viernes, 29 de agosto de 2008

29 de octubre. (II) Tras las huellas de Heim en Ibiza.

Marcelino Bilbao, bilbaíno. Durante seis semanas recibió inyecciones de benzeno en el barracón número 11 de Mauthausen a manos de Aribert Heim, cuya fotografía se puede ver detrás del superviviente español.

Bungalow Park, lugar en el que supuestamente viviera el doctor Heim

En enero de 1981, cuando trabajaba en la revista Interviú, recibí una llamada desde Ibiza de dos periodistas: uno, de la revista “Stern”, según me indicó, y el otro, del periódico inglés “The Observer”, que andaban a la zaga de Aribert Heim, supuestamente escondido en la isla. Conocido como el Doctor Muerte por sus crueles experimentos médicos en campos de concentración, Heim era en esos momentos el nazi vivo más laboriosamente buscado en nuestro país. Me pedían que fuera con ellos a la isla para elaborar un reportaje sobre el tema e, inmediatamente, fui mandado a la isla y me pusieron al corriente de las últimas noticias y rumores.

Unos doscientos alemanes que habían luchado en el IIIer Reich, algunos de ellos reclamados o buscados por el Gobierno alemán, habían desembarcado en Ibiza y en el Formentera, instalándose en el término de San Carlos o Santa Eulalia. Con la llegada del turismo masivo, muchos de ellos habían emigrado a otros lugares menos de moda, por miedo a ser descubiertos. Otros prefirieron quedarse, viviendo camuflados entre campesinos, pescadores o hippies que andaban de vuelta. En este marco, un matrimonio alemán había reconocido a Heim bañándose en una playa casi desierta. Estaba haciendo pesca submarina en compañía de otros alemanes. Con esta simple pista y una fotografía hecha hacía veinte años, nos pusimos en marcha.

Nuestras primeras investigaciones fueron positivas. A cuantos pescadores y campesinos mostrábamos la foto del doctor nazi, nos respondían afirmativamente. Habían visto a ese hombre que respondía por el nombre de Gausmann. Algunos le habían visto no lejos de donde vivía otro compatriota, el doctor Dieter Wass, famoso psicoterapeuta que recibía constantemente visitas de alemanes y tenía una clínica en Frankfurt. Wass era conocido entre los campesinos por la amistad que mantuviera con el Capitán General, Muñoz Grandes, del que era, según decían, su médico particular. Era autor de varios libros y tenía su casa repleta de obras de arte. Había dado conferencias en universidades de Madrid y Barcelona y conocía a varios especialistas españoles. El doctor Wass reconocía que, desde 1952, en que vivía en la isla, Ibiza había cambiado mucho. “Está llena de hippies y de drogados”, se lamentaba. Pero el doctor rechazaba su pasado nazi y negaba que se hubiera topado nunca con el doctor Heim.

A menos de un kilómetro de distancia de su vivienda, se encontraba el complejo Bungalow Park, una urbanización totalmente alemana, en cuya venta estaba implicado Emilio Schilinger, técnico alemán en comunicación en aviones de vigilancia nocturna. Schilinger estaba divorciado de su primera esposa, Jutta Von Seeth, amiga íntima de Ingebort Shäffer, una alemana casada con otro nazi. Ingeborg conocía perfectamente el nombre de todos los establecidos en la isla, pero no quería saber nada de ellos. Era creadora y directora de un teatro de marionetas y se dedicaba a escribir y a representar obras infantiles, alejada de toda realidad del mundo sucio y violento de los mayores. Había quien aseguraba que estaba escribiendo un libro sobre los nazis en la isla o que estaba en condiciones de hacerlo, lo que, sin duda, representaba un peligro para ellos. Fuera lo que fuera, una mañana fue encontrada con la cabeza destrozada por un candelabro y la máquina de escribir. Jamás se descubrió al asesino que había planeado fríamente su crimen, el mismo que había tomado unos huevos fritos antes o después de su ritual macabro.

La señora Schymeinda, otra alemana de 84 años, viuda de un nazi que había sido periodista en el III Reich, confesó al periodista del “Stern” que el doctor Gausmann, aviador de caza y paracaidista durante la guerra, poseía la casa número 21 de la urbanización de Bungalow Park. Y le describió con las características físicas correspondientes a Heim, incluso con la cicatriz en forma de V que decoraba la comisura derecha de sus labios. Pero el doctor Gausmann no se encontraba en ese momento en la isla sino en Alemania. La nueva pista nos llevó hasta Munich en donde nos entrevistamos con él. Se trataba de un hombre de 64 años, como Heim, con apariencia de 55 años y con su misma afición, como Heim, por el deporte. Gausmann reconoció la propiedad que tenía en Bungalow Parck pero precisó que sólo había estado en Ibiza en dos o tres ocasiones. La mayoría del tiempo la tenía alquilada a otros alemanes. Uno de ellos que, sin duda se hacia pasar por el doctor Gausmann, podría ser Heim.

Enseguida nos percatamos de que existían dos doctores con el mismo nombre: el doctor Gaumann-Gausmann, con consulta en Munich, y el doctor Gausmann-Heim, que se ocultaba bajo la personalidad del primero para despistar a sus perseguidores. En efecto, el primero solo había visitado su chalet de Ibiza en dos ocasiones, mientras que el doctor Gausmann-Heim se había alojado en él durante varias semanas, tal vez meses. Volvimos a Ibiza, en donde la señora Shymeinda se mostraba cada vez más nerviosa. Y comprobamos cómo el doctor Gausmann-Heim vivía en la casa número 21. Este, al confirmar nuestro interés por su persona, tras dar varios rodeos y echar miradas a diestra y siniestra, subió a un coche y desapareció de nuestra vista, sin dejar rastro alguno.

En una de las entrevistas con la señora Schymeinda dio a entender su temor de que le pasara algo parecido a lo ocurrido con Ingeborg, asesinada, según ella, por el mismo clan nazi, “por saber demasiado”. Así que no la molestamos más con nuestras preguntas pero el doctor Gausmann-Heim desapareció de la isla no volviendo jamás a ella.

Mañana, continuación: (Y III) El nazi amable de Alicante.

1 comentario:

Daniel H. M. dijo...

Vaya serie de entradas más interesantes. Menudo material. Investigación, un clan nazi, asesinatos, viajes..., con menos te clavan un mal best-seller. Habrá que esperar el capítulo final.