante de còmics y poeta, en el poema titulado La Cançó dels Invadits, conocido por el’ No passareu’, y le valió ser distinguido con la Legión de Honor francesa. El poema musicalizado fue adoptado como himno por catalanes y mallorquines que lucharon al lado de los aliados en la Gran Guerra, aspirando a ser  recompensados al final de la misma con el reconocimiento de la libertad de Catalunya. Más recientemente, lo fue por  Xavier Ribalta, siendo divulgado, entre otros, por Núria Feliu. Apel·les Mestres moría justo al día siguiente del alzamiento fascista, el 19 de julio de 1936. Dos meses después, la Generalitat  de Catalunya editaba una hoja con la letras del famoso poema para “exhortar la ciudadanía y les tropas que resistían en el frente”…

“Ciertamente –concluye Bartomeu Mestre i Sureda–, los dos gritos citados delatan unos orígenes antagónicos, en la concepción y en el fondo, y marcan la distancia gigantesca que separa dos culturas, dos maneras de entender el mundo y la vida: la de los defensores y la de los agresores, la de la paz y la de la guerra, la cultura del entendimiento y el absolutismo. Quienes reprueban el nacionalismo catalán, defensor de la tierra, son los ultranacionalistas agresivos españoles (ep, i franceses!). Cegados por el fanatismo. Ya se sabe: “piensa el ladrón que todos son de su condición”, pero los colonizadores, los “conquistadores” son ellos y sólo ellos. Y, cuando alguien patenta la evidencia, entonces se aplica el igualmente hispánico “matar al mensajero”. Exactamente eso quieren hacer ahora con Catalunya Ràdio y com TV3: silenciarlas. Ignoran que, desde hace tres siglos, hemos disfrutado de libertad de prensa durante periodos muy breves de nuestra historia. Así y todo, hemos resistido a los reiterados intentos de  manipularnos la historia. Las piedras sirven de testimonio de la Nación Catalana y enaltecen nuestra resistencia”.