viernes, 24 de abril de 2009

Cuando la fama te llega...


Lo ocurrido hace dos semanas con Susan Boyle, una casi desconocida escocesa de 47 años, asistenta social en paro, residenta en West Lothian, Blackburn, me confirma una vez más que el milagro de saltar a la fama puede llegar de repente, tras casi cuarenta años de intentarlo, con la ayuda de los medios de comunicación social, especialmente la tele y el Internet. Susan vivía sola, con su gato “Pebbles”, y le gustaba cantar. Lo hacía desde los 12 años. A veces, cuando se acercaba a algún karaoke de su pueblo, no lo hacía nada mal y, en cierta ocasión, en 1999 grabó el tema “I dreamed a dream“, del musical “Los Miserables”, en un millar de CDs que luego regaló a sus amistades.

Pues bien, a Susan se lo ocurrió presentarse al programa “Britain’s got talent”, un “reality” de la cadena ITV, equivalente al español “Tienes talento”. Poca agraciada en sus facciones, la participante contestó a las primeras preguntas del jurado con cierto excentricismo y provocando alguna risa. En un primer contacto con ella, los jueces expresaron escepticismo sobre su apariencia, torpeza y edad. Su físico levantó sonrisitas y comentarios. El público asistente la prejuzgó cuando la vio en el escenario de Glasgow y la oyó declarar que su sueño era ser una cantante profesional. Ciertamente, tenía una edad inapropiada para triunfar, un cuerpo nada agraciado y todos sospecharon que se iba a convertirse en el hazmerreír de millones de británicos ante la pantalla.

Pero, he aquí que comienza la música y Susan se dispone a cantar. Nada más abrir su labios, la afinación y potencia de sus cuerdas vocales impactan al público. El jurado se queda boquiabierto y gratamente sorprendido por su voz de ángel. Sus rostros cambian radicalmente. Y recibe de inmediato una ovación de la audiencia presente y de los once millones que la ven y escuchan por primera vez en la tele. A los pocos días de haber entonado su canción, cien millones de personas, alrededor del mundo, descubren de esta mujer. “Con lágrimas de alegría –comenta un espectador–, he visto y escuchado cuatro veces el vídeo y en cada una de ellas he descubierto nuevos elementos de júbilo en los momentos tormentosos que estamos atravesando con el paro y la crisis”. Y el diario “The Sun” informa que el vídeo de la escocesa en el castin la catapulta a la fama, habiendo recibido ya más visitas en “YouTube” que el discurso del propio Barack Obama, tras ganar las elecciones presidenciales el pasado mes de noviembre.

Susan Boyle, una candidata no especialmente agraciada y sin padrinos, se aprovecha y vive su sueño. Menos de una semana después de que confesara que “nunca había sido besada por nadie”, recibe un oferta de un millón de dólares por perder su virginidad ante las cámaras, en una película porno en la que ella escogería a su compañero. “Queremos lanzar la película ahora que Susan tiene la atención de todo el mundo”, le propone un productor. Y le da una semana para que responda. Siete días y siete noches para decidir si deja de ser una trabajadora social mojigata y desconocida y se convierte en una estrella del porno internacional. “Ahora que Susan se ha ganado la atención de todo el mundo –dice Mark Kulkis, de la productora americana Kick Ass Films, dispuesto a contratarla–, queremos conseguir lanzar la película. Además, después de 47 años de virginidad, seguro que ella también está ansiosa por acabar con ella”.

Ignoro la respuesta de Susan a la productora americana que le pide que se desnude y se deje reventar el “virgo” a cambio del millón de dólares. Aunque no es moco de pavo lo que están haciendo los medios con esta buena señora, tentada ahora por el porno duro. Durante la última semana ha concedido más de 60 entrevistas, ha sido entrevistada por la CBS y por la CNN para el programa de Larry King, y se espera una próxima aparición en el programa de Oprah Winfrey. Incluso el “Washington Post” la ha llevado a su portada. Y es que la fama te desprecia o te destroza. Y la antropofagia de la prensa te puede devorar hasta dejarle el ADN completamente descalcificado.
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La escolta de Castro. Capítulo XIX. Últimas revelaciones del teniente coronel Sánchez: en el último piso de la calle 11 de El Vedado, Fidel Castro tenía el apartamento 1007 con una gran azotea en la que había un estudio, un gimnasio, una bolera con dos carrileras e incluso dos establos para vacas que Fidel cruzaba con ganado.