martes, 4 de enero de 2011

Humos prohibidos, canciones permitidas.




De cronicasselenitas.blogspot.com

Hace más de medio siglo, Sara Montiel, interpretaba una canción que la hizo famosa. “Fumar es un placer –comenzaba– genial, sensual”. Muchos aún la recuerdan cantando, mientras despertaba sensualidad por sus poros y echaba una bocanada de humo de su cigarrillo, sostenido entre los dedos de la mano enguantada de la izquierda. “Fumando espero al hombre que más quiero”, decía la actriz manchega a la que la censura franquista no dudó en censurarle durante años su canción. Ignoro si por su sensualidad provocadora en lo que en realidad decía o por lo que hacía: fumarse un cigarrillo mientras esperaba. Me imagino que por lo primero pero, si hubiera cantado esa canción a partir del lunes pasado, 53 años más tarde de aquella primicia, la ley le hubiera prohibido lo que la censura de entonces había permitido: fumar en un sitio cerrado y público.

Porque la costumbre de fumar un cigarrillo en bares y restaurantes, en los parques infantiles y en los alrededores de los hospitales y escuelas, ha sido definitivamente acotada con la prohibición total de fumar y la entrada en vigor de la nueva ley antitabaco se ha hecho dueño y señora de la situación. “Con esa prohibición, estoy encantado –comenta Luis Álvarez, un empleado de 48 años, empleado de un teatro vecino y cliente asiduo del bar de Teodoro–. No soy fumador y, al fin, puedo respirar”. Pero cerca de un 30 por ciento de la población española que fumaba un cigarrillo, sufrirá esta drástica medida, muy difícil de acatar por unos fumadores empedernidos que han sido empujados y alentados por la publicidad en los mismos medios públicos en los que ahora se anuncia su prohibición. Y el mismo Estado que ayer promocionaba y fomentaba esa vieja “costumbre”, ahora la prohíbe al canto.

La nueva legislación española es una de las más estrictas de Europa y ha sido promulgada siete años después de las medidas históricas adoptadas por Irlanda, primer país europeo en eliminar el tabaco de los sitios públicos. Y los consumidores o dueños de establecimientos que no respeten la nueva ley podrán ser condenados a multas de entre 30 y 600.000 euros. Según la Federación Española de Hostelería (FEHR), los profesionales de la restauración temen una reducción de su volumen de negocio de entre el 5 y 10% para los bares y restaurantes y de un 15% para las discotecas. Pero los partidarios de la drástica medida esperan que la ley sirva para que los jóvenes no empiecen a fumar e incite a las fumadores a dejar de hacerlo en un país en donde un paciente fumador muere cada diez minutos, lo que hace 150 pacientes por día, 1.000 por semana y 55.000 por año.

Por su parte, Leire Pajín, ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, anima a los ciudadanos a que denuncien a los que incumplan la ley en locales o en la calle. Y les recuerda que “pueden denunciar a aquel que esté incumpliendo esta ley y fume donde esté prohibido”. De hecho, la ministra destaca que cualquier aspecto de la ley que regula los espacios abiertos, bien las zonas de ocio de los niños bien las puertas de los hospitales “requiere de nuevas pautas cívicas de comportamiento en nuestra sociedad”. Pajín está convencida de que “dentro de muy poco veremos también libres de humos los espacios habilitados que son abiertos,” porque son ejemplarizantes y porque “tienen mucho que ver con esa cultura sin humos que queremos desarrollar entre todos”. Además, la ministra recuerda que existe una diferencia con respecto a la ley anterior que favorecerá su cumplimiento, ya que “en esta ley no caben interpretaciones” y se deja “perfectamente” regulado dónde se puede y no se puede fumar y, por tanto, “no deja resquicios a una interpretación reglamentaria”. ¿Lo conseguirá la ministra?