jueves, 9 de septiembre de 2021

“Exobispo por amor”.

 

Quien fuera obispo emérito de Solsona, Xavier Novell.

La persona por la que Xavier Novell, obispo de Solsona, dio un cambio de vida radical no fue Dios sino Silvia Caballol Clemente, una mujer 14 años menor que él, divorciada y con dos hijos. Nació en Suria, en 1983, y tiene 38 años, mientras que Novell ha cumplido ya los 52. Estuvo casada con un hombre árabe, por quien se trasladó a vivir a Marruecos. Años más tarde, se divorció y mudó a Manresa, donde vive actualmente. Es licenciada con honores en Psicología Clínica en la Universidad Autónoma de Barcelona, practicó cursos en sexología, técnicas antiestrés, yoga y religión católica e islámica, se define como “una persona que anhela vivir la vida al máximo, buscadora de emociones y sensaciones nuevas”, y aparece en internet como autora de varias novelas de literatura erótica. Se ha divorciado y mudó a Manresa, donde vive actualmente. Y apunta que realizó un posgrado en Psicología de la Salud, así como cursos en sexología, técnicas antiestrés, yoga y religión católica e islámica.

¿Y el cambio de vida del obispo? ¿Qué fue de él? David Torres, en su artículo en Público “exobispo por amor”, comenta la extraña reconversión del prelado del que comenta: “He tenido la extraña sensación de que la vida estaba escribiendo otra vez una novela. En el tráfago diario de las cosas  el ir y venir de los camareros, el ajetreo de las cajeras— hay montones de novelas haciéndose y deshaciéndose ante nuestros ojos, aunque pocas cuentan con la cantidad y calidad de elementos que tiene la narrativa de este buen hombre, el obispo más joven de España, quien a veces está protagonizando una trilogía de Blasco Ibáñez y otras veces un romance de Corín Tellado…Xavier Novell era un obispo como Dios manda, intolerante, antiabortista, homófobo, y, sin embargo, tocado con el detalle inquietante de que, más allá de la jerarquía eclesiástica, estaba a favor de la independencia catalana. La simpatía por el procés delata al personaje complejo, con sus aristas y sus fallos: tal vez el catalanismo haya sido la brecha donde se fue colando todo lo demás, porque se empieza por pedir la independencia de un país y se acaba pidiendo la independencia de la carne. Un señor que considera el aborto un genocidio personal y la homosexualidad una enfermedad de la que el paciente puede curarse, de repente ve que su vocación clerical se tambalea desde el momento en que conoce a una señora que, para colmo, se dedica a la psicología: la competencia directa del confesionario. La carne es débil y la mente ni te cuento. Del alma mejor no hablamos.

“Para rizar el rizo —continúa Torres—, la señora, además de psicóloga, es novelista, autora de novelas eróticas, una de ellas de corte satánico y título francamente inverosímil: El infierno de la lujuria de Gabriel. Aquí es donde el crítico o el lector exigente tiraría el libro por la ventana, pero como la realidad no sabe nada de absurdos, redundancias o cursilerías, la novela prosigue con la renuncia del obispo y una frase no menos novelesca, en toda la extensión de la palabra: ‘Me he enamorado y quiero hacer bien las cosas’. Qué cosas no querrá hacer bien el exobispo después de tronar tantas veces contra el aborto desde el púlpito y de recomendarles sesiones de terapia a los homosexuales. En la diócesis ya se olían la tostada desde que el obispo empezó a mencionar la independencia de Catalunya en misa.

“Finalmente, uno se da cuenta de que la vida no estaba copiando a Corín Tellado ni al plasta de Blasco Ibáñez sino nada menos que a Leopoldo Alas, Clarín, quien propuso el conflicto entre un clérigo joven y viril y una joven insatisfecha casada con un anciano bobo. La originalidad de La Regenta respecto al gran modelo de Madame Bovary y a las demás obras maestras sobre el adulterio europeas  —Ana Karenina, Effie Briest, El primo Basilio— es que la protagonista no sólo cuenta con una fantasía masculina a su altura, un hombre hecho y derecho, inteligente y atractivo, sino que además el hombre hecho y derecho está aprisionado por el voto de castidad y la sotana de cura. Fermín de Pas no pudo salir del sagrario, pero más de un siglo después el ex obispo de Solsona está a punto de comprender que la religión es una enfermedad de la que uno puede curarse con la terapia adecuada”.

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