Pedro Sánchez fue, la semana pasada, muy criticado en el Congreso, intentando convencer de que el PSOE no era como el PP.
“Habló Sánchez sobre su esposa, sobre su hermano, sobre Ábalos, Santos Cerdán, Zapatero y bastante menos sobre Leire Díez. Pero, como intuíamos ayer, no ha cambiado nada. Usó su oratoria entre directa y evasiva, entre firme e informal, para sobrevivir al momento. Fue, sencillamente, un paso más en la cuenta atrás para el final de la legislatura, pero no precipitó nada. En Junts siguen poniéndose creativos para criticar al Gobierno pero sin apoyar una moción de censura de PP y Vox”. Juanlu Sánchez habló en “Al día” sobre este tema en la sesión más hostil de su presidencia en el Congreso El presidente del Gobierno compareció el miércoles en la Cámara Baja en una sesión que duró más de cinco horas y media. En ella, el líder socialista reconoció el dolor personal y político de las actividades de José Luis Ábalos, condenado a 24 años, y sus derivadas, en las que incluyó a Leire Díez. Pero pidió prudencia con las investigaciones que rodean a Zapatero y defendió con “hechos irrefutables” que lo que sucede con su esposa y su hermano son “ataques”. Al mismo tiempo trató de reflejar a sus socios que sus actuaciones no tienen nada que ver con las que ha hecho de manera histórica el PP. Sánchez enfatizó que ·no le resta un ápice de importancia· a todos los hechos investigados. “Detrás de este cúmulo de titulares, filtraciones y especulaciones hay tres cuestiones de naturaleza y escala diferentes, que determinados actores políticos y mediáticos están tratando de mezclar, para crear una sensación de corrupción generalizada que no existe”, añadió. “No hay línea roja que no haya traspasado ya el líder de los populares con su devastador y nocivo verbo —escribió en “Sin filtro” Esther Palomera—. Primero fue el suegro fallecido de Pedro Sánchez y ahora el padre también muerto de Patxi López. Con esposas, hijas y hermanos de por medio. Todo le vale en su desesperado intento de hacerse escuchar y habitar en La Moncloa. Hasta recomendar a Sánchez un psicólogo. Alguien debería recordarle que el volumen jamás valida un argumento, que el tono elevado refleja siempre la falta de ideas y que el insulto es síntoma de frustración, pero no de superioridad moral o intelectual. La razón no se demuestra con el griterío, sino con la coherencia y la verdad, dos cualidades con las que el PP siempre tuvo una oblicua relación”. Sánchez marcó distancias con la investigación. “Jamás conocí ni hubiera tolerado ninguna de estas prácticas. Yo no hago lo que otros sí me hicieron a mí, a mi familia y a decenas de cargos públicos por parte del Gobierno del PP”, apuntó, reiterado que el PSOE “no se ha financiado de forma irregular. Pedí disculpas y expulsamos inmediatamente a los investigados”.
En su turno de réplica es especialmente incisivo contra el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. A él le recuerda la Operación Kitchen, que se está juzgando ahora, y el horizonte que queda por delante con juicios por los casos Lezo o Taula. Sánchez, además, contrapone todas las medidas desarrolladas desde el Gobierno, también a nivel interno en el PSOE, con los recortes en algunos mecanismos anticorrupción desplegados en administraciones autonómicas gobernadas por PP y con apoyo de Vox. “Usted no es el fin de la corrupción, es el regreso de la corrupción”, le dice directamente. Para sus socios tienee también palabras de cierto aliento. “Reivindico estas mayorías parlamentarias que le han venido bien a España”, afirma Sánchez sobre los grupos del llamado bloque de investidura, nombrando específicamente a Junts y PNV. “España vive uno de los mejores momentos desde hace 45 años”, proclama en este sentido. Sumar exige al PSOE que deje de “echar balones fuera”. Fue la exigencia lanzada, desde la tribuna por la portavoz del grupo parlamentario de Sumar, Verónica Martínez Barbero. “Estamos hartas”, verbaliza la política gallega. Y, sobre todo, de copiar “métodos abyectos y antidemocráticos”: “La respuesta a las cloacas no puede ser construir otras cloacas”. “ Nosotras no vamos a medirnos por el mínimo común denominador del bipartidismo”. Marca líneas rojas a su socio de Gobierno, exigiéndole superar una cultura política basada en "las redes de influencia, los favores, la opacidad y la instrumentalización partidista de las instituciones”. Para conseguirlo, tiene claro el camino: darle sentido a lo que queda de legislatura. Por un lado, con más medidas contra la corrupción, como la regulación de la oficina de expresidentes o la adopción de medidas contra los corruptores. “Que no puedan acceder a ninguna subvención, a ningún contrato público “, propone Barbero sobre estos últimos. Por otro, con una apuesta decidida por las políticas sociales. Para ejemplo, el endurecimiento del registro horario, la prestación universal por crianza y, como no puede ser de otra forma, la vivienda. “Vivienda, vivienda, vivienda”, insiste Barbero, recordando que queda un año para convencer a la mayoría progresista de votar izquierdas, no por miedo, sino con el convencimiento de que “su vida va a mejorar”.
