lunes, 11 de febrero de 2008

11 de febrero. Otra vez la amenaza del infierno.


La Iglesia sigue mareando la perdiz, según de dónde vengan los tiros. El Papa, Juan Pablo II, afirmaba, en el verano de 1999, tras varios siglos de doctrina eclesiástica en la que el fuego se defendía a capa y espada como condena eterna, que el infierno no existía. El sábado pasado, 9 de febrero, su sucesor, Bendicto XVI, pretendía sacar de dudas a los católicos, insistiendo: “El infierno existe, es un lugar físico y no está vacío”. El Papa señalaba que “las prédicas sobre la realidad del cielo y del infierno deberían retomarse para bien de los fieles” y reconocía que “quizás hoy en la Iglesia se habla demasiado poco del pecado, del Paraíso y del Infierno”.

El Papa, de raíces alemanas, ya había hablado del tema el pasado abril de 2007. Ahora, de nuevo, asustaba a las ovejas que se habían olvidado de este tormento eterno. Aunque me temo que a las apartadas voluntaria y conscientemente de su rebaño no les importaba demasiado esta terrible amenaza, sobre todo cuando ya han perdido la confianza en una santa madre Iglesia, demasiado condescendiente con los poderosos y los ricos e implacable con los pobres y los que dudan de sus verdad infalible. Y el Pontífice aprovecha el inicio de cuaresma para informar a sus fieles de que la salvación no es inmediata y saca el látigo para enderezar a los descarriados.

Cierto que, para Juan Pablo II, el infierno, al igual que el cielo, no era "un lugar físico", sino "la situación de quien se aparta de Dios" y que el Diablo ya estaba “vencido” gracias a que “Jesús nos había liberado de su temor”. Pero parece que el Papa actual, que ocupara el cargo de defensor de la fe y que es apoyado especialmente por los obispos españoles, no piensa igual. Y quiere echar un cable a los que, al final, se arrepienten de sus pecados y vuelven a su carril. Aunque no faltan las preguntas de los propios católicos: ¿Cuánto tiempo puede tardar uno en reconocer sus errores? ¿Es justo que el arrepentimiento, en el lecho de muerte, valga lo mismo que el que llega justo después de cometer pecado? ¿Y, si uno comete un pecado sin saberlo, qué pasará con él? ¿Tendrá opción a redimirse, si muere antes de recibir la extremaunción?...

Lejos de este infierno amenazante, Juan Barranco, ex alcalde de Madrid y senador del PSOE, da un consejo: “Qué los obispos sigan hablando y dando comunicados. Cada vez se les nota más lo lejos que están de Dios y lo cerca que están del franquismo sociológico”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El infierno existe. Doy fe de ello. Es un consorcio compuesto por representantes de la banca, las compañias de seguros, Gobiernos y administraciones públicas, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, departamentos de inteligencia, grandes multinacionales, Grupos editoriales, y la propia iglesia principalmete, y -aqui si va un nombre- B-16, Antigüo nazi, sospechoso nº 1 del asesinato de JP-1, y usurpador en vida de la potestad de JP-2. Condenador al silencio y responsable de la red internacional de pederastia, la expansión del sida, proliferación de guerras, exploxión demografica y otras catástrofes supuestamente naturales, además de esconder y ocultar la existencia de civilizaciones extraterrestres cuyo contacto reservado, sólo permite los avances con cuentagotas al objeto de no desestabilizar el orden establecido. El infierno son todos estos, lo demás es echar balones fuera.

Anónimo dijo...

muy bueno jajaj
muy muy bueno ahi le has dao lo de las civilizaciones alenieginas esas mu bueno
jajaja me partio to la polla contigo

Daniel Turambar dijo...

Bueno, hay que recordar que Ratzi fue sumo inquisidor, y sin las llamas del infierno su tarea no es la misma. Que la iglesia involucione malo, pero lo triste es que es una tendencia global que afecta a la política, la sociedad, las comunicaciones, ...

Carlota Garcinúñez dijo...

Como decía mi abuelo:"Todo lo que huele a cera,debería estar quemado"