¡Ayyyyy!
Ayuso y Feijóo
Ayer decía que con el
piso que había comprado la Comunidad para destinarlo a “oficinas” había gato
encerrado. Si uno, sin prisa, empieza a unir los eslabones de la cadena, el
gato sigue en la jaula, arañando casualidad tras casualidad. Este piso se compra
en abril y el asunto sale a la luz a finales de julio gracias a la
investigación de unos periodistas. ¿Significa esto que la Comunidad puede
comprar y vender pisos como si fueran un capricho más de la señora, sin dar
explicaciones ni reflejarlo en el Portal de Transparencia, convirtiéndose de
facto en una inmobiliaria sin que nadie lo sepa?
Una vez realizada la
compra, se defiende a capa y espada. La señora recurre al victimismo: “Esto es
una campaña de desprestigio contra mi persona, aprovechando ahora los incendios”.
Sin embargo, si la compra se hubiera hecho pública en abril, no habría
coincidido con los incendios ni habría podido hablarse de ninguna campaña.
Entonces, ¿por qué tanta prisa por vender el piso apenas veinticuatro horas
después de conocerse la noticia? ¿Era realmente una campaña de desprestigio o,
sencillamente, la habían sorprendido con el carrito de los helados?
Si, como se dijo, la
compra respondía a la intención de aumentar el patrimonio de la Comunidad,
¿cómo se explica que ahora se anuncie la venta de ese piso y de otros cuatro
para ayudar a paliar las graves consecuencias sufridas por los afectados del
incendio? ¿Puede la Comunidad comprar y vender inmuebles sin rendir cuentas a
nadie, como quien compra un merengue en la pastelería de la esquina de la
Puerta del Sol?
Y, siendo así, ¿por qué,
cuando sale a la luz este asunto, se cambia de criterio de forma tan repentina?
Ahora ya no se invierte en patrimonio, sino que se reduce. Además, surge otra
cuestión: ¿por qué ahora aparecen cuatro pisos en venta y antes no se destinó
uno de ellos a oficinas durante el tiempo que duren las obras de remodelación
—ese lavado de cara al estilo Trump— que la señora quiere hacer en la Real Casa
de Correos y del que tampoco se había informado previamente?
¿Es casualidad que en
apenas veinticuatro horas se produzcan cambios tan radicales relacionados con
este ático y con todos los interrogantes aquí planteados? Pero aún hay más
coincidencias. ¿Con qué interés personal coincide que la señora y su novio, ese
“ciudadano normal”, vendan su ático después de la compra del citado piso para
oficinas por el doble de lo que él había pagado? ¿Es especulación? ¿Es un
negocio? ¿O también es casualidad?...
Y, por último, quizá la
mayor de todas las casualidades sea que una señora que hace y deshace a su
antojo con el dinero de todos los contribuyentes continúe ocupando su cargo.
(Ramón Bellotero)

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