1. A diferencia de Junts, Feijóo no aportó nada nuevo. El líder de la oposición volvió a exigir a Sánchez que disolviera las Cortes y convocase elecciones. ¿Moción de censura? A Feijóo no le daban los números antes de la comparecencia y no le dan después. Si acaso, el presidente del PP elevó algo más el tono en su interpelación a los partidos que sostienen al Ejecutivo, acusándolos de indignos. Por él, ha dicho, presentaría la moción “hoy mismo”. Pero, por el momento, los populares se conforman con la votación sobre la cuestión de confianza que se votaría al día siguiente en el Congreso y con la que el PP sacaría adelante, sin Junts ni el PNV, en el Senado para instar al presidente del Gobierno a convocar elecciones. Feijóo utilizó su intervención para dibujar a Sánchez como “el número uno” de todas las causas. Para ello, enumeró los papeles que, según sus palabras, habría jugado el líder del Ejecutivo en los escándalos que rodean al PSOE, la mayoría de ellos todavía pendientes de resolución. Para el popular, tal y como ha subrayaría en su intervención, daba lo mismo si Sánchez era conocedor o no de los escándalos. Feijóo cree que el presidente del Gobierno “no tiene ni autoridad, ni credibilidad ni decencia para seguir en su escaño”. Fueron controvertidas dos salidas de tono suyas en forma de ataque personal a Sánchez y a Patxi López. Al presidente del Gobierno le ha sugerido “ir al psicólogo” para superar una eventual obsesión con Isabel Díaz Ayuso. Al portavoz socialista en el Congreso le saca a su padre, que falleció en 1992 y que fue un destacado dirigente socialista durante la oposición al franquismo y también ya en democracia. Feijóo asegura que el padre de López se sentiría avergonzado de él “si levantara la cabeza”. El socialista le respondió con vehemencia en su última intervención. Pedro Sánchez censuró a Feijóo: “No hablen de cloacas cuando ustedes están siendo juzgados en este mismo instante por montar toda una policía patriótica con la que espiaron, durante años, a más de un centenar de rivales políticos y periodistas y con la que fabricaron pruebas falsas contra ellos. No mientan afirmando que este es el Gobierno más corrupto de la historia cuando ustedes tienen más de 30 casos abiertos con 150 implicados”. En concreto, puso el acento en el voto extranjero. Y se marchó, tras uno de sus plenos más difíciles, sin convencer a casi nadie, pero con su eterna promesa de que el epílogo de su historia política, tantas veces anunciado, aún está por escribirse.
La oposición solicitó al día siguiente a Pedro
Sánchez presidente del Gobierno que, “en el caso de que decidiese no convocar
elecciones”, vea “la oportunidad de plantear una cuestión de confianza”. La
iniciativa consiguió el apoyo de Junts, Vox y UPN, logrando el aval de 178
diputados, 2 más de la mayoría absoluta. En contra se pronunciaron 171
diputados y no se registró ninguna abstención. La iniciativa no tuvo, aun así,
carácter vinculante. El líder del Ejecutivo no tuvo que tomarla en cuenta y
pudo decidir no ponerse a prueba si continuase teniendo la confianza de la Cámara
Baja, casi 3 años después de ser investido. Si por el contrario accediese a
someterse a ella, su eventual derrota le forzaría a presentar su dimisión
inmediata ante el Rey. Minutos después de la votación, fuentes del Gobierno
reaccionaron asegurando que la misma tenía un “efecto político cero”. Después
de la votación, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, demandó al presidente
del Gobierno que fuera “demócrata” y decidiese someterse a una cuestión de
confianza o dimitiese. “Estamos ante una decisión muy seria después de un
debate sobre la corrupción que asedia personalmente al presidente y al Gobierno
y su partido”, siguió diciendo Feijóo, indicando que “cualquier demócrata,
cualquier primer ministro europeo tiene que seguir el designio de la cámara. Se
ha reído de la cámara, se ha reído de la Constitución y con una enorme soberbia
ha empezado a aplaudirse”. “Vamos a
tomar muy buena nota de esta indisciplina del poder Ejecutivo hacia el poder
Legislativo -indicó Feijóo-, porque, desde este momento el presidente del
Gobierno está actuando contra la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados
que ha pedido su dimisión”.
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atrás 8 años de tensiones
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